LA LUZ NATURAL Y LA SALUD


La luz del sol hizo posible la vida en la Tierra, y proporciona vitalidad y salud a cada uno de los habitantes del planeta. De hecho, los seres vivos somos, literalmente, antorchas luminosas, aunque los humanos no seamos capaces de apreciar a simple vista nuestra propia luz. Todo lo orgánico centellea ligeramente, en una longitud de onda entre los 160 y los 800 nanómetros. Cada célula viva emite luz con una intensidad mil veces por debajo de la sensibilidad de la vista, pero puede ser fotografiada y medida.
Aún se desconoce prácticamente todo sobre el significado y las funciones de esta luz, denominada biofotónica. Quizá guarde relación con la fuerza vital de la que hablaron los pioneros del naturismo o las energías a que se refieren las medicinas orientales. Fritz-Albert Popp, uno de los descubridores de la luz biofotónica, está convencido de que sí. Según él, esta emisión sería el sistema de comunicación básico entre las células de un organismo. Sería una de las claves de la vida.
El mensaje de los biofotones
La hipótesis explicaría cómo es posible que haya orden en las 100.000 reacciones químicas que se producen por segundo en cada célula del cuerpo, cómo es posible que cada una sepa lo que tiene que hacer. En consecuencia, la pérdida de coherencia en el campo energético lumínico podría ser la causa de muchas enfermedades, en especial de aquellas que aún no se comprenden ni tienen un tratamiento eficaz.
Estudios realizados en Rusia, China y Alemania sugieren que el cuerpo está recorrido por autopistas de información a base de luz que se corresponden con los meridianos descritos por la medicina tradicional china. Pero, ¿cómo puede la luz servir para comunicaciones tan complejas? Según Popp, es posible porque la biofotónica es una luz coherente, como el láser, es decir, su ritmo de emisión es constante.
Este tipo de luz ordenada –en comparación a la difusa de una bombilla o del sol– es capaz de transmitir información, como bien saben los técnicos en telecomunicaciones. En el laboratorio, Popp ha observado que las células que pueden verse entre sí emiten luz con un ritmo sincronizado. En cambio, si se las separa mediante barreras opacas, cada una va por su lado.
Todavía no ha sido posible descodificar la información contenida en la luz biofotónica, aunque se pueden comprobar sus efectos. El biofísico Xun Shen, de la Academia China de la Ciencia, colocó células sanguíneas de cerdo en dos contenedores de cristal cercanos. En uno introdujo sustancias que causaron una reacción de rechazo en las células y, curiosamente, se produjo la misma respuesta en las células que estaban en el vaso de al lado. Cuando Shen colocó una lámina entre los dos vasos, el fenómeno no se produjo.
Otras investigaciones realizadas en Estados Unidos han demostrado que las células necesitan y buscan la luz: se dirigen hacia ella para recibir, al parecer, la información que transporta.
Sin embargo, para los científicos que no hayan profundizado en el tema, los biofotones no son más que residuos de la actividad metabólica celular. Contra este prejuicio luchan más de 40 grupos de investigadores de los biofotones en universidades y centros avanzados de todo el mundo, donde se han descubierto fenómenos como que los organismos enfermos emiten patrones de luz distintos a los sanos. Son irregulares, con puntos altos y bajos. Por ejemplo, la luz emitida por las personas enfermas de cáncer tiene una asimetría peculiar.
Todo indica que la salud no depende sólo de intercambios químicos, aunque esta sea, todavía, la creencia de la medicina convencional. La luz desempeña seguramente un papel fundamental. Los hallazgos hacen posible concebir tratamientos que actúen sobre las emisiones de luz en el ámbito celular. Por ejemplo, se podría ordenar a las células cancerígenas que no se multiplicaran y que volvieran a desempeñar su función fisiológica. Por ahora, los tratamientos que utilizan la luz están lejos de alcanzar este nivel, pero existen terapias sencillas que han demostrado su eficacia.
Terapia infrarroja
Los flashes de luz infrarroja –en la frecuencia de los 600 a los 1.000 nanómetros– aceleran la curación de heridas, favorecen el desarrollo muscular y alivian las molestias. Los científicos no saben todavía cómo se producen todos estos efectos beneficiosos, pero los tratamientos se aplican con éxito en centros experimentales patrocinados por la NASA y el Pentágono. El Warp 10, por ejemplo, es un sencillo dispositivo que ha sido creado en los laboratorios militares, y que ya puede utilizarse en casa para tratar los dolores musculoesqueléticos causados por la artrosis o la tendinitis. Los modelos pioneros fueron diseñados para objetivos tan diversos como estimular el crecimiento de las plantas o reforzar la musculatura de los astronautas. Otros aparatos han sido desarrollados para tratar la neuropatía diabética (un trastorno que puede llevar a la amputación de extremidades), o las úlceras en la mucosa oral y la garganta.
La terapia fotodinámica, por su parte, combina la acción de la luz roja brillante, un agente químico y el oxígeno para destruir selectivamente las células enfermas. Se emplea para tratar la degeneración macular, el acné severo, la psoriaris y algunos tipos de cáncer.
El sol, en el origen
Más allá de los hallazgos que realiza la ciencia sobre las propiedades de la luz, el ser humano sabe, instintivamente, que la radiación solar, la fuente esencial de luz, es básicamente beneficiosa.
Se puede sentir cómo los rayos del sol elevan el nivel de energía y mejoran el estado de ánimo, después de un viaje de 150 millones de kilómetros y de atravesar la atmósfera, que retiene la mayor parte de la radiación ultravioleta. No son apreciaciones sin importancia. El cuerpo humano es el feliz resultado de la convivencia de la vida con la luz del sol a lo largo de decenas de miles de años. Nos hallamos sumergidos en un mar de radiaciones luminosas, fuera del cual no podríamos sobrevivir.
Sin embargo, en la actualidad, el 90% de la población mundial pasa la mayor parte del día en espacios interiores iluminados artificialmente. Con el desarrollo de la economía global –jornadas interminables, sin descanso semanal en muchos casos– y de la sociedad de la información, la proporción de personas que pasan la vida frente a parpadeantes pantallas de ordenador no deja de crecer. Buena parte de la población no va a obtener la dosis de luz natural que necesita para satisfacer las necesidades del organismo, sobre todo si no se incrementa la conciencia del problema. Algunos expertos comienzan a criticar la oscuridad biológica de los entornos artificiales en que vivimos.
Cabe preguntarse cuáles son las consecuencias de este alejamiento de la principal fuente de vitalidad. “Las personas que pasan la mayor parte de su vida bajo luces artificiales pueden estar dañando su salud seriamente”, afirma Richard Wurtman, investigador del prestigioso Massachusetts Institute of Technology (Estados Unidos).
Hay varias maneras en que la luz actúa sobre el cuerpo. La más conocida es la síntesis en la piel de vitamina D, esencial para los huesos, los dientes, la vista, el corazón y el sistema nervioso. Además, la exposición a la luz solar aumenta la producción de interferón, una sustancia que reduce la presión arterial y el colesterol, y favorece la formación de las células inmunitarias necesarias para la eliminación de virus y bacterias.
Artículo completo en Integral

