Un Hombre, su caballo y su perro.

Había, una vez, un hombre, su caballo y su perro, que iban caminando por una carretera. Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que los tres habían muerto en un accidente.

Hay veces que lleva un tiempo para que los muertos se den cuenta de su nueva condición.

La caminata era muy larga, cuesta arriba. Caía un sol de justicia y los tres estaban empapados en sudor y con mucha sed. Necesitaban, desesperadamente, agua. En una curva del camino, avistaron un portón magnífico, todo de mármol, que conducía, por una escalinata de oro,  a una plaza dorada y resplandeciente en cuyo centro había una fuente de la que brotaba un gran chorro de agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que cuidaba de la entrada.
-Buenos días 
-Buenos días, caminante.
-¿Qué lugar es este, tan maravilloso? 
-Esto es el cielo -respondió el vigilante.
- ¡Qué alegría haber llegado al cielo ! Tenemos mucha sed.
-Usted puede entrar a beber todo el agua que quiera.
-Pero mi caballo y mi perro también tienen sed.
-Lo lamento mucho. Aquí no se permite la entrada de animales.

El hombre se sintió muy decepcionado. Su sed era grande, pero él no bebería, dejando a sus amigos sedientos. De manera que prosiguió su camino, buscando otra fuente donde poder refrescarse y saciar su sed los tres. 
Después de mucho caminar, con la sed y el cansancio multiplicados, llegaron a un lugar con mucha sombra al que se accedía por una vieja puerta que se encontraba semiabierta. La puerta daba a un camino de tierra, con árboles a ambos lados, lo que les proporcionaba una ansiada sobra. Recostado al pie de uno de los árboles, había un hombre, con la cabeza cubierta por un sombrero, que parecía dormir.
-Buen día -dijo el caminante.
-Buen día -respondió el hombre.
-Mi caballo, mi perro y yo  tenemos mucha sed.
-Hay una fuente en aquellas piedras -dijo el hombre indicando el lugar-. Pueden beber cuanto deseen.

El hombre, el caballo y el perro fueron hasta la fuente y saciaron su sed.
-Muchas gracias -dijo el caminante al salir.
-Vuelvan cuando quieran -respondió el hombre.
-A propósito ¿qué lugar es este?
-El Cielo -respondió el hombre.
-¿El Cielo? ¡No puede ser ! El vigilante del portón de mármol, allá abajo, donde está la fuente de oro, nos dijo que aquello era el cielo.
- No. Aquello no es el cielo. Aquello es el infierno.
El caminante quedó perplejo. Dijo:
-No deberían permitir esa falsa información. Eso debe causar grandes confusiones.
-De ninguna manera -respondió el hombre-. En verdad ellos nos hacen un gran favor. Porque allí se quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.
(De autor desconocido)


EL MARAVILLOSO MAGO DE OZ: viaje de retorno a casa



L. Frank Baum escribió EL MARAVILLOSO MAGO DE OZ con el objetivo de dar a los niños y niñas una alternativa suave a aquellos cuentos clásicos en que sucesos trágicos y moralejas contundentes gozaban de mucho protagonismo. Según Baum, los niños buscan entretenimiento y es dentro de él donde se debe depositar la moraleja y no al revés.
La historia es claramente un relato iniciático. El alma (Dorothy) realiza un viaje en el que aprende a utilizar la mente de un modo correcto (Espantapájaros), aprende a sentir correctamente con su cuerpo emocional (Leñador de hojalata), afina en el control del cuerpo físico mediante el uso correcto de la fuerza y el valor (León), y para todo ello se vale del deseo y la curiosidad (Toto, el perrito).
Esto nos lo han contado algunas enseñanzas como el Budismo o la Teosofía, también relatos mitológicos como Los Doce Trabajos de Hércules, y en la literatura clásica poemas épicos como La Odisea.
El Maravilloso Mago de Oz es un relato infantil que por su sencillez, claridad y atractivo es muy adecuado para niños y también para sus padres. Perfecto para leérselo antes de dormir, trocito a trocito.
Todo simbólico. Nada explícito.
¿Nos damos una vuelta por la Tierra de Oz?

