Desde que el maestro Zhao, ya muy mayor, había dejado de enseñar Taichi en el Lu Xun Park de Shanghai, Huang echaba de menos sus conversaciones matinales, y, siempre que podía, conociendo las costumbres de su maestro, buscaba la hora apropiada para conectarse, usando la videoconferencia. Tras los saludos habituales e interesarse por la salud del maestro, le faltaba tiempo para plantear alguna cuestión de su interés:
- Maestro, hoy quiero saber su pensar y sentir sobre “la muerte".
-Tema muy interesante y que, últimamente, tengo muy presente. Tener presente la muerte hace presente la vida y viceversa.
Es muy necesario tener consciencia de la unidad que son Vida y Muerte. El Yin-Yang presente en esta unidad no significa que la muerte sea, simplemente, lo contrario de la vida. Nos permite comprender la constante transformación de vida y muerte. La muerte no es enemiga de la vida como el invierno no es el enemigo de la primavera. Forma parte del ciclo transformador de las estaciones.
- Dice el Tao Te Ching: «Todas las cosas florecen y cada una regresa a su raíz». ¿Cómo interpretar esto?
- ¡Qué bella y consoladora expresión! Morir: regresar al origen y formar parte de la transformación del universo. Esta es la interpretación taoísta que nos invita a ver la muerte como una transformación natural dentro del proceso incesante de la vida y del universo. No se trata tanto de preguntarnos qué nos espera después de morir como de comprender qué significa vivir, morir y formar parte de una realidad que nunca permanece inmóvil, sino que está inmersa en un proceso de transformación permanente. Los seres nacen, crecen, alcanzan su plenitud, envejecen y desaparecen para dar paso a nuevas formas.
Observemos un árbol: Una semilla germina. El árbol crece, florece y da frutos. Sus hojas caen. La madera se descompone y sus componentes pasan a formar parte de otros procesos naturales.
- Pero el árbol como tal ¿termina su existencia, o no?
- El árbol como individuo desaparece, pero la materia que lo constituía continúa transformándose. Esto mismo se aplica a nuestra existencia humana. La desaparición de una forma particular no significa necesariamente la desaparición de todo aquello que participaba en ella. Todo lo que nace se desarrolla y, finalmente, retorna a su origen. Todo está relacionado con Todo.
- Quiere esto decir que nuestra conciencia individual sobrevive a nuestra muerte?
- No exactamente. Que nuestro cuerpo forme parte de las transformaciones de la naturaleza si es un hecho. Pero la conciencia individual que está unida al momento presente, que es el momento presente, parece forzoso que desaparezca con éste.
- ¿Por qué nosotros vivimos a menudo la muerte como una injusticia contra el orden de las cosas?
- Porque Vemos la muerte como lo contrario a la vida, y no es eso. La naturaleza no considera el retorno de la muerte como un fracaso. La flor no se rebela contra su desaparición, ni el verano es un error de la primavera. La vida no existe como algo estable. La muerte tampoco. Vida y muerte son dos partes de una unidad: la transformación permanente. Y ahí estamos nosotros inmersos. Hemos de aceptar este proceso. Y es muy probable que, a medida que lo aceptemos, vayamos poniendo el valor da cada cosa en su sitio y aprendamos a valorar la vida con otro prisma más real, mas de presente. Por ejemplo, con la aceptación de que nuestro tiempo es limitado, podemos aprender a distinguir entre lo verdaderamente importante y aquello a lo que dedicamos demasiadas preocupaciones.
Hemos de vencer esa incapacidad nuestra para aceptar que todo cuanto existe está sujeto a transformación. A lo largo de nuestra vida todo ha sido y es cambio y transformación. Y yo te diría con Zhuangzi: “Si hemos aceptado tantas transformaciones a lo largo de nuestra vida, ¿por qué nos resulta tan difícil aceptar la última?”
- A propósito de Zhuangzi. Recuerdo haberle oído contar el relato de cuando murió su esposa. Creo que viene a cuento. ¿Podría recordármelo?
- Si, por supuesto. Cuenta la tradición oral que, cuando murió su esposa, un amigo encontró a Zhuangzi sentado, golpeando un recipiente y cantando. Su amigo se escandalizó. ¿Cómo podía comportarse de aquella manera ante la muerte de su compañera?
