ALEJANDRO MAGNO Y DIÓGENES
LA MUERTE. Hablando con Zhao Laoshi
Desde que el maestro Zhao, ya muy mayor, había dejado de enseñar Taichi en el Lu Xun Park de Shanghai, Huang echaba de menos sus conversaciones matinales, y, siempre que podía, conociendo las costumbres de su maestro, buscaba la hora apropiada para conectarse, usando la videoconferencia. Tras los saludos habituales e interesarse por la salud del maestro, le faltaba tiempo para plantear alguna cuestión de su interés:
- Maestro, hoy quiero saber su pensar y sentir sobre “la muerte".
-Tema muy interesante y que, últimamente, tengo muy presente. Tener presente la muerte hace presente la vida y viceversa.
Es muy necesario tener consciencia de la unidad que son Vida y Muerte. El Yin-Yang presente en esta unidad no significa que la muerte sea, simplemente, lo contrario de la vida. Nos permite comprender la constante transformación de vida y muerte. La muerte no es enemiga de la vida como el invierno no es el enemigo de la primavera. Forma parte del ciclo transformador de las estaciones.
- Dice el Tao Te Ching: «Todas las cosas florecen y cada una regresa a su raíz». ¿Cómo interpretar esto?
- ¡Qué bella y consoladora expresión! Morir: regresar al origen y formar parte de la transformación del universo. Esta es la interpretación taoísta que nos invita a ver la muerte como una transformación natural dentro del proceso incesante de la vida y del universo. No se trata tanto de preguntarnos qué nos espera después de morir como de comprender qué significa vivir, morir y formar parte de una realidad que nunca permanece inmóvil, sino que está inmersa en un proceso de transformación permanente. Los seres nacen, crecen, alcanzan su plenitud, envejecen y desaparecen para dar paso a nuevas formas.
Observemos un árbol: Una semilla germina. El árbol crece, florece y da frutos. Sus hojas caen. La madera se descompone y sus componentes pasan a formar parte de otros procesos naturales.
- Pero el árbol como tal ¿termina su existencia, o no?
- El árbol como individuo desaparece, pero la materia que lo constituía continúa transformándose. Esto mismo se aplica a nuestra existencia humana. La desaparición de una forma particular no significa necesariamente la desaparición de todo aquello que participaba en ella. Todo lo que nace se desarrolla y, finalmente, retorna a su origen. Todo está relacionado con Todo.
- Quiere esto decir que nuestra conciencia individual sobrevive a nuestra muerte?
- No exactamente. Que nuestro cuerpo forme parte de las transformaciones de la naturaleza si es un hecho. Pero la conciencia individual que está unida al momento presente, que es el momento presente, parece forzoso que desaparezca con éste.
- ¿Por qué nosotros vivimos a menudo la muerte como una injusticia contra el orden de las cosas?
- Porque Vemos la muerte como lo contrario a la vida, y no es eso. La naturaleza no considera el retorno de la muerte como un fracaso. La flor no se rebela contra su desaparición, ni el verano es un error de la primavera. La vida no existe como algo estable. La muerte tampoco. Vida y muerte son dos partes de una unidad: la transformación permanente. Y ahí estamos nosotros inmersos. Hemos de aceptar este proceso. Y es muy probable que, a medida que lo aceptemos, vayamos poniendo el valor da cada cosa en su sitio y aprendamos a valorar la vida con otro prisma más real, mas de presente. Por ejemplo, con la aceptación de que nuestro tiempo es limitado, podemos aprender a distinguir entre lo verdaderamente importante y aquello a lo que dedicamos demasiadas preocupaciones.
Hemos de vencer esa incapacidad nuestra para aceptar que todo cuanto existe está sujeto a transformación. A lo largo de nuestra vida todo ha sido y es cambio y transformación. Y yo te diría con Zhuangzi: “Si hemos aceptado tantas transformaciones a lo largo de nuestra vida, ¿por qué nos resulta tan difícil aceptar la última?”
- A propósito de Zhuangzi. Recuerdo haberle oído contar el relato de cuando murió su esposa. Creo que viene a cuento. ¿Podría recordármelo?
- Si, por supuesto. Cuenta la tradición oral que, cuando murió su esposa, un amigo encontró a Zhuangzi sentado, golpeando un recipiente y cantando. Su amigo se escandalizó. ¿Cómo podía comportarse de aquella manera ante la muerte de su compañera?
