La ética, afirma la filosofía moderna, es autónoma. Uno no hace el bien para conseguir otra cosa, por ejemplo, un lugar en el cielo o una mejor reencarnación, sino porque el bien es, en sí mismo, suficiente recompensa. De modo similar, el dolor puede ser o no una purificación que, como sostienen algunos sistemas religiosos, nos conducirá a una felicidad mayor, sino que simplemente es dolor. Debemos aceptarlo como tal, sin el adorno de una vaga esperanza, de una fantasía metafísica. La muerte puede que suponga o no el final de todo y, sin embargo, debemos asumirla tal como es, es decir, como una absoluta incógnita.
Todas
las grandes tradiciones sanadoras de la humanidad han recurrido a
diferentes formas de ayuno. Sin embargo, esta medida terapéutica fue
despreciada por la medicina académica moderna como una superstición.
Solo los médicos naturistas no dejaron de considerarlo eficaz a lo largo
del duro siglo XX. Pero algunos científicos de vanguardia están
empezando a reconsiderar su utilidad.

















