CÓMO ARREGLAR EL MUNDO

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día, su hijo de siete años invadió su santuario, decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que se fuese a jugar a otro lado.


Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle, con el objetivo de distraer su atención.


De repente, se encontró con una revista en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y, junto con un rollo de cinta, se lo entregó a su hijo, diciendo: “Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie”.


Entonces calculó que al pequeño le llevaría diez días componer el mapa… Pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba, calmadamente:


- Papá, papá, ya lo hice todo, conseguí terminarlo.


Al principio, el padre no creyó al niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes.


Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anota¬ciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.


Para su sorpresa, el mapa estaba completo, todos los pedazos habían sido colocados en sus lugares debidos.


¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?...


Con asombro, le preguntó a su hijo:


- Hijo, si tú no sabías cómo era el mundo… ¿Cómo lo has hecho?


- Papá -respondió el niño-, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que le dí la vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado el mundo.

 

LAS TRES COLUMNAS

Nuestro mundo es sostenido por tres columnas: tiempo, espacio y causa y efecto. Pero ¿de dónde provienen el tiempo y el espacio? Y ¿quién hace la causa y el efecto? El tiempo, el espacio, la causa y el efecto están creados por el pensamiento. Nuestro pensamiento lo hace todo. De modo que las tres columnas que sostienen el mundo están creadas por nuestra mente.



Pero si nuestra mente desaparece, entonces el pensamiento desaparece. Si el pensamiento desaparece, el tiempo, el espacio y la causa y el efecto desaparecen: entonces el mundo del vacío aparece. Vacío... completamente vacío. Otro nombre para el "mundo del vacío" es Substancia. Esta es la Substancia de todo el universo: la substancia del ser humano, la substancia del perro, la substancia de todas las cosas.

Los diez mil dharmas vuelven al Uno. Este Uno ¿de dónde proviene? Durante las entrevistas todo el mundo golpea el suelo: ¡BOOM! Todo se vuelve un punto: sin nombre, ni forma, ni espacio, ni causa, ni efecto, ni tiempo... nada en absoluto. El nombre para esto es el Absoluto. Si abres tu boca para hablar sobre el Absoluto entonces ya has cometido un error. Sólo acción.