Zhuangzi le explicó que, naturalmente, al principio había sentido dolor. Pero después había reflexionado sobre el proceso que había conducido a su esposa hasta la existencia. Antes de nacer, no tenía la forma humana que había llegado a tener. Su existencia había surgido de una transformación, habían seguido muchos cambios y transformaciones a lo largo de su vida y, ahora, se producía otra transformación.
Si la naturaleza había hecho posible su vida, ¿por qué no alegrarse y aceptar también su transformación final?
-Si todo es cambio, si nada es permanente, porqué nos aferramos a la vida como algo nuestro, como a una posesión que no queremos perder?
- Por un miedo irracional a perder lo que tenemos o, mejor, lo que creemos tener; miedo a la separación para siempre de nuestros seres queridos que creemos dejar desamparados; miedo a no poder llevar a cabo la realización de nuestros sueños o ilusiones; miedo a lo desconocido; y, sobre todo, miedo a caer en el vacío. El miedo a la muerte puede tener distintos motivos. Y deberíamos preguntarnos: ¿estoy permitiendo que el miedo a morir me impida vivir? No se trata de ignorar la muerte, sino de evitar que su presencia futura nos robe la vida presente.
- Y quizás debamos contar también con el sentimiento de inutilidad o de fracaso, de no haber hecho lo que queríamos hacer, de no haber completado nuestros proyectos o tener la sensación de haber perdido el tiempo, sin que la vida haya merecido la pena.
- Sí. El sentimiento de inutilidad, por no haber hecho algo importante, nos puede jugar una mala pasada.
Y, a este respecto, volvamos al símil del árbol: Una semilla se convierte en árbol. El árbol crece, ofrece sombra, produce frutos y, con el tiempo, desaparece como individuo. Su historia no ha sido inútil porque haya terminado. Ha formado parte de un proceso mayor que no comenzó con él y que tampoco termina con él.
Nosotros también nacemos en un mundo que ya existía antes de nuestra llegada. Recibimos de otras personas una lengua, unos conocimientos, unos afectos y una manera de comprender la realidad. A lo largo de nuestra vida, en permanente cambio, transformamos lo que hemos recibido y lo transmitimos, de una forma u otra, a quienes vienen después.
En la mayor parte de las ocasiones, desconocemos el alcance o transcendencia de nuestros actos. Y, al igual que nuestras faltas ocultas o inconscientes pueden envenenar el aire que otros respiran (Bernanos), nuestros actos o comportamientos positivos, los que se desprenden de nosotros de forma inconsciente, están beneficiando y alegrando la vida de otros, y puede que nunca lo sepamos.
- Sí, maestro. Y ahora llega la pregunta definitiva: Qué entiende que pasa cuando llega esa transformación final, la muerte?
- El símil del Océano y sus olas puede sernos de utilidad para entender esa transformación última o definitiva.
Cada ola del Océano tiene su identidad, tiene una forma reconocible. Podemos señalarla y distinguirla de las demás. Nace, crece, alcanza una altura y, finalmente, desaparece. Pero, ¿ qué era la ola antes de formarse? Agua. ¿Y qué queda cuando deja de ser una ola? También agua. La ola no ha existido separada del océano. Su individualidad era real como forma, pero nunca fue independiente de aquello que la hacía posible. La ola desaparece como ola, pero no desaparece el océano del que formaba parte, al que retorna.
Nuestro cuerpo y nuestra identidad individual son formas particulares dentro de una realidad mucho más amplia. Nacemos, nos desarrollamos y morimos dentro de ese proceso. Somos individuos dentro de una realidad de la que nunca hemos estado completamente separados.
Para mi, la muerte es la transformación o cambio definitivo, es el retorno.
-Mirar la muerte, desde esta perspectiva, hace que deje de ser una amenaza al final del camino.
- Aceptar nuestra mortalidad nos hace amar la vida. Nos ha de llevar a cuidar lo que amamos, a disfrutar de lo que todavía tenemos y a procurar que nuestra presencia en el mundo siga siendo beneficiosa para otros.
- Muchas gracias, maestro.
- Gracias a ti por tu compañía. Me sigues teniendo a tu disposición, en todo lo que pueda serte de utilidad, hasta que llegue mi última transformación, mi retorno al origen, a la armonía del Tao.
