ACEPTACIÓN Y RENDICIÓN

Eckhart Tolle



Cuando puedas, echa una «mirada» a tu interior para ver si estás creando conflicto inconscientemente entre lo interno y lo externo, entre las circunstancias externas del momento —dónde estás, con quién y lo que estás haciendo— y tus pensamientos y sentimientos. ¿Puedes sentir lo doloroso que es oponerse internamente a lo que es?
Cuando reconoces este hecho, también te das cuenta de que ahora eres libre de renunciar a este conflicto fútil, al estado interno de guerra.

Si verbalizaras tu realidad del momento, ¿cuántas veces al día tendrías que decirte: «No quiero estar donde estoy»? ¿Cómo te sientes cuando no quieres estar donde estás: en el embotellamiento, en tu puesto de trabajo, en la sala de espera del aeropuerto con la gente que te acompaña?
Sin duda es cierto que lo mejor que se puede hacer en ciertos lugares es salir de ellos, y a veces eso es lo más apropiado. No obstante, en muchos casos, no tienes la opción de irte. En esas situaciones, el «no quiero estar aquí», además de inútil, es disfuncional. Te hace infeliz y hace infelices a los demás.

Ha sido dicho: dondequiera que llegues, allí estás. En otras palabras: estás aquí. Siempre. 
¿Es tan duro de aceptar?
¿Realmente necesitas etiquetar mentalmente cada percepción sensorial y cada experiencia? 
¿Necesitas tener esa relación reactiva de gusto o de disgusto ante la vida, que te lleva a estar continuamente en conflicto con personas y situaciones? 
¿O se trata únicamente de un hábito mental profundamente arraigado que puedes romper? Sin hacer nada en particular; simplemente, dejando que este momento sea como es.

El «no» habitual y reactivo fortalece el ego. El «sí» lo debilita. Tu identidad en la forma, el ego, no puede sobrevivir a la rendición.

«Tengo muchas cosas que hacer.» Sí, pero ¿cuál es la calidad de tu hacer? Conducir yendo al trabajo, hablar con los clientes, trabajar en el ordenador, hacer recados, atender las innumerables cosas que constituyen tu vida... 
¿Hasta qué punto eres total en lo que haces? ¿Es tu acción una rendición o una resistencia? Esto es lo que determina el éxito que consigues en la vida, no la cantidad de esfuerzo que pongas. El esfuerzo implica estrés, tensión, necesidad de alcanzar cierto punto en el futuro o de conseguir algún resultado.

¿Puedes llegar a detectar en tu interior la más leve sombra de no querer estar haciendo lo que estás haciendo? Eso es una negación de la vida, y por ello no puedes conseguir un resultado verdaderamente exitoso.

Si has sido capaz de detectar esa negación en ti ¿puedes también dejarlo y ser total en lo que haces?

«Hacer una cosa cada vez»; así es como un maestro Zen definió la esencia del Zen.
Hacer una cosa cada vez significa ser total en lo que haces, prestarle toda tu atención. Eso es acción rendida, acción poderosa.

Tu aceptación de lo que es te lleva a un nivel más profundo, donde tanto tu estado interno como tu sentido del yo no dependen ya de que la mente los juzgue «buenos» o «malos».
Cuando dices «sí» a la vida tal como es, cuando aceptas este momento como es, puedes sentir dentro de ti un espacio profundamente pacífico.

Superficialmente puedes seguir sintiéndote feliz cuando hace sol y menos feliz cuando llueve; puedes sentirte feliz si ganas un millón de euros e infeliz si pierdes todas tus posesiones. Sin embargo, la felicidad y la infelicidad ya no calan tan hondo. Son olas en la superficie de tu Ser. La paz de fondo que hay dentro de ti permanece inmutable en cualesquiera que sean las condiciones externas.
El «sí a lo que es» revela una dimensión de profundidad en ti que no depende ni de las condiciones externas ni de la condición interna de los pensamientos y emociones en constante fluctuación.

La rendición se vuelve mucho más fácil cuando te das cuenta de la naturaleza efímera de todas las experiencias, y de que el mundo no puede darte nada de valor duradero. Entonces sigues conociendo gente, sigues teniendo experiencias y participando en actividades, pero sin los deseos y miedos del ego. Es decir, ya no exiges que una situación, persona, lugar o suceso te satisfaga o te haga feliz. Dejas ser a su naturaleza pasajera e imperfecta.


Y el milagro es que, cuando dejas de exigirle lo imposible, cada situación, persona, lugar o suceso se vuelve no sólo satisfactorio, sino también más armonioso, más pacífico.

Cuando aceptas este momento completamente, cuando ya no discutes con lo que es, el pensamiento compulsivo mengua y es remplazado por una quietud alerta. Eres plenamente consciente, y sin embargo la mente no pone ninguna etiqueta a este momento. Este estado de no-resistencia interna te abre a la conciencia incondicionada, que es infinitamente mayor que la mente humana.
Entonces esta vasta inteligencia puede expresarse a través de ti y ayudarte, tanto desde dentro como desde fuera. Por eso, cuando abandonas la resistencia interna, a menudo descubres que las circunstancias cambian para mejor.