Si mantienes este punto durante mucho tiempo, entonces ves claramente, oyes claramente, hueles claramente, saboreas claramente, tocas claramente, piensas claramente y actúas claramente. Lo cual significa que el cielo es azul; los árboles son verdes; el perro está ladrando: ¡guau, guau!; el azucar es dulce. Entonces cuando ves, cuando oyes, cuando hueles, todo, tal y como es, es la verdad. La verdad está más allá del tiempo y del espacio, de la causa y del efecto. No hay opuestos. Esto es el Absoluto. Si alcanzas esto alcanzas la Verdad.



Nuestra práctica
Maestro Zen Seung Sahn

COMPRENDER EL EGO

El ego es el ego. Es zazen... como en la frase de Sócrates:"Conócete a ti mismo". Siempre digo que hay que comprender el ego, pero... realmente no hay ego, no hay sustancia en el ego. ¿Dónde podemos situar esta sustancia? ¿En la nariz, en el cerebro, en el ombligo, en la cabeza? Es difícil. ¿En el espíritu? ¿Qué es el espíritu? Esta pregunta es un problema, el mayor problema de la psicología, de la filosofía y de la religión. He explicado que no tenemos numen. 
El ego cambia de un instante al otro. Hoy no es el mismo que ayer... Nuestro cuerpo cambia, nuestras células también. Cuando se toma un baño, por ejemplo, todas las células muertas de la piel se van por el desagüe. Nuestro cerebro y nuestro espíritu cambian. No son los mismos desde la infancia hasta la madurez. 
¿Dónde existe el ego? Es uno con el cosmos. No es solamente el cuerpo o el espíritu. Nuestro ego es Dios, Buda, la fuerza cósmica fundamental. Encontrar la verdadera eternidad no es egoísta, es la auténtica verdad, el verdadero numen. Esta es la verdadera religión que debemos crear. Nuestra vida está ligada al poder cósmico, está en interdependencia con todas las existencias. No podemos vivir solos. Dependemos de la naturaleza, del aire, del agua. Por eso no debemos ser egoístas... este es el gran satori. Es inútil ser egoísta, ya que cada uno de nosotros vive en interdependencia con todo el mundo y con todas las cosas. No es necesario guardar para sí mismo. Esto es muy importante. 
Montaigne escribió en sus Ensayos: "Todo el mundo mira hacia fuera, yo quiero mirar hacia el interior". Tenemos que volver la mirada hacia el interior. La mayoría de las gentes sólo miran hacia el exterior. Más que nunca, en la civilización moderna debemos mirar dentro de nosotros mismos. La mirada objetiva es fácil, la mirada subjetiva no lo es tanto... 
Taisen Deshimaru 

DOÑA HONRADEZ y DON DINERO. ¿Cuento?


Ocurrió, en una ocasión, que se encontraron, frente a frente, Doña Honradez y Don Dinero. Tenían que pasar un río y sólo existía un puente estrecho de madera, sin protección lateral alguna, en el que no era posible el cruce de dos personas, sin riesgo de caer al agua.

Doña Honradez iba vestida  a la antigua usanza, por ser un valor de toda la vida. Eso sí, muy elegante, resaltando su belleza natural con vestido de amplia falda larga, corsé y enaguas almidonadas que ensanchaban su figura, dificultando, aún más, el cruce con Don Dinero, en aquel angosto puente. Además, iba tocada con amplia pamela y sofisticada sombrilla para protegerse del inclemente sol.

Don Dinero, grueso por naturaleza y ostentoso en el vestir, lucía un impecable traje de alpaca gris, con chaleco, pajarita, pañuelo  azul asomado al bolsillo superior izquierdo de la americana y flor silvestre en el ojal. Calzaba brillantes zapatos negros abotinados. En su mano, un estiloso  bastón de madera de ébano, rematado en una cabeza de lobo, de marfil .