Dorothy vive en Kansas. Todo es gris: la tierra, la hierba, el cielo… . Hace mucho que Tía Em y Tío Henry, sus padres adoptivos, perdieron el color de sus ojos, el rubor de sus mejillas. Trabajan en su granja y nunca ríen ni se emocionan. No hay maldad, tampoco chispa. Dorothy se consuela con su divertido perro, Toto, al que quiere mucho.
Hasta que un día llega un ciclón. Dorothy y Toto se refugian en su habitación y ven por la ventana cómo la casa es levantada por los aires. Están volando. Pasan horas y horas, y acaban durmiéndose. Cuando despiertan han llegado a la Tierra de Oz. Una tierra llena de colores y personajes curiosos.
Así empieza la historia. Dorothy simboliza el alma humana, que ha estado experimentando en la materia más densa y tosca durante un tiempo. Una vez esa alma tiene sus vehículos suficientemente trabajados llega el momento de que emprenda un viaje al “más allá”, a los planos sutiles, para acabar de perfeccionarlos y lograr la maestría. La Tierra de Oz son esos planos internos en los que Dorothy debe experimentar.
La casa de Dorothy aterriza en el país de los Munckins, con tal suerte que aplasta a la Malvada Bruja del Este. Los Munchkins le están tremendamente agradecidos, pues les tenía esclavizados. La Bruja Buena del Norte aparece y le cuenta a Dorothy que hay cuatro brujas: La Malvada Bruja del Este, La Malvada Bruja del Oeste, La Bruja Buena del Norte y la Bruja Buena del Sur. Dorothy le pide que la devuelva a Kansas, y la Bruja le dice que sólo el Mago de Oz puede hacerlo. Para llegar a él, debe ir a Ciudad Esmeralda siguiendo el camino de baldosas amarillas. Como recompensa, Dorothy se queda los zapatos plateados de la bruja a la que acaba de aplastar y emprende su camino.
En muchas culturas la cruz simboliza la tensión entre espíritu (vertical) y materia (horizontal). El punto central es el punto justo dónde las fuerzas están a partes iguales. Las Brujas Malvadas se sitúan en los puntos cardinales horizontales y representan la materia. Las Brujas Buenas en los verticales y representan el espíritu.
Alegóricamente, debemos trascender las fuerzas de la materia para ensalzar y vibrar en el espíritu, el alma; aunque debe ser en el centro de la cruz, lo que significa que esa vibración en el espíritu debe ser materializada, es decir, experimentada desde el plano en el que nos encontramos cuando encarnamos. Dorothy vence sin saberlo a una de esas fuerzas, por tanto goza ya de un cierto grado de preparación.
El camino amarillo representa el camino de la vida. El amarillo se relaciona con la energía de la “Armonía a Través del Conflicto”. ¿Existe mejor definición? Siguiendo ese camino llegará donde debe, pues Ciudad Esmeralda está al final de éste, aunque ella no sabe qué entresijos hallará. Los zapatos plateados son una virtud ya adquirida.
De camino Dorothy encuentra a un espantapájaros que se queja amargamente colgado de una estaca. Lo libera. El pobre se siente estúpido porque tiene la cabeza rellena de paja y no sabe pensar. Dorothy le dice a dónde va y el espantapájaros cree que si va con ella quizá Oz le de un cerebro de verdad. Los dos emprenden el camino.
El Espantapájaros es la mente de Dorothy. Está anclado a una estaca, un símil sobre el comportamiento de la mente concreta (hemisferio izquierdo). Este hemisferio acostumbra a seccionarlo todo, a esquematizar, a dividir, y a tener puntos de vista un tanto cerriles. Para desarrollarse, necesita compensar con la mente abstracta (hemisferio derecho) y estar así completo. Durante todo el viaje, el espantapájaros toma decisiones y aporta ideas brillantes sin siquiera ser consciente de ello.
Dorothy y el espantapájaros continúan su camino y se encuentran con un Leñador de hojalata que se ha oxidado y no puede moverse. Lleva ahí mucho tiempo. Después de ponerle aceite en las articulaciones, les cuenta que le rompieron el corazón y ahora ya no tiene. Después de explicarle que van a ver a Oz, se une al viaje con el propósito de pedirle algo también: un corazón de verdad.
El hombre de hojalata representa las emociones. En la vida los golpes las oxidan, las entumecen y las convierten en material innoble, como la hojalata. Ese es un matiz importante: las emociones más “simples” son de hojalata, no de un metal noble. También simbolizan la falta de flexibilidad que provoca un estado emocional contenido. En su viaje, el hombre de hojalata sintetiza lo que sucede, apoya, da calor y vigila al grupo a través de un gran y profundo sentido amoroso, cercano a la impersonalidad.
Al cabo de un rato se encuentran con un enorme león que quiere morder al pequeño perro de Dorothy, Toto. Los 3 caminantes le recriminan su actitud: ¡un animal tan feroz no debe atacar a otro tan indefenso, sino luchar por causas mayores!. El león rompe a llorar, pues se da cuenta de lo cobarde que es. Les cuenta que nació así y que no tiene valor. Así que también se une a la expedición, esperanzado de que Oz le pueda conceder esa virtud.