J L (2026)
ARMONÍA CON LA NATURALEZA. Hablando con Zhao Laoshi
-Maestro, en nuestra última conversación sobre ¿Qué nos está pasando?, acabó con un consejo o sugerencia. Me dijo: "yo te diría que
practicaras todos aquellos ejercicios que te lleven a sintonizar y a
armonizarte más con la tierra, todo lo que te lleve a una disponibilidad y
apertura serena a la mutación inevitable y transformadora". Me
gustaría seguir hablando sobre esa conveniencia o necesidad de sintonizar con
la Tierra, con el Universo.
-Me parece bien. Hoy dispongo de tiempo. Comenzaré con
una referencia al pasado. Hace miles de años, los maestros taoístas
descubrieron, mediante la meditación y la observación silenciosa, cuáles eran
las fuentes del Chi. Descubrieron que el chi del hombre se alimenta de la combinación del Chi de la Tierra, energía Ying,
y del Chi del Cielo, energía Yan.
Concluyeron que el hombre, conectado con la Tierra y el Cielo, era la unión, la
armonía, entre estas dos fuerzas opuestas que se buscan,
inevitablemente, la una a la otra, como dos mitades de una unidad inseparable.
También descubrieron que el hombre, ser energético, se alimenta de la fuerza
electromagnética de la tierra, de la vibración de la tierra, y también de la
frecuencia vibracional cósmica, de la luz y sonido de la luna, el sol y las
estrellas.
Dijo Chuang Tse:“Los
hombres de hoy son de la tierra. En los tiempos antiguos, los hombres eran del
Cielo”. Cuando
Chuang Tse decía esto no creo que estuviese refiriéndose a nuestro origen
extraterrestre. Más bien se referiría a nuestros mayores. Nuestros abuelos
estaban en contacto constante con los astros, con las nubes, con el cielo: les
iba la vida en ello. Mi abuelo sabía cuando iba a llover, con mirar al cielo.
Lo pre-sentía.
-Es decir: que nacemos sintonizados con el cosmos. Se
podría decir, en lenguaje coloquial, que lo traemos de serie.
-Si,
ciertamente es así. En eso se basa la Astrología, tanto occidental como la
oriental, toda. Somos conscientes de que somos energía, ondas en vibración, y,
por lo tanto, admitimos la influencia en nosotros de la vibración del Universo,
de los Astros, desde que empezamos a ser nosotros, desde que se formó nuestro
yo, que no es otra cosa que una determinada forma de vibrar. Somos vibración y
nos diferenciamos de los demás en la frecuencia vibracional de cada uno.
¡Cómo va a ser ajena a nosotros la vibración del Universo! Y viceversa ¡Cómo va
a ser ajena al Universo nuestra vibración!
- Nuestro problema puede ser que nos hemos
desconectado. Y la pregunta, ahora, sería: cómo resintonizar con el Universo?
-Quizás
nos venga grande. Nos es costoso asimilar su inmensidad. Distancias medidas en
millones de años luz y otras unidades de medida que no alcanzamos a
imaginar. Sintonizar con el Universo no es cuestión de aprender datos
técnicos o conocer su comportamiento, cosas que nos pueden venir muy bien, pero
que no bastan. Sintonizar con el universo es cuestión de mirar, escuchar y sentir. No como algo ajeno a nosotros, sino como
lo que somos, sintiéndonos integrados en él. El universo habla en el
silencio de una noche de estrellas. Todos tenemos el recuerdo de una noche de
verano despejada, en la montaña o junto al mar, sin ciudades ni urbanizaciones
próximas, tumbados hacia el cielo, sólo mirando, sin pensar ni juzgar, escuchando...y
sintiendo.
-Quizás tengamos que comenzar por algo que no nos venga tan grande, por algo más próximo, por resintonizarnos con la tierra, por conectar con ella. En la frase que ha citado de Chuang Tse dice que "Los hombres de hoy son de la tierra” En su tiempo, sí. Pero, en nuestro tiempo, ¡ya quisiéramos nosotros o, mejor, ya quisiera la tierra...!
-Sí. ¡Qué necesitados estamos de sintonizar con la
tierra, de sentirnos conectados a ella! Nuestra madre tierra, ese ser vivo del
que formamos parte, que somos. Ese milagro permanente de equilibrio. La fuente
directa de nuestra energía.
En Chi Kung y Tai Chi, decimos y repetimos que
obtenemos el Chi del aire que respiramos
y de los alimentos que tomamos. Es el Chi, la energía, el aliento de la
vida, que nos da la Tierra.