Ambos se detuvieron en el centro del puente. Doña honradez, con dignidad displicente y autoritaria, hizo un gesto con su abanico, indicándole a Don Dinero que se quitase de en medio. Este permaneció en su sitio, impertérrito, dirigiéndole una mirada fija y fría.
Doña Honradez se sonrojó, indignada. Desde su condición de señora, apeló a la dignidad del caballero, exigiéndole que retrocediera al comienzo del puente, dejándole el paso franco. Don Dinero no se inmutó, permaneció en el mismo sitio, con la misma mirada, fija y fría.
Muy alterada y nerviosa, ante semejante desfachatez, le dijo a Don Dinero que, si pretendía pasar, tendría que ser pisoteando su cuerpo,  lo que equivalía al dicho pasando sobre su cadáver. Dicho esto, se acostó sobre el reducido puente de madera, recogiendo el amplio y pomposo vestido en torno a su cuerpo, con modestia y compostura,  y colocando la pamela sobre su pecho para cubrir su generoso escote.
Don Dinero sonrió, sarcásticamente. Le dijo que no la iba a pisar, que él siempre miraba, minuciosamente, dónde ponía los pies, para no dar pasos en falso. Acto seguido, avanzó el brillante zapato y puso un pie a la altura del extremo bajo del corsé de Doña Honradez. Seguidamente, ayudándose de su bastón de cabeza de lobo, de marfil, de un solo impulso, tiró a Doña Honradez al río, y prosiguió su camino, impasible y cínicamente, sin tan siquiera volver la vista para interesarse por la suerte de su víctima.


Se cuenta que Don Dinero fue deshaciéndose, progresivamente, de todos y cada uno de los principios morales con los que se iba enfrentando. También se habla de que, cada día, fueron más sus incondicionales seguidores y adoradores. Y cuenta la leyenda que Don Dinero crecía y engordaba, sin límite aparente, hasta que, un día,  explotó aparatosamente, debido a un escape de gas yo-yo (o algo así) que entró en contacto -no se sabe cómo- consigo mismo.
J L 

APRECIAR LA BELLEZA

Un violinista en el metro


Era una mañana fría, helada, del  mes de enero.

Había un músico callejero en la entrada del metro “L'Enfant Plaza”, en la ciudad de Washington. Comenzó a tocar su violín, y así, estuvo interpretando su música durante cerca de una hora. Para empezar, J. S. Bach, luego el Ave María de F. Schubert, música de M. Ponce, de J. Massenet y, de nuevo, Bach.

Eran casi las 8 de la mañana: Hora punta. Pasaban cientos de personas, casi todos camino a sus trabajos.

A los 3 minutos, un hombre de avanzada edad reparó en el músico. Aminoró su paso, se paró por unos segundos, y emprendió de nuevo el paso.

Un minuto más tarde, el músico recibió su primer dólar: sin parar, una mujer lanzó un billete hacia la caja del violín.

Unos minutos después, un individuo se paró unos instantes a escuchar, pero al mirar su reloj empezó de nuevo rápidamente a andar… se le estaba haciendo tarde.

El que prestó mayor atención fue un pequeño, de unos 3 años. Su madre lo cogió y tiró de él, pero el pequeño seguía escuchando al violinista. Finalmente, su madre lo cogió fuertemente y siguieron andando. El pequeño, ya puesto en marcha, seguía mirando al músico con la cabeza vuelta hacia él.

Durante esa hora que el músico tocó, tan solo hubo 7 personas que pararon para escucharlo brevemente.

En su conjunto, logró reunir ¡32 dólares! Nadie reparó cuando el músico dejó de tocar. Nadie lo aplaudió. Entre las 1000 personas que pasaron por delante de él, nadie lo reconoció.

Nadie pensó que Joshua Bell era el violinista, uno de los mejores músicos del mundo. En esos pasillos del metro tocó una de las más difíciles partituras que jamás se hayan escrito, y todo ello con un Stradivarius de 1713, valorado en ¡3 millones y medio de dólares!

Dos días antes de este acontecimiento, ya no quedaban entradas a la venta para su concierto, en el Teatro de Boston. Las entradas costaban ¡casi 100 dólares!

Esta actuación de incógnito en la estación de metro de Joshua Bell, fue organizada por el Washington Post para investigar la percepción, el gusto y las prioridades de la gente.

Éstas eran las preguntas:

• ¿Podemos en un ambiente cotidiano, a una hora inusual, apreciar belleza?

• ¿Nos pararíamos para apreciarla?


• ¿Podemos reconocer talento en un contexto inusual?


Así que, visto el resultado, ¿a qué conclusiones podríamos llegar después del experimento?

Si no nos tomamos tiempo para pararnos y escuchar cuando uno de los mejores músicos del mundo está tocando una de las más bellas partituras, ¿cuántas otras cosas extraordinarias nos estamos perdiendo, al no saber apreciarlas?
 

INTERSER


“Si eres un poeta podrás ver sin dificultad la nube que flota en esta página. Sin nubes no hay lluvia, sin lluvia los arboles no crecen y sin árboles no se puede fabricar papel. Las nubes son imprescindibles para fabricar papel. Si no hubiera una nube tampoco habría una página, de modo que podemos afirmar que la nube y el papel intersonInterser es un término que todavía no está en el diccionario. Si combinamos el prefijo inter y el verbo ser obtendremos este neologismo: interser.