El valor, la acción correcta y la direccionalidad son características de nuestro cuerpo físico/instintivo. Bien dirigido es una herramienta eficaz, contundente y funcional. Sin acción, nos convertimos en no manifestadores, y la existencia se basa en hacer, equivocarse, levantarse, hacer, acertar, hacer… y gestionar luego todas esas experiencias. El miedo nos hace quedarnos quietos. Es el principal enemigo de la acción. Sin darse cuenta, el león se muestra cada vez más y más valiente durante el camino…
Dorothy, Toto y sus 3 nuevos amigos llegan por fin a Ciudad Esmeralda. En las puertas de la ciudad, a pie de muralla, un hombrecillo verde les atiende y después de escuchar sus peticiones les deja pasar. “Para entrar a Ciudad Esmeralda y no quedar cegado”, dice, “os debéis poner estas gafas”. Y coloca a cada uno unas gafas que cierra con llave en su parte trasera.
Les atienden fenomenalmente, les conducen a través de una ciudad completamente verde hasta unos aposentos lujosos y amplios, y allí les piden que esperen. Oz es muy reacio a recibir visitas, y lo tiene que pensar. Finalmente accede a recibirles uno por uno, día por día, y a todos les promete concederles su deseo previo pago: deben matar a la Bruja Malvada del Oeste. Entonces, cada uno tendrá lo que quiere.
Después de un viaje accidentado, Dorothy consigue matar a la bruja dentro de su castillo, arrojándole un cubo de agua. Los Winkies amarillos, habitantes del país, están tan contentos que arreglan las abolladuras del Leñador y regalan collares de oro y pulseras de diamantes a sus salvadores. Se encariñan tanto con el Leñador que le piden que se quede para gobernarles, pero declina el ofrecimiento porque deben volver a Ciudad Esmeralda para que Oz cumpla con su parte del trato.
En este viaje Dorothy completa su dominio de la parte material en la cruz cardinal, aunque vence a la bruja de un modo intuitivo. En la historia Dorothy sólo reacciona en cuanto la bruja le roba uno de sus zapatos plateados. Al ver amenazada una de sus virtudes, intuitivamente ataca a la bruja descubriendo su punto débil. Esa parte del libro es especialmente dura y significativa pues todos acaban bastante magullados, y porque es una prueba contundente en la que todos participan de un modo decisivo. Con el dominio de la parte material de la existencia, o como mínimo con un control ya adquirido, Dorothy puede volver a casa.
Al llegar a Ciudad Esmeralda, piden inmediatamente ver a Oz. El mago les recibe, pero esta vez se muestra esquivo. Nuestros 5 amigos, que están muy confiados, se enfrentan a él y piden su recompensa. Toto, el perrito, se asusta y choca con un biombo que hace caer. Detrás de él descubren a un viejecito calvo y lleno de arrugas que acciona mandos y luces. ¡Menuda sorpresa! ¡El Mago es un impostor! El viejo usa trucos para engañar a todos los habitantes de Ciudad Esmeralda. Es un tramposo que mediante ventriloquía, inventos mecánicos, luces y cartón se hace pasar por un terrible mago. Les cuenta que nació en Omaha, y que un día viajando en globo subió muy alto, tan alto que se durmió y al despertar llegó hasta aquí. Al aterrizar todos creyeron que era un gran mago, les ordenó que le construyeran un palacio y la ciudad y obligó a todos a ponerse gafas con cristales verdes. En realidad la ciudad no es esmeralda, son las gafas las que te hacen verla así.
Preciosa la alegoría en esta parte de la historia, que nos hace entender que el mundo tal y como lo conocemos no es más que una ilusión perpetrada por magos que, mediante trucos de tres al cuarto y la imposición de gafas de colores, nos hacen tragar con una versión parcial e interesada. Magos que son poderosos pero que no pueden hacer mucho más que trucos de ventrílocuo, luminotecnia y ilusionismo. No es verdadera magia, es algo más cercano al condicionamiento.
Nuestros amigos se entristecen porque comprenden que sus deseos no se van a cumplir: el mago no tiene poder para concederles nada. Aún así, le reclaman lo que les prometió. Oz, que en el fondo es muy bueno pero es un mago muy malo, le dice al espantapájaros: “No necesitas un cerebro, aprendes algo nuevo cada día, la experiencia es lo que aporta conocimientos. Aún así, ven mañana y veremos lo que puedo hacer”. Al Hombre de hojalata le dice: “Un corazón no sirve para nada más que para hacer sufrir a la gente, aún así, ven mañana y veremos lo que puedo hacer”. A león le dice: “Lo único que necesitas es confianza en ti mismo, el valor consiste en enfrentarse al peligro cuándo se tiene miedo y tu eso lo tienes en abundancia. Aún así, ven mañana y veremos lo que puedo hacer.” En cuanto a Dorthy y Toto: “Necesito dos o tres días para pensar en cómo devolveros a Kansas”. A cambio de satisfacerles, les pide a todos que guarden su secreto y no se quiten las gafas verdes.
El resultado del viaje es que cada uno ya ha adquirido las virtudes que desean. La dirección hacia un objetivo no ha sido tan determinante como la resolución de los sucesos que han tenido que vivir. De hecho, el verdadero objetivo era el camino y en él han aprendido lo imprescindible para obtener lo que necesitaban. Oz lo materializa en algo físico, pero la realidad es que en su interior ya existe y sólo debe hacerse realidad.
Al día siguiente Oz llena la cabeza al espantapájaros con alfileres y paja. Le dice que ese será su cerebro y que los alfileres son una prueba de su agudeza.








