CREA UN ESPACIO DE QUIETUD EN TI

Thich Nhat Hanh



La mayor parte del tiempo nuestra cabeza está tan llena de pensamientos que no tenemos espacio para escucharnos a nosotros mismos ni a ninguna otra persona. Tal vez hayamos aprendido de nuestros padres o en el colegio que debemos recordar un montón de cosas y memorizar muchas palabras, ideas y conceptos, y creemos que esa montaña de información mental nos será útil en la vida. Pero cuando intentamos mantener una conversación genuina con alguien nos cuesta oír y entender a esa persona. El silencio nos permite escucharla profundamente y responderle siendo conscientes de nuestras propias reacciones, las claves para una comunicación plena y sincera.
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Cuando le respondemos en el acto a alguien, normalmente lo hacemos con la misma cantilena de siempre o llevados por nuestras emociones. Al oír su pregunta o su comentario no nos tomamos el tiempo para escuchar a esa persona con profundidad y observar a fondo lo que ha compartido con nosotros; simplemente le devolvemos la pelota soltándole lo primero que se nos pasa por la cabeza. Y eso no ayuda en nada. próxima vez que alguien te haga una pregunta no le respondas automáticamente. Recibe la pregunta o el comentario y deja que penetre en ti, y así verá que le has escuchado de verdad. Todos, pero en especial las personas que trabajan ayudando a los demás, se pueden beneficiar al aprender esta habilidad. Debes practicarla hasta llegar a adquirirla. Pero ante todo, no olvides que si no te escuchas profundamente a ti, no podrás escuchar profundamente a los demás.
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Si deseamos gozar de alegría, libertad y calma, debemos cultivar la dimensión espiritual de nuestra vida. Practicar para restablecer esta clase de espaciosidad. Solo cuando hayamos abierto ese espacio en nuestro interior, podremos ayudar realmente a los demás. Si sales a dar un paseo o te subes al autobús —vayas donde vayas— te será muy fácil advertir si alguien siente esa espaciosidad en su interior. Tal vez hayas conocido a una persona así, o ni siquiera la conoces bien, pero te sientes cómodo a su lado porque se encuentra tranquila y relajada. No está abstraída en sus propios asuntos.

Esta es la virtud de la no acción. Dejas de pensar, llevas la mente de vuelta al cuerpo y te mantienes realmente presente. La no acción es muy importante. No es lo mismo que la pasividad o la inercia, sino que es un estado de apertura dinámico y creativo. Solo tienes que sentarte, con una gran atención, con una gran calma, y cuando alguien se siente cerca de ti se sentirá muy a gusto al instante. Aunque no hayas «hecho» nada para ayudarle, recibirá mucho de ti.

Si abres el espacio que hay en ti descubrirás que la gente, incluso alguien que tal vez te ha estado evitando (tu hija adolescente, tu pareja con la que te has peleado, tus padres), se te acercará y deseará estar a tu lado. No tienes que hacer nada, ni intentar enseñarle ninguna cosa o ni siquiera decir una sola palabra. Si haces la práctica de crear espacio y quietud dentro de ti, los demás se sentirán atraídos por tu espaciosidad. Las personas de tu alrededor se sentirán a gusto a tu lado por la cualidad de tu presencia.

Fragmento del libro Silencio (Thich Nhat Hanh)