¿Estoy diciendo: «Disfruta este momento. Sé feliz»? No.
Permite que se exprese este momento tal como es. Eso es suficiente.
Rendirse es rendirse a este momento, no a una historia a través de la cual interpretas este momento y después tratas de resignarte a él.
Por ejemplo, puede que estés tullido y que ya no puedas caminar. Tu estado es lo que es.
Tal vez tu mente esté creando una historia que diga: «A esto se ha reducido mi vida. He acabado en una silla de ruedas. La vida me ha tratado con dureza, injustamente. No me merezco esto.»
¿Puedes aceptar que este momento es como es y no confundirlo con la historia que la mente ha creado a su alrededor?


La rendición llega cuando dejas de preguntar; « ¿Por qué me está pasando esto a mí?»

Incluso en las situaciones aparentemente más inaceptables y dolorosas se esconde un bien mayor, y cada desastre lleva en su seno la semilla de la gracia.
A lo largo de la historia, siempre ha habido mujeres y hombres que, cuando tuvieron que hacer frente a grandes pérdidas, enfermedades, prisión o muerte inminente, aceptaron lo aparentemente inaceptable, y así hallaron «la paz que supera toda comprensión».


La aceptación de lo inaceptable es la mayor fuente de gracia en este mundo.

Hay situaciones en las que todas las respuestas y explicaciones fracasan. La vida deja de tener sentido. O alguien que está pasando un apuro viene a pedirte ayuda, y tú no sabes qué decir ni qué hacer.
Cuando aceptas plenamente que no sabes, renuncias a esforzarte por encontrar respuestas con la mente pensante y limitada, y es entonces cuando una inteligencia mayor puede operar a través de ti. En ese instante, hasta el pensamiento puede beneficiarse, porque la inteligencia mayor puede fluir a él e inspirarlo.
A veces, rendición significa renunciar a tratar de comprender y sentirse cómodo en el desconocimiento.

¿Conoces a ese tipo de persona cuya principal función en la vida parece ser la de ser desgraciada y hacer desgraciados a los demás, la de extender la infelicidad? Perdónales, porque ellos también forman parte del despertar de la humanidad. Representan una intensificación de la pesadilla de la conciencia egótica, del estado de no-rendicíón. En su función no hay nada personal. Ellos no son eso.
Uno podría decir que rendirse es la transición interna de la resistencia a la aceptación, del «no» al «sí».
Cuando te rindes, tu sentido del yo pasa de estar identificado con una reacción o juicio mental a ser el espacio que rodea a la reacción o al juicio. Es pasar de identificarte con la forma —el pensamiento o emoción— a ser y reconocerte como aquello que no tiene forma, la conciencia espaciosa.

Lo que aceptes completamente te hará sentirte en paz, incluyendo la aceptación de que no puedes aceptar, de que te estás resistiendo.


Deja la Vida en paz. Déjala ser.

Eckhart Tolle



LA FLECHA ENVENENADA



En cierta ocasión se acercó un monje a Buda y le dijo: «¿Sobreviven a la muerte las almas de los justos?».


Como era propio de él, Buda no respondió. Pero el monje insistía. Y todos los días volvía a hacerle la misma pregunta; y un día tras otro recibía el silencio como respuesta. Hasta que no pudo soportarlo y amenazó con abandonar el monasterio si no le era respondida aquella pregunta de vital importancia para él; porque ¿a santo de qué iba él a sacrificarlo todo para vivir en el monasterio, si las almas de los justos no iban a sobrevivir a la muerte.

Entonces Buda, compadecido, rompió su silencio y le dijo: «Eres como un hombre que fue alcanzado por una flecha envenenada y al poco tiempo estaba agonizando. Sus parientes se apresuraron a llevar a un médico junto a él, pero el hombre se negó a que le extrajeran la flecha o se le aplicara cualquier otro remedio mientras no le dieran respuesta a tres importantes preguntas: Primero, el hombre que le disparó ¿era blanco o negro? Segundo, ¿era un hombre alto o bajo? Y tercero, ¿era un bracmán o un paria? Si no le respondían a estas tres preguntas, el hombre se negaba a recibir todo tipo de asistencia».


El monje se quedó en el monasterio.


Es mucho más placentero hablar del camino que recorrerlo; o discutir acerca de las propiedades de una medicina que tomarla. 

Anthony de Mello en El Canto del Pájaro

EL ARTE DE ESTAR SOLO. Para tener buenas relaciones.




La gente se apega, y cuanto más te apegas a la otra persona, más se asusta la otra persona, más ganas tiene de escapar, porque hay una gran necesidad interior de ser libres.

El deseo de libertad es mucho mayor que cualquier otro deseo, es mucho más profundo que cualquier otro deseo. De ahí que uno pueda sacrificar incluso el amor, pero no pueda sacrificar la libertad, no forma parte de la naturaleza de las cosas. De ahí que la auténtica dicha sólo pueda ocurrir en tu soledad.