Al Hombre de hojalata le abre un pequeño agujero en su pecho y dentro le cuelga un corazón de seda relleno de serrín. Al andar, se balancea y le golpea. Oz afirma que sin duda son sus latidos.









Al león, le pone en un plato de oro verde una poción de valor, el león la bebe y entonces Oz le asegura que el valor ya está en su interior y que ya nunca más saldrá. Una vez ha terminado, Oz piensa para sí lo fácil que es ser un impostor: Todos le piden cosas que son imposibles pero luego, sólo con cuatro trucos, creen que son realidad y le felicitan.
En nuestras vidas siempre esperamos a que algo externo nos confirme algo interno. La mayoría de las veces depositamos en los demás aquello que es responsabilidad nuestra. No confiamos en nuestros actos, carecemos de suficiente objetividad para valorarlos. Los supuestos gurús que nos rodean nos ofrecen soluciones y banderas bajo las que vivir y con las que nos identificamos. Sin darnos cuenta, damos valor al farsante pues necesitamos de sus patrañas para creernos algo que por sí solo ya tenemos. El falso maestro nos engaña con placebos, discursos e ideologías. Entonces perdemos de vista nuestra propia capacidad de entender el mundo y ver lo que es, no lo que nos dicen que es.
Oz llama a Dorothy tres días después y le dice que ya sabe como devolverla a Kansas: Reconstruirá su globo y se marcharán los dos, así que convoca a todos los habitantes y les comunica que se va a marchar una temporada y que el espantapájaros se quedará a cargo del país, pues es el habitante más sabio en Ciudad Esmeralda después de él. El día que el globo está acabado, Oz llama a Dorothy para marcharse pero la niña no encuentra a Toto, las cuerdas del globo se rompen y Oz se marcha sin ella. Al momento, el perrito aparece.
Dorothy continúa esperando una solución externa. Pero su deseo no está por la labor porque esa no es la salida correcta, por ello Toto desaparece en dicho momento; y no puede marcharse sin él… Debe encontrar su propia salida, su propio camino de vuelta y no hay manera de volver a casa si Toto no está con ella.
Un soldado menciona que la Bruja Buena del Sur, Glinda, quizá le ayude a regresar a casa. El espantapájaros, que ahora es el gobernante de la ciudad, decide que acompañará a Dorothy y empieza a hacer los preparativos para dejar la ciudad correctamente gestionada en su ausencia. El Hombre de hojalata y el león también deciden acompañarle. Después de un viaje accidentado, en que cada uno de los 3 amigos de Dorothy pone en práctica magistralmente sus nuevas artes (el león es incluso proclamado Rey del bosque de los Animales después de matar a una araña gigante), llegan al País del Sur. Glinda, la bruja, les recibe y pregunta a cada uno que querrán hacer después de la partida de Dorothy. El espantapájaros dice que quiere seguir siendo el gobernante de Oz. El Leñador de hojalata quiere ir al país de los Winkies, ya que en ausencia de la malvada bruja le pidieron que les gobernara. Y el león desea quedarse en el bosque de los animales para gobernarles.


Glinda dice que llevará a cada uno donde desea. Sorprendentemente, se fija en Dorothy y le dice que con sus zapatos plateados podrá atravesar el desierto y llegar a Kansas. De hecho, lo hubiera podido hacer el primer día en que llegó.
“¡Pero entonces yo no tendría mi cerebro!”, dice el espantapájaros. “¡Ni yo mi corazón!”, dice el leñador. “¡NI yo sería valiente!”, dice el león. Dorothy se alegra de haber ayudado a sus amigos, y como ahora cada uno ya tiene un país que gobernar ella ya puede irse a casa. Glinda le dice a Dorothy que entrechoque sus tacones tres veces y diga a dónde quiere ir. La niña se despide de sus amigos y hace lo que le dice la bruja. Al momento, se encuentra rodando en calcetines por la hierba de las praderas de Kansas

Es en el último viaje dónde las experiencias que viven les piden el máximo de cada uno. Están mucho más capacitados. Al final, cada uno ha conseguido ser el gobernante de un país. Simboliza el ideal de que cada una de las partes de nuestra psique, mente, emociones y físico, sea suficientemente sabia como para gobernar su propio plano y estar al servicio. Dorothy, como alma, ha comandado la expedición uniéndolos a todos. En su experiencia ha conseguido dominar los tres cuerpos y usarlos de un modo correcto.
Si bien podría haber vuelto a casa el primer día, el verdadero objetivo era el viaje, conocer a sus 3 curiosos amigos, ayudarles a ser lo que querían ser, y finalmente volver. En nuestras vidas tendemos a poner en el altar unos grandes objetivos, cosas que conseguir, metas que lograr. La vida misma se encarga de “distraernos” con otras cosas, de ponernos trabas, desvíos y entresijos que entendemos como paradas en el camino. Lejos de serlo, son esas propias experiencias las que nos conducen al objetivo final, pues al llegar nos daremos cuenta que tal o cual cosa nos hizo aprender.
Este post contiene un resumen del libro. Os animo a leerlo entero, pues hay aventuras como la de los monos voladores, el prado de las amapolas o la reina de los ratones que no están aquí y que vale la pena leer. También para profundizar en el mensaje y sacar cada uno sus propias lecturas.
(Bibliografía utilizada: L. Frank Baum; El Maravilloso Mago de Oz, Alianza Editorial 1990).