Vivir en sintonía con la tierra, con la naturaleza próxima, empieza por tomar consciencia de que somos parte inseparable de la tierra. No habitantes de la tierra, sino la tierra misma. No en dónde estamos, sino lo que somos. Y somos un paraíso en constante movimiento, externo e interno. Viajeros constantes, por fuera y por dentro. Impermanencia, cambio constante, inestabilidad, incertidumbre, movimiento. Lo único permanente en nosotros, lo único permanente en la tierra, es el CAMBIO.
-Viajamos, constantemente, ¿sin saber a dónde? ¿O sí
lo sabemos?
-Yo diría
que individualmente no lo sabemos. Como colectivo, puede que si. Como personas
separadas, nos trazamos metas concretas, particulares, sometidas al espacio y
al tiempo, a nuestras coordenadas, como es lógico. Como colectivo, cuando
tomamos consciencia de quiénes somos y, sobre todo, cuando nos hacemos
conscientes de nuestra inevitable interconexión, no solo entre las personas
sino con la totalidad de los elementos que nos rodean, cuando somos conscientes
de nuestro papel holístico en la tierra, en el universo, en el cosmos, entonces
atisbamos un algo, bastante borroso por supuesto, sobre la meta o el sentido de
este aparente viaje a ninguna parte.
- Maestro Zhao, ¿qué hacer para mirar, escuchar y sentir la Tierra? Algo sencillo y fácil, por
favor.
- Vale, sigamos con nuestra condición de viajeros
permanentes. Como sabes, nuestro viaje como Tierra que somos, se realiza a gran
velocidad. Sólo en nuestro movimiento de rotación sobre nosotros mismos, sobre
nuestro eje, vamos a 1.600 km/h, en el
Ecuador (1330 en Mairena del aljarafe). Esa es nuestra velocidad constante hacia
el Este. Están también nuestro movimiento de traslación en torno al sol, a 107.000 km/h, y el de nuestro sistema solar, en torno a la Galaxia, a 828.000 km/h,
mientras la propia galaxia se desplaza por el
Universo a 2.2
millones de km/h.
Pero el movimiento más perceptible para nosotros es nuestro permanente viaje hacia el Este, al encuentro del Sol, al encuentro de la Luna, al encuentro de todos los astros del Cielo. Vamos al encuentro del Chi del Cielo, de la energía proveniente del Universo, la que nos traen los astros. En astrología se da mucha importancia al signo de nuestro ascendente, el que aparece en el Este en el momento de nuestro nacimiento. Debe quedarnos claro que la energía cósmica, el Chi del Cielo, nos viene por el Este, fundamentalmente. Primer paso de sintonía con la tierra: Hay que mirar al Este, más de lo que acostumbramos.
- Ese es el motivo por que es aconsejable, siempre que
se pueda, hacer los ejercicios de Chi Kung mirando al Este. En cambio, el Tai
Chi se aconseja hacerlo mirando al Sur, ¿ por qué?
- Podría contestarte como lo hacía el maestro de Chi Kung del monasterio Shaolin del Sur, Wom Kiew
Kit, cuando le preguntaban sus alumnos occidentales el por qué y el para qué de
todo. El solía decir: "Porque
siempre ha sido así". Y dejaba un espacio de silencio, que
subrayaba con una sonrisa. Si quieres, mi querido Huang, una explicación que te
pueda resultar razonable, te diría que el Tai chi lo iniciamos y
finalizamos mirando al Sur, cierto; pero la ejecución de los movimientos se
hace en la línea Este-Oeste. Puede ser una explicación que satisfaga una mente
occidental preguntona, ¿no te parece?
Hay algo
que creo muy importante: el saber, en todo momento de nuestra vida, cuál es
nuestra situación respecto a los puntos cardinales, sea de día o de noche, y
mejor sin ayuda de brújula alguna, guiándonos sólo por los astros, y, mejor
aún, por sentirlo dentro, síntoma
indudable de que vives anclado a la Tierra, de que eres uno con la Tierra, de
que te sientes Tierra. Lo considero básico para armonizarnos con la
Tierra, con nosotros mismos.
- Y hay cosas de nuestra vida diaria, como dormir con la cabeza al norte que se suele hacer para dormir mejor, y que puede tener mayor transcendencia, ¿no es así?
- Cierto. La Tierra es como un gran imán. Las líneas de su campo magnético descienden por el interior y ascienden por el exterior. Nuestro campo magnético funciona igual. Si durante la noche, cuando dormimos, alineamos nuestro campo magnético con el de la tierra, acostándonos con nuestra cabeza orientada al norte, dormimos mejor, está comprobado. Es la consecuencia inmediata de estar físicamente sintonizados con el campo magnético de la Tierra, de estar armonizados con ella, de estar unificados.