La soledad es un arte, sobre todo el arte de la meditación. Estar completamente centrado en tu propio ser, sin ansiar a la otra persona; estar en tan profundo reposo contigo mismo que no necesitas nada más, eso es la soledad. Te proporciona dicha eterna.

Si primero estás arraigado en tu ser y luego te diriges a una relación, el fenómeno es completamente distinto. En este caso puedes compartir, puedes amar y también puedes disfrutar este amor. Incluso cuando es momentáneo, puedes danzar, puedes bailar, y cuando desaparece, desaparece; no miras atrás. Eres capaz de crear otro amor, de modo que no hay necesidad de apegarse.

Das gracias a tu amante, das gracias al amor que ya no está ahí, porque te enriqueció y te proporcionó algunos atisbos de la vida, te hizo más maduro.

No obstante, esto sólo será posible si estás algo arraigado en tu ser. Si el amor es todo lo que tienes, sin ninguna base meditativa, sufrirás; cada relación amorosa tarde o temprano se convertirá en una pesadilla.

Aprende el arte de estar solo, y dichosamente solo; entonces, todo será posible.

Osho

EL MONJE Y LA MARIPOSA


Un día, unos monjes budistas discutían, en medio de un camino. Como no se ponían de acuerdo, fueron hablar con un sabio lama. Al llegar al Monasterio, los dos monjes se dirigieron en busca del sabio que estaba en sus aposentos meditando.
Así que los monjes esperaron a que terminara el maestro lama de meditar. Al cabo de una hora, el maestro salió..
Los monjes, que estaban sentados, se pusieron en pie, hicieron la reverencia del saludo y le pidieron al maestro lama que mediara en su discusión y dictaminara quién tenía razón.
El maestro sonrió e invito a los monjes a tomar un te.
Después de un rato de silencio, mientras tomaba el te, el maestro preguntó cual era su discusión. 
-Bien -dijo un monje-. Primero hablaré yo y luego tu. Después, el maestro nos dirá quien tiene razón.
-De acuerdo -asintió el maestro con la cabeza-. 
El primer monje empezó hablar y dijo: 
-Esta mañana, me levanté temprano para ir al pueblo a por unas medicinas para un monge de la cocina. Me paré un rato, bajo un árbol, a descansar, me sequé el sudor de la frente y, al mirar hacia arriba, vi una mariposa enredada en una telaraña, así que decidí liberarla. Como no alcanzaba la telaraña, me subí encima de unas cántaras de agua que había debajo del árbol, con tan mala suerte que, cuando la mariposa hechó a volar, las cántaras se rompieron porque resbale al bajarme de ellas. De pronto escuché una voz recriminando mi acción, era mi compañero, el monje del agua, que estaba sentado al lado. Yo sólo he liberado una mariposa de una telaraña y pienso que no he hecho nada malo. He terminado. 
 
-Bien -dijo el maestro y se dirigío al otro monje-. Puedes hablar tu. 
 
-Pues iba yo también, muy temprano, a por agua, al pozo que está al lado del árbol. El agua del pozo esta muy profunda y, después de llenar las dos cántaras, me senté un rato a descansar, bajo el árbol, y me quedé un poco dormido. Me desperté porque mi amigo,  al liberar a la mariposa, rompió mis cántaras de agua, y me enfadé. Ahora, tendría que ir al Monasterio, coger dos cántaras y llenarlas de nuevo, ¡ con el trabajo que cuesta ! 
Yo creo que es mas importante el agua que yo llevo al Monasterio que una simple mariposa. He terminado.
 
-Bien -dijo el maestro. Y, después de un largo silencio, añadió:
No estoy de acuerdo contigo en que el agua es mas importante que una mariposa. Todo en la vida, animal, planta, hombre, piedra etc., tiene su importancia en el Universo. Tampoco estoy de acuerdo contigo, - dijo al otro monje-, pues todos tenemos un sincrodestino o ciclo de vida y tu, a liberar la mariposa, interviniste en su destino. 
Ahora bien, os contaré algo. Antes de hablar con ustedes, hablé con el maestro de cocina y me dijo que el monje del agua había regresado sin ella, pero estaba muy contento, porque alguien había tirado veneno dentro del pozo y, si hubiera traído el agua, ahora estarían todos envenenados.También me dijo que el monge al que había mandado a por las medicinas tampoco las había traído, por lo que también estaba contento, ya que el farmacéutico las había preparado con el agua del pozo envenenada y,  si las hubiese traído, ahora el monje de la cocina estaría muerto. Así que os diré que ninguno tiene razón. Pero tu, al romper las cántaras, salvaste muchas vidas, y tu, al discutir con el, impediste que comprara las medicinas para monje de la cocina, salvando su vida.
 