El Fin del Mundo



Cuando regresaban del monasterio por el hermoso sendero ornado de rododendros fucsias, después de la charla del Maestro a los monjes, uno de éstos, con aspecto algo atormentado, se echó a los pies del Maestro y le preguntó sin atreverse a alzar su rostro "¡Maestro!, ¿cuándo llegará el fin del mundo?" El Maestro lo alzó con enorme ternura y le hizo volverse hacia los sauces que se extendían hasta el río.

- ¡Mira!" -, le dijo mansamente -. Mira a tu alrededor y contempla la infinita sucesión de vida que alberga este jardín, paradigma de nuestra existencia. Llegará el otoño y parecerá que los arces pierden su belleza, que las vides se retuercen después de habernos entregado sus frutos, que hasta los bambúes pierden hojas que se pudrirán transformadas en mantillo vivificador. Mira, hermano, mira el fin del mundo en cada día y a cada instante. Nada muere, todo se transforma. Lo que parece muerte no es más que un aspecto, un estadio, una dimensión de la vida. Mira tu piel, siente tus pulsos, no hay en ti una sola célula que haya estado en el vientre de tu madre. Todo se mueve, todo danza, todo vibra. No hay muerte como fin absoluto sino transformación perenne.

El joven monje rompió a llorar y el Maestro se lo entregó a Ting Chang, al médico amigo y taumaturgo. Cuando, al atardecer, caminaban los tres por el sendero hacia el estanque de las carpas, el Maestro preguntó al noble Ting Chang.

- ¿Qué le has recetado, sanador de enfermos?

- Que practique taichí chuang con el buen maestro Teng Siao, que habita en este monasterio. Que coma mejor y que procure dormir bien por las noches con una infusión de valeriana.

- ¡Que se divierta! En el auténtico sentido de la expresión. Que gire y se transforme. Que se deje convertir... No es fácil encontrar remedio a los problemas de la mente precisamente en un monasterio - comentó el Maestro mientras arreglaba un recoveco del estanque para facilitar el invierno a las carpas doradas.




CROMOTERAPIA




La cromoterapia se basa en la consideración de que existe una energía global de la que la materia es una manifestación más y plantea que cada color tiene su efecto compensador -yin o yang- para conseguir el equilibrio orgánico que es la salud.

Esta antigua terapia fue puesta al día y popularizada por el Dr. Kuppusuami -el llamado "médico de los Himalayas", más tarde maestro espiritual bajo el nombre de Swami Sivananda y que saltó al mundo creando numerosas escuelas, especialmente en Estados Unidos y en Francia, países donde cuenta con gran número de practicantes.

Tiene la ventaja de que -como la mayor parte de las medicinas alternativas- carece de efectos secundarios y puede ser utilizada en procesos de autocuración por cualquier persona con una preparación mínima. Pero pasa como siempre: sólo en manos de expertos puede llegar a ser una herramienta útil para devolver la salud a un organismo afectado por cualquier proceso patológico. 

LAS BASES DE LA CIENCIA

La filosofía ancestral china considera un universo constituido por distintas manifestaciones de una energía global -el Tao o Chi- que tienden a buscar un equilibrio entre sus componentes de distinto signo -el yang y el yin- que a través de una serie de leyes fijas sintetizan tanto la materia como la energía como diferentes manifestaciones del Chi. 

Una de estas leyes es la los CINCO COLORES que correlaciona los cinco colores básicos con los órganos rectores del cuerpo a través de los meridianos de energía que lo recorren, considerando a los órganos no al modo occidental como una entidad anatómica sino como una energía con relación preferencial con el órgano físico y con las funciones por él controladas.

Así, el verde corresponde al hígado, el rojo al corazón, el amarillo al bazo, el blanco al pulmón y el azul oscuro al riñón.

Estos cinco colores -y sus órganos correspondientes- tienen distintos tipos de energía. El yan  es solar, masculino, caliente y secretor mientras el yin es oscuro, femenino, frío, subterráneo y absorbente. El rojo, el amarillo y el blanco (con todos sus compuestos) son yang y el negro y el verde son yin.

Otra importante noción básica para entender la Cromoterapia es la de la absorción de los elementos externos que la antigua filosofía oriental considera como partículas susceptibles de transformarse en nuestro organismo en energía utilizable. Estas micropartículas reciben en los textos chinos los nombres de gránulos, granos o incluso sangre y pueden tener un origen terrestre -aportados por la alimentación- o celeste -por el medio ambiente y que se absorben directamente por la piel en forma de energía que no precisa transformación. 

El capítulo de las energías es también fundamental. La medicina tradicional china considera cuatro energías fundamentales cuyo desequilibrio es la causa de la enfermedad: el calor (yang), el frío (yin), la sequedad (yang) y la humedad (yin). Estas energías se neutralizan mutuamente en el individuo sano y deben ser aportadas en forma de alimentos, medicamentos, corrección energética como la de la acupuntura y, por supuesto, colores, que pueden ser utilizados tanto en forma externa primaria (luces) como en los propios alimentos o bebidas, independientemente de su composición. 