-¿Y abrazar un árbol ?
-¡Abrazar un árbol! Sí, y hacerlo
irracionalmente, sin pensar, sin preguntarnos, ni siquiera, qué debo aprender
de él. Es cierto que podemos aprender muchas cosas de los árboles: su firmeza
combinada con su flexibilidad, para resistir a los fuertes vientos, su sistema
de subir el agua hasta las más altas hojas, por capilaridad, sabiendo como
nadie hacer El Vacío. Pero quizás no sea este aprendizaje sólo el que nos
puedan proporcionar los árboles en nuestra sintonía. Para sintonizar es
necesario mirar, escuchar, sentir.
MIRAR, serenamente. Nuestros antepasados Los Celtas creían que el espíritu de los árboles se podía ver en su tronco, en su corteza, que los árboles les traían mensajes.
ESCUCHAR, con los oídos del silencio, el susurro de sus hojas al viento.
SENTIR su energía siempre
positiva en nuestro cuerpo.
Hay personas que, al vibrar en ondas o frecuencias contrarias a las nuestras,
nos distorsionan. Nunca ocurrirá así con un árbol. Y cada árbol tiene una
energía diferente, como nosotros, una frecuencia vibracional distinta, su personalidad podríamos decir. Por
ejemplo: no es lo mismo la fuerza energética que nos da una encina o un alcornoque, la revitalización que podemos notar cuando nos
abrazamos a ellos, que la paz y la serenidad que nos dará un viejo olivo.
- Por hoy, ya tengo bastante. Gracias, maestro. Dejaré
pendiente para otra ocasión el pedirle que me hable de cómo conectar con el
cielo, cómo resintonizar y armonizarnos con el sol, con la luna, con las
estrellas...
JL (2014)
R
ESCUCHAR
NO SER NADIE
La verdad suprema en la que no somos nadie y en la que no tenemos nada es en realidad un estado de nuestra conciencia incondicionado. Es nuestro fundamento básico, la mente primordial, el estado de la realidad en el que no nos convertimos en nadie y permanecemos tal como somos, es decir, una conciencia inmortal.
LA IMPERMANENCIA. Hablando con Zhao Laoshi
A Huang le brindó el Universo la oportunidad de visitar Japón en pleno Sakura (floración de los cerezos), con motivo del viaje de un grupo de españoles, compañeros y practicantes asiduos de zazén
DISFRUTAR LO QUE TENEMOS, HOY, AHORA.
La felicidad no está en LLEGAR, sino en el VIAJE. Estamos viajando en un tren y pensando siempre en llegar a una estación, mientras nos perdemos el viaje, los paisajes, los encuentros con gente interesante, los amaneceres, los atardeceres..., |
EL SAMURAI Y EL PESCADOR
CUIDAR A UN ENFERMO DE ALZHEIMER
EL ETERNO PRESENTE
...El Zen siempre se ha llamado a sí mismo "el camino del despertar instantáneo". No se trata de que satori llegue rápida e inesperadamente, de improviso, pues la mera velocidad no tiene nada que ver con esto. La razón es que Zen nos libera del tiempo.
¿CÓMO SE MEDITA?
VE Y ABRE LA PUERTA
MAS SOBRE EL LIMON
EL TIGRE Y LA RANA
LA VEJEZ
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EL MIEDO A LA MUERTE
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Estoy de pie, en la orilla del mar.
Un barco, a mi lado,
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LA CONCIENCIA UNIVERSAL en "El último secreto" de Dan Brown
Conviene hacer una distinción importante: Dan Brown no expone estas ideas como hechos científicos demostrados, sino como hipótesis y líneas de investigación que sirven de base a la trama de El último secreto (The Secret of Secrets). Como en otras novelas suyas, mezcla conocimientos históricos y científicos reales con elementos de ficción.
LA MEDITACIÓN: No trate de hacer nada
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MIRAR EL PRESENTE A LA CARA
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"CHI KUNG" frente al CANCER
MUDRA DEL CORAZÓN
EL PRINCIPIO DE SUPERPOSICION
CÓMO TENER MUCHO MÁS TIEMPO
LA BELLEZA DE LA IMPERFECCIÓN




