 Así que los dos monjes se pidieron perdón y se alegraron de todo lo que había pasado, pues ese día que parecía un mal día, al final, fue de alegrías, por el bien que, sin saberlo, habían hecho los dos, y comprendieron que nada es casual en el orden del Universo y que todo en la vida tiene un significado.
 (Alvaro Gutiérrez Castillo)
 
 

OM MANI PADME HUM



La palabra es sonido. El sonido es vibración. Vibración es energía. 



¿QUÉ SON LOS MANTRAS?

Un sonido o combinación de palabras que, por su construcción, significado y ritmo, posee la capacidad de concentrar la mente, elevándola. Man significa "mente" y Tra significa "liberar" o "proteger". 
Según la cultura védica, la función primordial de los mantras es liberar la mente y elevar la conciencia a un plano superior. 
Mantra es el conjunto de sílabas en sánscrito (lengua sagrada del hinduismo y del budismo tántrico) y se recita un número de veces determinado para conseguir un logro, que puede ser mundano (obtener algo, lograr alguna habilidad) o trascendente (el logro supremo, que en el budismo tibetano consiste en la iluminación no solamente racional, sino de la verdadera naturaleza de la mente).

EL MANTRA: "Om Mani Padme Hum"
Los poderes de las seis sílabas.

Las seis sílabas purifican los seis reinos de la existencia en el sufrimiento. Por ejemplo, la sílaba Om purifica el apego neurótico a la dicha y al orgullo, que aflige a todos los seres en el reino de los dioses.
Forma sánscrita: Om Mani Padme Hum
Forma tibetana: Om Mani Peme Hung

Contempla la joya en el loto, podría traducirse de esta forma, aún cuando los mantras no se traducen y en ese significado "la joya del loto que reside dentro" Mani Padme representa la joya del loto, la sabiduría esencial de las enseñanzas budistas, la esencia divina, mientras que Hum representa la realidad sin límites encarnada dentro de los límites del ser individual. Hum une lo individual con lo universal. 

Es un mantra que favorece el florecimiento de la compasión. 

La compasión es un sentimiento muy noble de un alto grado de vibración, es dificil llegar a generar verdadera compasión, nuestro ego intenta impedirlo. Es necesario haber llegado a un alto nivel evolutivo para poder generar verdadera compasión, amor, alegría o paz interior. Este mantra nos podría ayudar a llegar a ello. 

Este mantra invoca al buda Avalokiteshvara o Buda de la Compasión.

OM: Cierra la puerta de los renacimientos desde el mundo de los devas.
MA: Cierra la puerta de los asuras.
NI: Cierra la puerta de los humanos.
PAD: Cierra la puerta de los animales.
ME: Cierra la puerta de los espíritus hambrientos (pretas).
HUNG: Cierra la puerta del infierno.

Cada sílaba purifica de una forma:
OM: Purifica el velo del cuerpo.
MA: Purifica el velo del habla.
NI: Purifica el velo de la mente.
PAD: Purifica el velo de las emociones conflictivas.
ME: Purifica el velo del condicionamiento latente.
HUNG: Purifica el velo que cubre el conocimiento.

Cada sílaba es por sí misma un mantra:
OM: Por el cuerpo de los Budas.
MA: Por la palabra de los Budas.
NI: Por la mente de los Budas.
PAD: Por las virtudes de los Budas.
ME: Por los actos de los Budas.
HUNG: Por la suma de la gracia del cuerpo, el habla, la mente, la virtud y la actividad de los Budas.

Cada sílaba se corresponde con las seis Paramitas o Perfecciones transcendentales:
OM: Generosidad.
MA: Ética.
NI: Paciencia.
PAD: Diligencia.
ME: Concentración.
HUNG: Sabiduría.

Cada sílaba se relaciona también con los seis Budas:
OM: Ratnasambhava.
MA: Amaoghasiddi.
NI: Vajradhara.
PAD: Vairocana.
ME: Amitabha.
HUNG: Akshobya.

Cada sílaba del mantra purifica un defecto:
OM: Orgullo.
MA: Envidia Deseo de ser entretenido.
NI: Deseo pasional.
PAD: Estupidez Prejuicio.
ME: Pobreza Posesividad.
HUNG: Agresividad Odio.

Finalmente, cada sílaba está relacionada con las seis sabidurías:
OM: Sabiduría de la ecuanimidad.
MA: Sabiduría de la actividad.
NI: La sabiduría que surge de sí misma.
PAD: La sabiduría del Dharma.
ME: La sabiduría de la discriminación.
HUNG: La sabiduría semejante a un espejo.



LOS RADICALES LIBRES


Un radical libre es una molécula (orgánica o inorgánica), en general, extremadamente inestable y con gran poder reactivo que actúa alterando las membranas celulares y atacando el material genético de las células.

En nuestro cuerpo existen células que se renuevan continuamente, como las células de la piel, el intestino y el hígado, y otras sin capacidad de renovación, como las neuronas. En el transcurso de los años, los radicales libres pueden producir una alteración genética sobre las células que se dividen continuamente, contribuyendo a aumentar el riesgo de cáncer, por mutaciones genéticas, o bien disminuyen la funcionalidad de las células que no se dividen tanto, por ejemplo disminuyendo el número de mitocondrias que es característico del envejecimiento.