 Contemplemos de nuevo la página con más intensidad y podremos ver la luz del sol en ella. Sin luz los bosques no crecen. En realidad, sin la luz solar no crece nada, así que podemos afirmar que ella también está en esta página. La página y la luz solar interson. Si seguimos mirándola podemos ver al leñador que taló el árbol y lo llevó a la factoría para que lo transformaran en papel. Y veremos el trigo, y por lo tanto el trigo que más tarde será su pan, el pan del leñador, también está en la cuartilla. A su vez están el padre y la madre del leñador. Mirémosla bien y comprenderemos que sin todas esas cosas la página no existiría.

Si contemplamos aún con mayor profundidad podemos vernos a nosotros mismos en esta página. No resulta un proceso muy difícil porque mientras la miramos forma parte de nuestra percepción. Vuestra mente y la mía están ahí. No falta nada, están el tiempo, el espacio, la tierra, la lluvia, los minerales y el suelo, la luz solar, las nubes, los ríos, el calor. Todo coexiste en esta página. Por eso considero que la palabra interser debería estar en el diccionario. 

Ser es interser. Sencillamente, es imposible que seamos de forma aislada si no intersomosDebemos interser con el resto de las cosas. Esta página es porque, a su vez, todas las demás cosas son”. Thich Nhat Hanh

MIRADA AL FUTURO


" Desde atrás del muro del Presente oí los himnos de la humanidad. Oí el sonido de las campanas que anunciaban el comienzo de la plegaria en el templo de la Belleza. Campanas moldeadas con el metal de la emoción y suspendidas sobre el altar sagrado, el corazón humano. 


Desde atrás del Futuro vi multitudes que cumplían con su culto en el seno de la Naturaleza, sus rostros vueltos hacia el Oiente, esperando la inundación de la luz de la mañana, la mañana de la Verdad. 

Vi la ciudad en ruinas y que nada quedaba para hablar al hombre de la derrota de la Ignorancia y del tiempo de la Luz. 

Vi a los ancianos sentados a la sombra de los cipreses y de los sauces, rodeados por jóvenes que oían sus narraciones de otros tiempos. 

Vi a los jóvenes rasgueando sus guitarras y tocando sus caramillos, y a las doncellas bailando bajo los jazmines, con las trenzas al viento. 

Vi a los hombres cosechando trigo y a sus esposas reuniendo las gavillas y cantando alegres canciones. 

Vi a una mujer que se adornaba con una corona de lilas. 

Vi que la amistad entre el hombre y todas las criaturas se estrechaba, y familias de pájaros y mariposas, confiadas y seguras, que volaban hacia los arroyos. 

Vi que no había pobreza, tampoco encontré exceso. Vi que la fraternidad y la igualdad reinaban entre los hombres. 

Vi que no había médicos, porque cada uno tenía los medios y el conocimiento para curarse a sí mismo. 

Encontré que no había sacerdotes, porque la conciencia había llegado a ser el Supremo Sacerdote. Tampoco vi abogados, porque la Naturaleza había tomado el lugar de los tribunales y regían tratados de amistad y unión. 

Vi que el hombre sabía que él es la piedra fundamental de la creación y que se ha elevado por encima de la pequeñez y la bajeza, y ha arrancado el velo de la confusión de los ojos del alma. Esa alma ahora lee lo que las nubes escriben en el cielo y lo que la brisa dibuja sobre la superficie del agua; ahora entiende el significado del perfume de las flores y las modulaciones del ruiseñor. 

Desde atrás del muro del Presente, sobre la plataforma de las edades venideras, vi a la Belleza como una novia y al Espiritu como un novio; la Vida era la noche ceremonial del Kedre (*)."
Khalil Gibrán


( * Kedre: Noche de la cuaresma musulmana en la que se espera que Dios conceda nuestros deseos)

El Poder infinito de la Intención



Nuestras intenciones son una manifestación del Universo total porque nosotros somos parte de él; además, contienen en sí mismas los elementos necesarios para su cumplimiento. Todo lo que necesitamos realmente es claridad en nuestra intención. Si podemos quitar al ego del camino, las intenciones se cumplirán por sí mismas. Nuestras intenciones atraen los elementos y fuerzas, los sucesos, las situaciones, las circunstancias y las relaciones necesarias para alcanzar su resultado. 

