Sí, esta vez sí. Nos asomamos a Simone de Beauvoir y nos encontramos con su obra "La Vejez", en la que este tema está tratado, ampliamente, desde la biología, la psicología, la historia, la sociedad, el trabajo, la jubilación, la sexualidad, la pobreza, la soledad....
Un breve resumen de sus ideas al respecto:
No nos sentimos viejos: descubrimos que lo somos a través de los otros.
Beauvoir observa que la Vejez nos llega, en cierto sentido, "desde fuera": por la mirada de los otros, por cómo nos trata la sociedad y por la comparación con quienes son más jóvenes.
La vejez no se descubre únicamente en el espejo. Podemos seguir sintiéndonos interiormente como la persona que hemos sido durante décadas. Sin embargo, llega un momento en que los demás empiezan a tratarnos como "viejos".
Y aparece una contradicción: «Yo sigo siendo yo; ¿por qué los demás me ven como alguien diferente?»
La vejez no es solamente un fenómeno biológico es, sobre todo, un fenómeno social
Una sociedad puede convertir el envejecimiento en una especie de exclusión: cuando una persona deja de ser considerada productiva, pierde parte de su lugar social. Beauvoir critica, muy duramente, a una civilización que valora a las personas fundamentalmente por su utilidad económica.
No es lo mismo tener una edad que sentir esa edad
Ante una foto nuestra pensamos: «Ese anciano soy yo...?»
La imagen tarda más en ser aceptada por la conciencia que por los ojos. La conciencia de uno mismo no envejece al mismo ritmo. Por eso existe una especie de desfase entre: el cuerpo que tengo y la persona que siento que soy.
Beauvoir no recomienda negar el envejecimiento. Al contrario: considera necesario asumirlo. Pero aceptar el cuerpo envejecido no significa aceptar que toda nuestra identidad quede reducida a ese cuerpo.
La jubilación
Beauvoir hace una observación que sigue teniendo plena actualidad.
El trabajo no solo proporciona dinero. También proporciona: estructura + identidad + relaciones + objetivos + reconocimiento.
Cuando desaparece de repente, no siempre aparece la libertad que imaginábamos. Puede aparecer el vacío. Por eso la jubilación puede ser maravillosa para quien tiene intereses y proyectos propios, pero devastadora para quien había construido toda su identidad alrededor de su profesión.
La pregunta entonces es: ¿Quién soy cuando dejo de hacer aquello que durante décadas decía quién era?
Seguir teniendo proyectos
Aquí llegamos probablemente al núcleo de todo el pensamiento de Beauvoir sobre la vejez. Ella no propone una lista de actividades para mantenerse ocupado. Eso sería demasiado superficial.
Habla de algo mucho más profundo: seguir proyectándose hacia el futuro.
Un proyecto significa que existe algo que todavía no somos, pero queremos llegar a ser o realizar.
Puede ser algo enorme:
escribir un libro;
investigar;
viajar;
cuidar un jardín;
educar;
crear.
Pero también puede ser algo aparentemente pequeño:
aprender algo nuevo;
leer a un autor;
cultivar una amistad;
ayudar a alguien;
estudiar una cuestión que nos apasiona.
Lo importante no es el tamaño del proyecto. Es que nos proyecte hacia delante.
La muerte
Beauvoir no intenta tranquilizarnos diciendo que la muerte no importa. Importa. Y mucho.
Y propone: la conciencia de la muerte puede ayudarnos a comprender mejor el valor de la vida.
El tiempo limitado no significa que el tiempo carezca de valor. Al contrario: precisamente porque es limitado, cada momento cuenta.























