Desearíais ajustar vuestro comportamiento y hasta regir el curso de vuestro espíritu, de acuerdo con las horas y las estaciones.
Sin embargo, lo que en vosotros escapa al tiempo es consciente de que la vida también escapa al tiempo.
Y sabed que el ayer es sólo un recuerdo y el mañana, el sueño de hoy.
Y que aquello que canta y medita en vosotros mora aún en los límites de aquel primer momento en que las estrellas fueron sembradas en el espacio.
¿Quién de entre vosotros no siente que su poder de amar es ilimitado?
Y, a pesar de ello, ¿quien no siente ese mismo amor, aunque sin límites, rodeado en el centro de su ser y no yendo sino de un pensamiento de amor a otro pensamiento de amor, ni de un acto de amor a otro acto de amor?
¿Y no es el tiempo, como es el amor, indivisible e insondable?
Pero si en vuestro pensamiento debéis medir el tiempo en estaciones, que cada estación envuelva a todas las otras estaciones.
Y que el hoy abrace al pasado con nostalgia y al futuro con ansia y cariño.

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