CÓMO USAR LOS COLORES

En principio parece que la forma obvia sería utilizar directamente una luz coloreada sobre el paciente o la zona afecta que se quiera tratar. Y, por supuesto, así es; pero no olvidemos que el concepto de la cromoterapia es fundamentalmente energético y, por ello también pueden ser usados elementos materiales cuyas propiedades pueden ser cambiadas o potenciadas por su exposición a la luz o a los colores directamente. 
Los elementos más frecuentemente energizados para su uso como medicamentos cromoterápicos son el agua, el azúcar, el aceite y, algunas veces, el vino y el aire. Los alimentos también tienen un efecto curativo según sus colores. 

CÓMO SE CARGAN LOS COLORES

El sistema más fácil y más frecuentemente utilizado es el de colocar la sustancia en recipientes de cristal coloreado directamente a la luz del sol. 

Cada sustancia tiene un tiempo mínimo de exposición aunque, por supuesto, cuanto más tiempo se la tenga mejores y más duraderos serán sus resultados.

El agua, así como el vino, debe exponerse un mínimo de cuatro horas, el azúcar precisa no menos de dos semanas y el aceite necesita al menos cuarenta días de irradiación solar constante.

El aire puede cargarse en unos pocos minutos y al respirar directamente de la botella se consigue en los conductos respiratorios la acción estimulante o sedante correspondiente al color utilizado.

Esta carga no se mantiene constante y es preciso renovarla frecuentemente dependiendo de su color: así, en agua contenida en botella azul, que es un color antiséptico, mantendrá su actividad durante muchos meses pero si es de color rojo o amarillo precisa ser recargado cada tres semanas en invierno y semanalmente en verano, cuando la irradiación es mucho mayor. 

CÓMO SE USA EL COLOR DIRECTAMENTE

El sistema más comúnmente utilizado es una linterna o foco, con suficiente potencia (lo ideal es de unos 60-100 w. o su equivalente) en cuya boca se adaptan transparencias con los colores puros requeridos o sus combinaciones más frecuentes. Sacando y metiendo las distintas transparencias pueden conseguirse secuencias y rápidos cambios del color de la luz emitida, ideales para los distintos tratamientos.

LOS COLORES

Todo el mundo sabe que una habitación pintada de verde proporciona un clima sedante y los cabarets utilizan las luces rojas para crear un ambiente erótico. Por eso, aparte de su sistematización terapéutica los colores responden a un proceso muy básico, no sólo a nivel físico sino también a niveles más profundos de nuestro subconsciente.

EL ROJO 

Es un color caliente, yin, que estimula la vitalidad general del organismo. A nivel circulatorio es adecuado en la hipotensión, la impotencia masculina de causa vascular y las enfermedades vasculares en que existe alteración circulatoria sin hipertensión, así como en las anemias ya que favorece la multiplicación de los glóbulos rojos.

En el sistema nervioso ayuda a superar los estados de decaimiento, las enfermedades crónicas como el reumatismo, las bronquitis y, en las mujeres, las reglas dolorosas o dismenorreas. 

En el aparato digestivo está indicado en los problemas de digestiones lentas, estreñimiento, vesícula perezosa y gastritis.

La piel se beneficia del estímulo del rojo que también resulta útil para aumentar la fuerza de voluntad y la paciencia. 


EL NARANJA

Mezcla de rojo y amarillo, el naranja es un color yin, caliente y alegre muy indicado para estimular pero sin la fuerza del rojo. 

Está especialmente indicado en el reumatismo crónico, el asma, la bronquitis de fumador, la gota, cólicos biliares, epilepsia y muchos problemas de la menopausia. 


EL AMARILLO

También caliente, es un color que inspira, vitaliza y estimula. Por eso está especialmente indicado en estreñimientos de todo tipo, indigestiones y flatulencias o aerofagias.

Las enfermedades crónicas de la piel como el eczema, psoriasis y muchas urticarias se benefician de su acción. 

También ayuda a aliviar las hemorroides y facilita el flujo urinario por lo que puede ser usada en el tratamiento de la hipertensión como diurético moderado y, además, agudiza el intelecto y la capacidad de aprendizaje.


EL VERDE

Color yang sedante y calmante, tanto a nivel físico como psíquico.
Es especialmente útil para la vista, que conserva y fortalece. También va muy bien en los casos de hipertensión arterial, neuralgias de todo tipo, enfermedades del corazón, dolores de cabeza y gripes.
Ayuda a calmar los dolores del cáncer y, en general, todo tipo de afectaciones dolorosas de carácter crónico o agitaciones de tipo histérico (los clásicos "ataques de nervios"). 


EL AZUL

Uno de los colores más usados en cromoterapia por su carácter sedante, yang, refrescante, antiséptico, antiinflamatorio y antiespasmódico.
Es muy útil en los casos de fiebre, dolores de cabeza y de muelas, vómitos, diarrea, cólicos y, en general, en todos los problemas que cursan con espasmos o dolores de cualquier tipo.
Es el antiinfeccioso por excelencia de los colores y puede usarse por tanto desde las conjuntivitis supuradas hasta en anginas, infecciones urinarias o bronquitis agudas.
Cicatriza las heridas y alivia las quemaduras
.