Las situaciones que aumentan la producción de radicales libres son:

* La contaminación ambiental.

* El tabaquismo.

* Las dietas ricas en grasas.

* Exposición excesiva a las radiaciones solares.

* La ingesta de aceites "vegetales" refinados, ya que estos contienen radicales libres al ser sometidos a altas temperaturas.

* El estrés.

Los radicales libres no son intrínsecamente perjudiciales. Nuestro cuerpo los fabrica en cantidades moderadas para luchar contra bacterias y virus. Las reacciones químicas de los radicales libres se dan constantemente en las células de nuestro cuerpo y son necesarias para la salud. Pero el proceso debe ser controlado con una adecuada protección antioxidante. Ciertas enzimas tienen la capacidad de desarmar los radicales libres sin desestabilizar su propio estado. Debido a nuestro modo de vida 'moderno', hay demasiados radicales libres presentes en el cuerpo para que nuestras defensas los controlen. De ahí la necesidad de conseguir ayuda.

Los Antioxidantes

Un antioxidante es una sustancia capaz de neutralizar la acción oxidante de los radicales libres, liberando electrones en nuestra sangre que son captados por los radicales libres convirtiéndose en moléculas estables.

La protección que debemos tener para evitar el aumento de los radicales libres en nuestro organismo (que aceleran la rapidez de envejecimiento y degeneración de las células de nuestro cuerpo) la podemos obtener mediante el consumo de antioxidantes naturales tales como:

Beta-caroteno (provitamina A), presente en la zanahoria, mango, tomates, melón, melocotón, o espinacas. 

Vitamina E (tocoferol), antioxidante que mantiene la integridad de la membrana celular, protege la destrucción de la vitamina A, previene y disuelve los coágulos sanguíneos y retarda el envejecimiento celular. Se encuentra en muchas frutas y vegetales tales como aguacate, boniato, espárragos, espinacas, tomates, brócoli, moras y zanahorias.

Vitamina C (ácido ascórbico), antioxidante natural. Necesaria para producir colágeno, importante en el crecimiento y reparación de las células de los tejidos, encías, vasos, huesos y dientes, y para la metabolización de las grasas, por lo que se le atribuye el poder de reducir el colesterol. Investigaciones han demostrado que una alimentación rica en vitamina C ofrece una protección añadida contra todo tipo de cánceres. Además de la prevención del resfriado común y el fortalecimiento de las defensas del organismo. Las fuentes alimentarias de la vitamina C son, en orden decreciente: grosellas, pimentón verde, kiwi, limón, fresas, coliflor, coles de bruselas, naranjas, tomates, nabo y melón.

Selenio. Actúa junto con la vitamina E como antioxidante. Ayuda a protegernos contra el cáncer, además de mantener en buen estado las funciones hepáticas, cardíacas y reproductoras. Es el más tóxico de los minerales incluidos en nuestra dieta. La ingestión en dosis altas se manifiesta con pérdida de cabello, alteración de uñas y dientes, náuseas, vómito y aliento a 'leche agria'. Fuentes alimentarias del selenio: carne, pescado, cereales integrales y productos lácteos. Las verduras dependerán de la tierra en la que se ha cultivado.

Los flavonoides son compuestos polifenólicos encontrados en las plantas como frutas y vegetales, que son excelentes antioxidantes. Comúnmente se encuentran también en el té (principalmente té verde) y en el vino. 
En las frutas cosechadas en su maduración se encuentran gran cantidad de flavonoides, carotenoides, licopenes, zantinas, índoles y luteínas, todos con una potente acción antioxidante.

Exiten algunos suplementos nutricionales que aportan una protección anti-oxidante extra.

En resumen, si queremos evitar el envejecimiento y las enfermedades causadas por el exceso no controlado de radicales libres en nuestro cuerpo, tenemos que llevar una vida sana, evitando el tabaco, las grasas saturadas y los ácidos grasos trans.

(Publicado por Carlos Barroso Bethencourt) 

LA ACTITUD EN LA MEDITACIÓN

Maestro Hsu Yun: Nube Vacía

¿Por qué estados debemos pasar en nuestro progreso hacia la iluminación?

Primero, debido a nuestra meditación podemos experimentar un momento de completa pureza y ligereza. Podemos incluso sentir que nuestro cuerpo está empezando a levitar, o que nuestra mente se levanta de nuestro cuerpo y que podemos mirar hacia abajo y vernos a nosotros mismos sentados debajo. Es muy difícil aprender de estas experiencias, y más difícil aún de experimentarlas. Lo que es más extraño de todo es que mucha gente las ha experimentado.

Segundo, podemos experimentar un estado de pureza libre de ego en el que somos meros espectadores de los objetos y de los eventos de nuestro entorno, sin ser afectados de ninguna manera por ellos. Los datos sensoriales no nos alcanzan. Permanecemos sin afectarnos por los eventos que nos rodean como una piedra apoyada en el agua. Siempre que alcanzamos este estado deberíamos esforzarnos en seguir vigilantes, alertas, y conscientes de la experiencia.