De hecho, no tenemos que participar en los detalles; esforzarse demasiado puede resultar contraproducente. La inteligencia no circunscrita sincroniza los actos del Universo para cumplir tus intenciones por ti. La intención es una fuerza natural como la gravedad, pero más poderosa. Nadie tiene que concentrarse en la gravedad para que ésta actúe. Nadie puede decir: «No creo en la fuerza de gravedad» porque es algo que actúa en el mundo, la entendamos o no. La intención funciona de la misma manera. 

A manera de ejemplo, piensa en alguna ocasión en la que hayas querido recordar alguna cosa relativamente banal, el nombre de una persona o el título de un libro. Lo tenías en la punta de la lengua, pero no podías recordarlo. Una vez que haces memoria echas a andar una intención, pero mientras más te esfuerzas, más inasequible parece la información. Sin embargo, si logras quitar a tu ego del camino y abandonas el procedimiento de rememoración, tu intención pasa al ámbito virtual y a su poder infinito de organización. Aun cuando tú hayas pasado a otros pensamientos, el ámbito virtual sigue buscando la información sin tu participación consciente. Más tarde, cuando estás a punto de dormir o viendo una película, el nombre que con tanto esfuerzo tratabas de recordar simplemente salta a tu conciencia. Este ejemplo ordinario ilustra la manera en que funciona la intención. Todo lo que tenemos que hacer es generar la intención y dejar que el Universo se haga cargo. 

La única preparación o participación que se requiere para liberar el poder de la intención es la conexión con el campo de inteligencia consciente. Ésta puede lograrse de muchas maneras, pero una de las mejores es la meditación. Cuando una persona alcanza cierto nivel de conciencia, cualquier cosa que intente empieza a ocurrir. Hay personas que están tan vinculadas con el campo de inteligencia consciente que cada una de sus intenciones se manifiesta. El Universo entero se organiza alrededor de ellas. Lo anterior no quiere decir que todas sus intenciones personales se cumplan; más bien que las personas que están conectadas con el campo de inteligencia consciente adoptan las intenciones del Universo. Sus intenciones se cumplen, porque la mente cósmica está utilizando esas intenciones para satisfacer sus propios deseos. 

Debemos buscar oportunidades para hacer uso de las intenciones, porque la sociedad no las ofrece. Si eres como la mayoría de las personas, no tendrás muchas oportunidades de ir a un retiro en la montaña para concentrarte en el desarrollo de tu espíritu. Lo más seguro es que tengas un momento libre cuando estés atorado en el tráfico o cuando esperes una importante llamada telefónica en tu oficina. Éstas son oportunidades para practicar la conciencia atemporal y la intención espiritual. 

Una intención no es un simple capricho. Requiere atención y también desapego. Una vez que has generado la intención conscientemente, debes ser capaz de desvincularte del resultado y dejar que el Universo se ocupe de los detalles de su cumplimiento. De otra manera, el ego se interpone y enturbia el proceso. Si tu intención no se cumple tan rápido como quisieras, te sentirás frustrado; tu sentido de autosuficiencia puede sentirse amenazado o quizá empieces a experimentar lástima por ti mismo. En la naturaleza, la intención elabora su propio cumplimiento. Lo único que puede interferir es que esté dominada por los deseos de tu propio ego y por intereses totalmente egoístas. 

Por supuesto, la mejor manera de lograr que cada una de tus intenciones se cumplan consiste en ajustarías a la intención cósmica, en crear una armonía entre lo que tú quieres y lo que el Universo quiere para ti. Una vez que surja esta congruencia comprobarás que la sincronicidad empezará a desempeñar un papel importante en tu vida. La mejor manera de crear esa armonía es fomentar una sencilla actitud de gratitud. Reconoce tu gratitud por todo lo que hay en tu vida. Da gracias por tu lugar en el cosmos y por la oportunidad que tienes de promover el destino que compartimos todos. 

Parte de crear armonía, implica abandonar cualquier tipo de aflicciones; éstas provienen del ego. Los animales no tienen problemas con rencores ni aflicciones; sólo los humanos cargamos la intención con toda clase de bagajes emocionales. Debes dejar atrás todo eso para poder crear una intención pura.

(Deepak Chopra  en el libro "Sincro Destino")


BASES DE LA MEDICINA CHINA


La teoría del yin yang y la de los cinco elementos pertenecen a la vida, filosofía y razonamiento chino. A partir de ahí la medicina acopla estas teorías como un método de clasificación clínica que permiten determinar el diagnóstico y el tratamiento. Estas teorías permiten notar cambios muy sutiles que se producen en el organismo, así como identificar mecanismos importantes de desarmonía.