OTROS COLORES usados en cromoterapia con frecuencia son

ÍNDIGO -muy útil en neumonías, asma, indigestión, catarros y trastornos de la menstruación-, 

VIOLETA -tiene un efecto estimulante de las funciones superiores espirituales y de la intuición además de ayudar a combatir el insomnio y aumentar los glóbulos rojos de la sangre- 





PÚRPURA, que vigoriza y fortalece los pulmones y riñones. El agua o el azúcar cargadas de púrpura estimulan el apetito, ayudan a las funciones del hígado y favorecen la digestión. 





CUÁNDO DORMIR



Acuéstate a dormir lo más temprano posible.

Lo ideal sería seguir el ritmo de la naturaleza y acostarnos con los árboles, cuando cae el sol y entra la noche, y despertarnos con la llegada del día, recibiendo al sol. Así se hacía, cuando no existía la luz artificial y, sobre todo, cuando no existía la TV. Así lo hacen los bebés y a ello retornamos de  mayores, recuperando el ritmo perdido.


ASÍ FUNCIONA NUESTRO CUERPO:

De las 9 pm a las 11 pm:


En este el horario, el cuerpo realiza actividades de desintoxicación, eliminación de químicos innecesarios y tóxicos, mediante el sistema linfático de nuestro cuerpo. En este horario de la noche debe buscarse  un estado de relajación, escuchando música, por ejemplo, cesando en todas nuestras actividades.


De las 11 pm a la 1 am: 

El cuerpo realiza el proceso de desintoxicación del hígado. Deberíamos estar en un estado de sueño profundo. 

De  1 a  3am : 


Proceso de desintoxicación de la vesícula biliar. También deberíamos estar durante este proceso  en un estado de sueño profundo



De 3 a 5 am: 

Desintoxicación de los pulmones. En estas horas se suelen producir episodios de tos. Es mejor no tomar medicamentos para la tos, en este horario, ya que interfieren en el proceso de eliminación de toxinas. 


De 5 a 7 am:

Desintoxicación del colon. Horario de ir al baño a vaciar el intestino. 


Dormirse tarde y despertar tarde interrumpirá el proceso de desintoxicación de químicos innecesarios de tu organismo. 


Además,  debes tener en cuenta que, de las 12:00 pm a las 4:00 am, es el horario en el que la médula ósea de tus huesos produce la sangre, así es que procura dormir bien y no te acuestes tarde.


De 7 a 9 am

Absorción de nutrientes en el intestino delgado, Es el horario perfecto para tomar el desayuno.  


Atención al Desayuno:

-Si estás enfermo, debes tomarlo antes de las 6:30 am.
-Si deseas mantenerte en forma,  antes de las 7:30 am 

-Si no acostumbras a desayunar, cambia el hábito. Si hacerlo entre las 7 y las 9 no te es posible, hazlo entre las 9 y las 10, mejor que no hacerlo. 

Y no olvides "desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo"





Ver más sobre este tema, entrando en:



SENTIR LA RESPIRACIÓN. Hablando con Zhao Laoshi



                                
Zhao Laoshi había llegado a Lu Xun Park, antes de que comenzase a llover. Madrugaba más que sus alumnos, para poder practicar  ejercicios de Kung fu y de Chikung estático, antes de las clases de Taichi. A los 10 minutos de su llegada, comenzó una leve lluvia constante. Supuso que no acudirían sus alumnos y se cobijó, para continuar con sus ejercicios bajo una pérgola próxima. Huang Ji no tardó en localizarlo. El si había acudido a la cita, a pesar de la lluvia. En silencio, se sumó a los estáticos ejercicios que, en ese momento, ejecutaba el maestro. Cuando finalizaron, con el acostumbrado saludo marcial, se sentaron a contemplar la lluvia cayendo sobre el estanque. Huang, siempre ansioso por aprovechar la sabiduría del anciano maestro, se atrevió a romper el silencio:

- Maestro, en días pasados, me habló sobre Mirar la Respiración. Me prometió continuar sobre el tema. He practicado, he llegado a hacer, siguiendo su consejo,  15 minutos de respiración consciente, por la mañana, y otros 15, por la tarde.


- En ese caso, habrás llegado ya a  sentir la respiración.


- No se si habré llegado, ¿en qué consiste, exactamente?


- Cuando digo sentir la respiración, me refiero a un paso más sobre mirar la respiración. Habrás experimentado, con tu práctica, que,  al ejercitarte en ser consciente de tu respiración, la sientes. Eso es. De nada nos sirven los conocimientos y las ideas maravillosas que nos llenan de admiración y nos hacen esclamar "¡ qué maravilla !", si no llegamos sentirlas. Cuando esta exclamación no es un cumplido, cuando sale de dentro, es la expresión de un deseo: me gustaría pensar así, me gustaría ser así. Pero no basta con aprender esas ideas o pensamientos maravillosos y prácticos para exponerlos en conferencias, escritos o tertulias. Hay que pasarlas a la práctica, experimentar sus efectos en ti mismo, tal y como has hecho con mirar la respiración, y vivirlas desde el sentimiento y la emoción. Sentir la respiración es percibirla, vivirla, hacerla tuya, llegar a identificarte con ella, sintiéndote feliz al respirar.