Tercero, podemos oír un trueno que nadie más puede oír, incluso podemos jurar que
está haciendo temblar la casa entera. O el sonido que sólo nosotros oímos puede ser
como el zumbido de una abeja o la nota de una trompeta lejana. Estas experiencias
auditorias son muy poco frecuentes para una persona normal, pero para aquellas
personas que practican Zen, son bastantes ordinarias.

Siempre que tengamos una extraña e inexplicable experiencia, una visión, quizás, deberíamos discutirla con un maestro y no con otros que puedan sacar conclusiones erróneas provenientes de la ignorancia o la malicia. Demasiado a menudo un            practicante Zen que no ha podido avanzar en su propio programa denigrará la     experiencia de otro.

¿Qué deberíamos hacer cuando no podemos meditar de ninguna manera, cuando nos sentamos y solo experimentamos inquietud? 

Deberíamos acercarnos a nosotros mismos como si fuésemos niños. Si un niño estuviera aprendiendo a tocar un instrumento musical, no le se enseñaría a la vez teoría musical, notación, las particularidades de su instrumento y composición. No, a un niño se le enseñaría gradualmente, con pequeñas sesiones de instrucción y pequeñas sesiones de práctica. Esta es la mejor forma. Un músico consumado puede fácilmente practicar ocho horas al día, pero no un principiante. Un principiante necesita alcanzar una serie continua de pequeños éxitos. De esta forma cultiva la paciencia, la confianza y el entusiasmo. Una larga serie de pequeños éxitos es mejor que una pequeña serie de fracasos. Deberíamos establecernos pequeñas metas; y no embarcarnos en largas metas hasta que hayamos dominado todas las pequeñas.

Más allá de la práctica de la meditación, está la actitud. Un principiante debe aprender a cultivar la llamada "serenidad de un moribundo". ¿Qué es esta serenidad? Es la serenidad de conocer qué es importante y qué no lo es, de aceptar y perdonar.
....

LOS TRES GUSANOS



Érase una vez tres gusanos de seda que ignoraban su futuro como mariposas. Sus nombres eran: Pesimista, Realista e Idealista. Se les acercaba la hora de su transformación y empezaron a sentir los primeros síntomas….

Su voraz apetito fue desapareciendo, su movilidad menguaba a gran velocidad y, finalmente, sintieron como el capullo les aislaba del mundo conocido, de la seguridad de lo cotidiano. En la oscuridad del misterio de su futuro, tuvieron pensamientos distintos:

Pesimista se dijo a sí mismo que estaba viviendo el final de su vida y, en lo más profundo de su sentir, se despidió de los buenos momentos.

Realista se dio ánimos diciéndose que todo aquello sería momentáneo y que, tarde o temprano, todo volvería a la normalidad.

Idealista sintió que aquello que le estaba ocurriendo podría ser la oportunidad para que se cumpliese su sueño más preciado: poder volar. Y aprovechó la oscuridad para perfeccionar sus sueños.


Cuando los tres capullos se abrieron, dejaron ver tres realidades iguales y distintas, a la vez…

Pesimista era una bellísima mariposa, pero…. estaba muerta… Había muerto de miedo.

Realista era una hermosísima mariposa, pero…. a pesar de ello, empezó a arrastrarse como cuando era gusano. Con satisfacción, dio las gracias al cielo por haber podido seguir igual.

Idealista, nada más ver la luz del día, buscó sus alas… y al verlas, su corazón rezumó alegría, emprendió el vuelo, y dio las gracias, repartiendo su dicha por todo el bosque.”

Fuente: Tu Voz Interior

MEDITAR CAMINANDO




Concéntrese en su respiración. Para reducir los efectos del estrés, que favorece una respiración leve y entrecortada, realice 3 respiraciones lentas pero profundas inhalando por la nariz y exhalando por la boca. Tómese un tiempo para concentrarse en su respiración, porque será la forma de comenzar a separarse de la rutina y de las presiones. A medida que camina y respira lenta y profundamente, irá dejando atrás sus preocupaciones.



Conéctese con su ambiente. Preste atención en el ambiente en el que se desarrolla su caminata. Para ello, tómese algunos minutos y escuche los ruidos de su alrededor. Sienta el viento, la niebla, el frío o los rayos de luz pegando sobre su cara. Mire el cielo, los árboles, los edificios, los pájaros y la gente que camina a su alrededor. Siga realizando inhalaciones profundas y comience a sentirse como parte integrante de ese ambiente en que se encuentra. Esa conexión entre su exterior y su interior servirá para relajarse.



Preste atención a su cuerpo. Sienta su cuerpo e intente ubicar cualquier lugar de tensión que pueda sentir. El cuello, los hombros, el torso, la espalda, las piernas. Intente respirar profundamente y sienta que esas áreas se sensibilizan más. Fíjese en su postura. Camine de una forma que le resulte cómoda, pero no floja. Lo ideal es que su cuerpo llegue a combinar relajación y entereza. Busque un paso firme y rítmico, pero sin "correr". No tiene prisa...está meditando.