La enfermedad no es definida por síntomas ni por el nombre de ésta como por ejemplo “la infección VIH.” En cambio, un practicante de medicina china hablará sobre los desequilibrios de energía. El idioma puede parecer muy extraño como “la deficiencia del yin” o “la subida de calor del hígado.”

Las palabras chinas yin y yang se refieren a energías complementarias que deben estar en equilibrio y Qi (pronunciado como “chi”) puede traducirse más o menos como energía vital o fuerza de vida.

La medicina tradicional china no se basa en bioquímica ni en patología como la occidental, sino en el balance entre el yin y el yang; los cinco elementos (madera, fuego, tierra, metal y agua); los seis factores patógenos (frío, viento, sequedad, calor, humedad y fuego) y las siete emociones (alegría, cólera, ansiedad, obsesión, tristeza, horror y miedo).

“El sistema ying yang son las dos fuerzas opuestas complementarias. Todos los procesos en el universo, en el cuerpo y en las enfermedades corresponden a la relación de esas dos energías que tienen que estar en equilibrio”, cuenta el doctor Calderón.

La teoría de los cinco elementos, por su parte, se basa en observaciones del medio ambiente. “Para los chinos nuestro sistema de órganos y vísceras están relacionados con la naturaleza. Por ejemplo, al hígado le asignan la simbología de la madera, al corazón el fuego, al bazo la tierra, a los pulmones el metal y a los riñones el agua. De esta forma, los cambios que ocurren en la naturaleza también suceden en el cuerpo y tienen una relación lógica de trabajo. Somos un microcosmos, un sistema de biodiversidad y, de acuerdo a eso, puedes ir explicando todas las enfermedades”, afirma el médico.

En definitiva, el núcleo de la medicina china es una teoría orgánica, según la cual la actividad del organismo está relacionada con los cambios del medio ambiente y, a la vez, con los cinco órganos, las seis vísceras, los órganos de los sentidos, las estructuras corporales (los huesos, los tendones, los músculos, los vasos y la piel), con los siete sentimientos y con otros sistemas interrelacionados fisiológica y patológicamente.

Entonces, según la teoría, cualquier exceso o deficiencia puede causar enfermedad, así como el desequilibrio de alimentos, bebidas, trabajo o ejercicio. Además, la buena salud requiere de la energía vital o Qi para fluir de manera uniforme por el cuerpo a lo largo de los 12 canales o meridianos principales. Con toda esa información un médico chino podría diagnosticar “yin deficiente en el estómago”, en vez de una úlcera péptica.

En definitiva, la medicina tradicional china se basa en la unicidad del interior con el exterior.

Para que más o menos pueda dimensionar el extenso campo de acción y estudio de la medicina tradicional china le mencionaremos algunos de los aspectos fundamentales que estudia: la actividad espiritual en relación a las cuatro estaciones, la interrelación mutua entre la energía vital y la energía de la naturaleza, la producción de la energía de los cinco órganos y su control mutuo, los puntos más importantes de la pulsología y sus manifestaciones normales en el hombre sano, los cambios de la energía de los cinco órganos según el tiempo, la distribución de los 12 canales en la piel, el sitio de conexión de la energía de los canales, entre muchísimos otros temas más.

Fuente: Odisea Chi

LA LUNA

   "... ¿Sabes, CARMEN? A veces no me atrevo a mirar arriba en esas noches luminosas en las que La Luna preside el firmamento. Imagínate tú, por un instante, que los habitantes de esta parte del planeta en donde, en ese momento, fuera de noche -incluidos las plantas y los animales, que también perciben formas y colores y proyectan igualmente su grado de consciencia- decidiesen unánimemente, una noche, no mirar al cielo. Nuestro satélite dejaría de recibir la proyección e influencia de todas las consciencias que le dan esa identidad que La Luna es: dejaría, de repente, de ser un cuerpo celestepuesto que aquello que no se mira, no queda registrado en el cerebro ni en la consciencia de nadie; y como por encanto -según sostienen las leyes de la física más avanzada, que concuerda con los postulados de muchos Místicos de la antigüedad- La Luna dejaría de estar.
     
     También dejaría de ser "un satélite" -que eso no es más que un concepto humano en el que nadie, en ese momento, estaría pensando.
     Tampoco se llamaría Luna -ni Lunita Lunera- que sólo son nombres que alguien se inventó en nuestro idioma español.