Zhuangzi le explicó que, naturalmente, al principio había sentido dolor. Pero después había reflexionado sobre el proceso que había conducido a su esposa hasta la existencia. Antes de nacer, no tenía la forma humana que había llegado a tener. Su existencia había surgido de una transformación, habían seguido muchos cambios y transformaciones a lo largo de su vida y, ahora, se producía otra transformación.
Si la naturaleza había hecho posible su vida, ¿por qué no alegrarse y aceptar también su transformación final?
-Si todo es cambio, si nada es permanente, porqué nos aferramos a la vida como algo nuestro, como a una posesión que no queremos perder?
- Por un miedo irracional a perder lo que tenemos o, mejor, lo que creemos tener; miedo a la separación para siempre de nuestros seres queridos que creemos dejar desamparados; miedo a no poder llevar a cabo la realización de nuestros sueños o ilusiones; miedo a lo desconocido; y, sobre todo, miedo a caer en el vacío. El miedo a la muerte puede tener distintos motivos. Y deberíamos preguntarnos: ¿estoy permitiendo que el miedo a morir me impida vivir? No se trata de ignorar la muerte, sino de evitar que su presencia futura nos robe la vida presente.
- Y quizás debamos contar también con el sentimiento de inutilidad o de fracaso, de no haber hecho lo que queríamos hacer, de no haber completado nuestros proyectos o tener la sensación de haber perdido el tiempo, sin que la vida haya merecido la pena.
- Sí. El sentimiento de inutilidad, por no haber hecho algo importante, nos puede jugar una mala pasada.
Y, a este respecto, volvamos al símil del árbol: Una semilla se convierte en árbol. El árbol crece, ofrece sombra, produce frutos y, con el tiempo, desaparece como individuo. Su historia no ha sido inútil porque haya terminado. Ha formado parte de un proceso mayor que no comenzó con él y que tampoco termina con él.
Nosotros también nacemos en un mundo que ya existía antes de nuestra llegada. Recibimos de otras personas una lengua, unos conocimientos, unos afectos y una manera de comprender la realidad. A lo largo de nuestra vida, en permanente cambio, transformamos lo que hemos recibido y lo transmitimos, de una forma u otra, a quienes vienen después.
En la mayor parte de las ocasiones, desconocemos el alcance o transcendencia de nuestros actos. Y, al igual que nuestras faltas ocultas o inconscientes pueden envenenar el aire que otros respiran (Bernanos), nuestros actos o comportamientos positivos, los que se desprenden de nosotros de forma inconsciente, están beneficiando y alegrando la vida de otros, y puede que nunca lo sepamos.
- Sí, maestro. Y ahora llega la pregunta definitiva: Qué entiende que pasa cuando llega esa transformación final, la muerte?
- El símil del Océano y sus olas puede sernos de utilidad para entender esa transformación última o definitiva.
Cada ola del Océano tiene su identidad, tiene una forma reconocible. Podemos señalarla y distinguirla de las demás. Nace, crece, alcanza una altura y, finalmente, desaparece. Pero, ¿ qué era la ola antes de formarse? Agua. ¿Y qué queda cuando deja de ser una ola? También agua. La ola no ha existido separada del océano. Su individualidad era real como forma, pero nunca fue independiente de aquello que la hacía posible. La ola desaparece como ola, pero no desaparece el océano del que formaba parte, al que retorna.
Nuestro cuerpo y nuestra identidad individual son formas particulares dentro de una realidad mucho más amplia. Nacemos, nos desarrollamos y morimos dentro de ese proceso. Somos individuos dentro de una realidad de la que nunca hemos estado completamente separados.
Para mi, la muerte es la transformación o cambio definitivo, es el retorno.
-Mirar la muerte, desde esta perspectiva, hace que deje de ser una amenaza al final del camino.
- Aceptar nuestra mortalidad nos hace amar la vida. Nos ha de llevar a cuidar lo que amamos, a disfrutar de lo que todavía tenemos y a procurar que nuestra presencia en el mundo siga siendo beneficiosa para otros.
- Muchas gracias, maestro.
- Gracias a ti por tu compañía. Me sigues teniendo a tu disposición, en todo lo que pueda serte de utilidad, hasta que llegue mi última transformación, mi retorno al origen.
J L (2026)
