Tómese su tiempo y viva su experiencia. No hay medida de tiempo mínimo ni máximo para esta meditación. Lo ideal sería no hacer menos de 10 a 15 minutos. A medida que está en marcha, visualice los movimientos de sus músculos, cómo se contraen y relajan, cómo siente la brisa al rozar su rostro. Deje que su mente esté tan abierta como le sea posible, manténgase atento a todo lo que experimenta, desde lo más profundo hasta el mínimo detalle y de cómo todos los factores que lo estresan comienzan a seguir de largo, como si salieran de su interior y se alejaran.

Reflexión a su regreso. Cuando vuelva a su casa, tómese unos minutos para reflexionar sobre su experiencia. Así le dará un cierre a su caminata que le permitirá lograr la transición necesaria entre los mundos que habitualmente conviven separados pero que forman parte de su ser y usted unió a través de la meditación: cuerpo y mente. 


Fuente: Isalud


¿REACCIONAMOS LIBREMENTE?

"Cuando una persona reacciona en su diario vivir, reaccionar es comer, trabajar, cuando está en el tráfico, cuando va de compras… la mayoría de las veces cuando tomamos decisiones lo hacemos con base en eventos previos y, muchas veces, en eventos que están contaminados por nuestra historia. Es decir, nos es más fácil acordarnos de lo doloroso y conflictivo que de lo actual. 

Muchas veces lo que hacemos es envolver una decisión en algo en lo que evidentemente no tiene por qué ser envuelto. Muchas veces, con nuestros hijos, por ejemplo, tomamos una decisión basados en el dolor que hemos vivido en nuestra niñez o basados simplemente en las dificultades que tenemos en el trabajo. Y la reacción que tenemos con un niño es equívoca, porque no se merece nuestro conflicto, no se merece la lucha que tenemos con nuestra historia. 

¿Esto qué quiere decir? Que la mayoría de las ocasiones, y desafortunadamente más de las que pensamos, no somos libres cuando reaccionamos, sino que estamos condicionados por nuestros propios miedos, por nuestra propia historia, por lo que creemos, conveniente o no…, y sin querer, en un círculo vicioso terrible, inundamos a quienes queremos, en muchas ocasiones, de circunstancias que no son válidas por nuestro propio miedo. 

Identificarse es convertir a todas estas reacciones como válidas usando circunstancias que no les eran propias. No es tan fácil advertir nuestros miedos y desde ahí reaccionar correctamente, no es tan fácil alejar nuestra depresión y desde ahí actuar como corresponde. Entonces, claro, la acción misma queda envuelta de aquello que no le es propio del momento. 

No sabemos vislumbrar un presente y poder vivirlo desde una fracción que sea libre. Nos identificamos porque no podemos ver nuestra reacción libre de historia personal. Tampoco sabemos vernos a nosotros mismos libres de historia. Y esa dificultad hace que la acción misma, la moral que planteamos, sea bastante paradójica. 

Si el individuo dejase de identificarse tanto con su pasado, con lo que cree que es, con sus miedos, con sus angustias, sus gustos o sus metas y aprendiera a ver un instante en la magnitud en la que sucede, si pudiese ver la sonrisa de un niño tal cual es en el momento en que nace, no hollaría su angustia personal, tendríamos un lenguaje diferente para poder educar y para poder ver las cosas. 
La identificación es el juego de ver lo que no existe y asumir que ello es algo válido." Sesha

De una entrevista para  Psicología de la Bolsa VER

DIOS O LA NADA


"En escala ascendente ahora añadimos que esta Causa no es alma ni inteligencia; no tiene imaginación, ni expresión, ni razón ni inteligencia. No es palabra por sí misma ni tampoco entendimiento. 

No podemos hablar de ella ni entenderla. 
No es número ni orden, ni magnitud ni pequeñez, ni igualdad ni semejanza, ni desemejanza. 
No es móvil ni inmóvil, ni descansa. 
No tiene potencia ni es poder. 
No es luz ni vive ni es vida. 
No es sustancia ni eternidad ni tiempo. 
No puede la inteligencia comprenderla, pues no es conocimiento ni verdad. 
No es reino, ni sabiduría, ni uno, ni unidad. 
No es divinidad, ni bondad, ni espíritu en el sentido que nosotros lo entendemos. 
No es filiación ni paternidad ni nada que nadie ni nosotros conozcamos. 
No es ninguna de las cosas que son ni de las que no son. 

Nadie la conoce tal cual es ni la Causa conoce a nadie en cuanto ser. No tiene razón, ni nombre, ni conocimiento. 
No es tinieblas ni luz, ni error ni verdad. 
Absolutamente nada se puede afirmar ni negar de ella.