- Si. Es cierto. He podido comprobar que, en la práctica de la respiración consciente, conforme se van calmando nuestros pensamientos, al centrar nuestra mente en la observación, también se van calmando nuestras emociones, al centrarse en sentir la respiración.


- Evidentemente, cuando practicamos Chikung, Taichí, Yoga o Meditación, usamos la concentración en el movimiento, en la respiración o en ambas cosas, para poner en silencio nuestros pensamientos y, más aún, poner en  silencio nuestras emociones. Cuando conseguimos sentir  la respiración, nuestros sentimientos se centran en uno: el gozo de respirar. 


- ¡ Qué bonito ! Es la expresión de mi deseo, Laoshi: quiero conseguirlo.


- Estás en ello. Lo conseguirás sin pretenderlo, sin poner ansiedad en su consecución. Sigue tu práctica: observa tu respiración, sé consciente de ella, siéntela. Se trata de sentir la expansión de nuestro pecho, de nuestros pulmones, en la inspiración,  y su contracción, al expulsar el aire. Sentir, en nuestra nariz, el frescor del aire cuando entra, y su calor cuando sale. Escuchar la sonoridad de entrada y salida, en la práctica de la respiración profunda,  y  el sonido casi  imperceptible de nuestra respiración ordinaria. Captar el olor del aire que respiramos, tan limpio en la montaña, tan contaminado en la ciudad, tan húmedo junto al mar. Notar el dolor en el entrecejo, cuando la respiración ha sido forzada. Sentir su frecuencia: la agitación que acompaña al estrés, al aturdimiento,  la lentitud que sigue al silencio de la mente. Sentir  el caudal de  aire entrando a nuestros pulmones y el chi, el aliento de la vida, penetrando con la respiración, hasta el Dantian. Sentir el aire como algo sagrado, como una fuente de vida, una herramienta de nutrición y transformación. Vivir la respiración.


- Entiendo y quiero vivirla.  Pero, maestro, ¿podemos actuar sobre la respiración ?


- Como te he indicado, otras veces, podemos y debemos actuar sobre   la respiración, porque tenemos que aprender a respirar, a regular nuestra respiración, para conseguir recuperar la plena capacidad de nuestros pulmones, con el fin de aumentar el suministro de oxigeno y de chi a nuestro cuerpo. Hay varios métodos de respiración, pero debemos empezar por aprender a regular la respiración ordinaria, la de todos los días, la nuestra, la natural. Por eso, el primer paso a dar es el de tomar consciencia  y sentir nuestra respiración, sin intervenir en ella, como decíamos. Al tomar consciencia de nuestra respiración observamos que está afectada por nuestros pensamientos y, sobre todo, por nuestras emociones. Así, cuando estamos nerviosos, observamos que respiramos agitada y rápidamente, por el contrario, cuando estamos tristes o deprimidos, respiramos más despacio. Cuando estás alegre,  habrás observado que tu  espiración es más larga que la inspiración, y al contrario, cuando estas triste. Si tus emociones influyen tanto en tu respiración natural, parece lógico que para regularla debas ejercitarte en concentrar tu mente emocional en observar, precisamente,  tu forma natural de respirar, sentir cómo respiras,  y  guiar tu respiración a un estado más relajado y uniforme. Lleva tu atención a sentir los músculos que se están moviendo en tu respirar y, cuando tu mente lleve a esos músculos a un estado más relajado, podrás llegar a sentir el flujo del chi, del aliento de la vida.


- ¿Cómo ha de ser la respiración natural ?



- Regular la respiración natural es para conseguir que sea: tranquila, suave, profunda, lenta, continua  y uniforme. Cuando conseguimos una mente tranquila, la respiración entra en silencio y su flujo es suave. La respiración se hace profunda, cuando dejamos expandirse el diafracma de forma natural, sin forzarlo. Será más lenta, cuanto más relajados estén los pulmones y cuanto más profundo sea el nivel de quietud de la mente. Será continua, sin interrupciones,  y uniforme, siempre que hayamos conseguido regular nuestra mente emocional.


- Para que la respiración sea profunda, ha de ser diafracmática, y ésta no es la más natural, precisamente, al menos en Occidente.


- Debiera ser la natural. Lo era cuando éramos bebés. Lo es la de los animales. Se impone la necesidad de retornar a  la respiración abdominal.  Pero, si no te parece mal, deberíamos dejar aquí el tema, para otro día. Creo que debes seguir practicando el sentir  y percibir tu respiración. Además, ha dejado de llover y debemos practicar con algunos compañeros tuyos que han llegado y están esperándonos pacientemente.


-Si, por supuesto.  Gracias, maestro.

J L


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