      Ni se llamaría de otras miles de formas diferentes; tantas, como lenguas y dialectos existen en el mundo, ya que nadie en ese momento la estaría nombrando.
        ¿Qué quedaría de nuestra aparente y hermosa Lunita cuando ningún ser vivo proyectara sobre ella su consciencia creando el concepto, poniéndole un nombre o enviando un pensamiento? ¿Sólo un color y una forma sin nombres? No, no habría ojos que enviasen ni diesen esa forma ni ese color. ¿Seguiría, entonces, estando allá arriba -calladita, plateada, brillante y redonda- cuando nadie la mira, como ya se cuestionan los sabios? ¿Sería, acaso, tan sólo energía, invisible energía en espera de que alguna consciencia sobre la biosfera, se dignase mirarla?
    ...Y entonces yo, ajena a lo que pasa y completamente despistada, voy y dirijo mi mirada al cielo.
     Y en ese preciso instante, La Luna Lunera volvería a estar, a tener forma, color e identidad; a ser aquello que yo le estuviese proyectando con mi consciencia y mi mirada en ese momento. 
      
     Pero, ¿tú te imaginas que yo supiera que era el único ser vivo que la estuviera contemplando? ¡Qué responsabilidad tan enorme! ...Pues ahora yo tendría en mis manos, o mejor dicho, en mi mente y mi cerebro, la potestad y la ocasión de mirar a esa energía con ojos y mentalidad nuevos... Y me inventaría otra cosa, o ¿acaso crees tú que yo iba a respetar esos viejos patrones de formas y conceptos, pudiéndolos recrear de nuevo? Patrones de formas y conceptos que deben andar registrados por los entresijos de mi cerebro, y que no son más que Ilusión, o Maya, como ya advirtieron por Oriente hace miles de años. No, CARMEN, ante esa única oportunidad de oro que tal vez sólo se les ofreciera a los habitantes del Olimpo, yo te juro que haría una travesura muy grande aunque sólo durase un instante:
   Antes de dirigir mi vista arriba, yo vaciaría mi mente de todo su contenido para que no hubiese nada registrado en mi cerebro. Luego miraría al cielo sin esperar encontrar nada, pues no habría recuerdo de nada, y -lo mismo que un recién nacido- lo ignoraría todo.
    Y cuando yo sintiese que de allá arriba comenzaban a llegarme ciertos efluvios que me hacen guiños y me son extraños, yo miraría en la dirección de donde esas radiaciones partieran, y sería en ese instante, cuando mi consciencia afectaría a su consciencia.
    Entonces habría llegado ese momento sagrado, de crear nuevas formas, nuevos colores, nuevos nombres, nuevos conceptos. Haría de ESO, lo que yo quisiera, y podría escribir ahora, una historia nueva, muy diferente a...

    Pero, ¡qué tonta! ¡Olvidé que esas cosas fantásticas sólo son posibles en los Universos Paralelosen ÉSOS, en donde simultáneamente se están realizandotodas nuestras infinitas posibilidades de ser y todos nuestros más secretos e imposibles deseos!
      Olvidé -menos mal, Lunita- que heredo desde hace no sé cuántos millones de años, un cerebro configurado por millones y millones de seres que antes también te miraron y dejaron grabado en él -gracias a eseinconsciente colectivo- esta impronta que me hace verte como realmenteeres. ...Y apenas, al intentar imaginarte con otra forma, otro color, y otro nombre diferentes, brotaría en el campo de mi consciencia, por enésima vez, todos tus arquetipos, todas tus antiguas y repetidas ediciones. Aparecerías nuevamente ante mis ojos, calladita, plateada, brillante, redonda, y tan bella como siempre fuiste y no has podido, inexorablemente, de otra manera, ser.
    ...Y sé que me emocionaría al verte; y gritaría tu nombre en las tres únicas lenguas en las que sé nombrarte. Me aprendería, luego, tu nombre en los cinco mil idiomas y dialectos con los que el hombre te nombra, te piensa, te sueña, te siente… Y con profunda reverencia pronunciaría todos esos nombres; y te daría las gracias por estar siempre allá arriba aunque a veces no te vea, y ser como eres.
    Y estaría feliz y contenta por que los humanos te hayan moldeado con su consciencia, de esa especial manera. Y pediría a los hombres -mis hermanos-, que no cometieran jamás la tontería o la locura de dejarte una sola noche de mirar... por si acaso.

    ...Aunque no (y creo con ello, haberle resuelto, sobre la marcha, una ecuación cuántica a los sabios): su teoría resultaría cierta sólo en parte, pero La Luna no podría desaparecer jamás, del firmamento, aunque ninguna consciencia -vegetal, animal o humana- la estuviese contemplando, pues olvidaron algo muy simple: precisamente un postulado muy importante que ellos defienden, y es que La Gran Consciencia que Todo lo envuelve y que interpenetra cada átomo y partícula, nunca la dejaría de contemplar. "

(Del Relato "La Luna Cuántica"  de Regla Contreras)