Cuando negamos o afirmamos algo de cosas inferiores a la Causa suprema, nada le añadimos ni quitamos. Porque toda afirmación permanece más acá de la causa única y perfecta de todas las cosas, pues toda negación permanece más acá de la trascendencia de aquel que está simplemente despojado de todo y se sitúa más allá de todo."

"Teología Mística"  Pseudo Dionisio Aeropagita (s. V-VI d. C.)





DIENTES DE LEON


Un hombre que se sentía orgullosísimo del césped de su jardín se encontró un buen día con que en dicho césped crecía una gran cantidad de «dientes de león». Y aunque trató por todos los medios de librarse de ellos, no pudo impedir que se convirtieran en una auténtica plaga.
Al fin escribió al ministerio de Agricultura, refiriendo todos los intentos que había hecho, y concluía la carta preguntando: «¿Qué puedo hacer?». Al poco tiempo llegó la respuesta: «Le sugerimos que aprenda a amarlos».


También yo tenía un césped del que estaba muy orgulloso, y también sufrí una plaga de «dientes de león» que traté de combatir con todos los medios a mi alcance. De modo que el aprender a amarlos no fue nada fácil.
Comencé por hablarles todos los días cordial y amistosamente. Pero ellos sólo respondían con su hosco silencio. Aún les dolía la batalla que había librado contra ellos. Probablemente rece­laban de mis motivos.
Pero no tuve que aguardar mucho tiempo a que volvieran a sonreír y a recuperar su sosiego. Incluso respondían ya a lo que yo les decía. Pronto fuimos amigos.
Por supuesto que mi césped quedó arruinado, pero ¡qué delicioso se hizo mi jardín...!

Poco a poco iba quedándose ciego, a pesar de que trató de evitarlo por todos los medios. Y cuando las medicinas ya no surtían efecto, tuvo que combatir con todas sus emociones. Yo mismo necesitaba armarme de valor para decirle: «Te sugiero que aprendas a amar tu ceguera».
Fue una verdadera lucha. Al principio se resistía a trabar contacto con ella, a decirle una sola palabra. Y cuando, al fin, consiguió hablar con su ceguera, sus palabras eran de enfado y amargura. Pero siguió hablando y, poco a poco, las palabras fueron hacién­dose palabras de resignación; de tolerancia y de aceptación.... hasta que un día, para su sorpresa, se hicieron palabras de sim­patía... y de amor. Había llegado el momento en que fue capaz de rodear con su brazo a su ceguera y decirle: «Te amo». Y aquel día le vi sonreír de nuevo. Y ¡qué sonrisa tan dulce... !
Naturalmente que había perdido la vista para siempre. Pero ¡qué bello se hizo su rostro...! Mucho más bello que antes de que le sobreviniera la ceguera.

 Anhony de Mello "El canto del pájaro"

¿ERES LIBRE?


Libertad es un sentimiento que nace de nuestra forma de pensar.
Libertad fluye con lo que es.
Solo podemos ser libres cuando integramos la sombra de nuestra existencia.

El invierno del sufrimiento te llevara a la comprensión creativa de que una vida que no se basa en la sabiduría siempre estará llena de preocupaciones y problemas.

Libertad es reconocer lo desconocido dentro de nosotros, es la decisión consciente de unir la luz y la oscuridad, esto sanara los opuestos, esto es el fin de la lucha.
Cuando unimos lo bueno con lo malo, hay paz, en esta paz comprendemos que la ignorancia da paso a la sabiduría, el sufrimiento da paso a la comprensión compasiva.

Amor y conflicto, creación y destrucción, luz y sombra, lo pequeño y lo grande, todo nace de la misma fuente: EL SER.

Comprender esto, es libertad.


Kasten Ramser

EL SEXTO SENTIDO


Usa tus ojos para ver la belleza de la vida, o para ver el interior de las personas.

No los uses para criticar maliciosamente de cómo se ven o visten los demás, o para juzgar a las personas, sólo por sus apariencias.

Usa tus oídos para escuchar a tu prójimo, y poder ofrecerle una palabra de aliento, para escuchar los sonidos agradables, que te ayudan a olvidar las dificultades, y edifican tu interior.

No los uses como un arma, o para envenenar a los demás.

Usa tu olfato para percibir el olor de las flores, del perfume, del amor...

No lo impregnes, con los malos olores, como lo son el odio, el egoísmo, la traición.

Usa tu gusto para saborear el triunfo de tus metas alcanzadas, de los logros obtenidos con esfuerzo y dedicación...

No lo uses para saborear, las derrotas de otros.

Usa tu tacto para sentir y dar amor, para tocar a las personas con tus deseos positivos, con tu caridad...

No lo uses para pedir injustificadamente.

El sexto sentido, el más importante, es el que nos da la sabiduría para distinguir la diferencia entre los otros sentidos, entre el bien y el mal, entre dar o recibir, entre construir o desmoronar. 

A veces miramos sin ver, oímos sin escuchar, olemos sin percibir,
probamos sin saborear, tocamos superficialmente.

Usa tus sentidos sabiamente, no se trata de cuántos tengas, sino de cómo los utilizas.
(Autor desconocido)