PIE JESU


Somos energía que vibra a determinada frecuencia. Ciertos sonidos recuerdan a nuestras células y órganos corporales su frecuencia ideal vibracional y provocan la vibración perfecta de nuestro cuerpo, elevándonos a un estado sublime de equilibrio y armonía.

Más allá del origen o connotación religiosa de una composición musical, con independencia de que sea cristiana, sufí, tbetana, hindú, tolteca,  etc, cuando su frecuencia vibracional sintoniza contigo, produce un estado de paz y felicidad, que te invita a oírla varias veces.
 
Esperamos que te ocurra así, con el Pie Jesu, extracto de la Requiem Mass de Andrew Lloyd Webber (estreno 1985), cantado por Sissel. Es una de las mejores versiones, de apenas cuatro minutos de duración. Disfrútala.



Llega la Primavera.

 


Llega el final de aquella tarde otoñal introvertida, a la que siguió la fría noche invernal, esperando la mañana. 

Explota la vida contenida y se abre a la sinfonía que nos trae la Primavera.

Las semillas rompen su envoltura y abren la tierra, en busca de la luz: es hora de nacer.

Las flores abren sus ojos admirados y estrenan la mañana. 
 
El viento del este trae la luz que pone los colores.

Es la energía imparable, el hálito de vida que llama a despertar.

Conectados a la Madre Tierra, desde un vibrar sonoro, envuelto en múltiples colores luminosos, vivimos un nuevo nacimiento, cada año, como una nueva etapa de nuestro resurgir, desde aquellas cenizas del ser que fuimos, al nuevo horizonte expandido de nuestro ser consciente.

La vida existe. La vida llama. La vida se asoma, en forma de sonrisa, a nuestros ojos. La vida vive.

Detenido el tiempo y plegadas las ondas del espacio, unidas todas las primaveras en una, y nuestro amor de ayer, de hoy y de mañana, en uno solo, asistimos al cálido espectáculo de la vida, en la vida, sin fin y sin comienzo.

Amando, a la luz, sin posibles sombras, de una fuerza imparable que canta su verde sinfonía, nos llega la llamada a nacer, para otra forma distinta de vivir, de ser, de sentir, desde lo más profundo, atendiendo a una  invitación de nuestra Madre Tierra.

Es el ser que se abre a una nueva dimensión de la consciencia.

Es un renacer de mi esencia, sin limites posibles.

Es mi ser de luz, asomado al balcón de mi existencia.

Es la luz fundida con las sombras, en abrazo inseparable, definitivo, y cierto.

Es la alegría de ser y de vivir que quiere quedarse gravada en mi sonrisa para siempre.


Es que, hoy, vivo y siento que soy la Primavera.









(La inserción, en esta página, del cuadro  Llega la Primavera ha sido autorizada por su autora, y seguidora de este Blog, Helena Legaz Torregrosa)



POEMA ZEN. Hsin Sin Ming (III)


Ofrecemos, hoy, una tercera parte de las Meditaciones emanadas del poema Hsin Sin Ming, de Seng Tsan, maestro Zen, con las que nos ha obsequiado Emilio Carrillo, durante la pasada semana, en su Blog: http://emiliocarrillobenito.blogspot.com/


Hsin Sin Ming es un Poema que nos refleja el bello encuentro entre el Zen y el Taoísmo.


Si crees que acontecen cambios
en el mundo exterior, en aquello que te rodea,
se debe a tu ignorancia,
que los hace parecer reales.

El Ser y tú Ser es Uno y es lo Real.
Y es inmutable e inalterable.
Si consideras que hay transformaciones
es por causa de las opiniones, 
los juicios y los dualismos
que atiborran tu mente.

Pon término a esta deriva mental,
establécete en la Quietud y el Movimiento
y, desde la Paz Completa y el Silencio Absoluto,
haz tuya la Verdad de que no hay que buscar la verdad.

Basta con que pongas fin al juego de la mente.
Si eliges, prefieres o discriminas,
equivocas el camino;
deja de buscar y escoger,
no te hundas en los opuestos y evita las dicotomías.


Si hay el menor rastro de sí o de no,
el Espíritu queda olvidado 
en un laberinto de complejidades.
En cuanto tu mente establece el bien y el mal,
surge la confusión y el engaño
y el ego sustituye al Yo Verdadero
al frente de tu vida.

La dualidad existe en razón de la unidad,
pero no te aferres a esa unidad.
Tu Espíritu es el Ser Uno,
no te apegues ni siquiera al uno.

Cuando el Ser Profundo
toma el mando de la vida,
el ego se diluye 
junto con su mar de confusiones mentales.
La complejidad desaparece,
la multitud se unifica
y nada puede ya ofenderte, ni perturbarte.

Quietud y Movimiento
en lo hondo de tu Ser profundo:
permanece en este estado, tu estado natural,
y la sonrisa de tu Ser borrará todo interrogante,
toda mueca de disgusto o desagrado.

Cuando el Ser Profundo llena nuestra vida,
es como si el Ser Profundo no existiera.
Su luz muestra la realidad: Todo es Uno,
sin dicotomías ni ambivalencias.
Lo inofensivo y lo dañino dejan de existir,
nada nos ofende, nada nos turba.

Los sujetos se diluyen 
cuando son liberados de sus objetos,
al igual que los objetos
cuando son liberados de sus sujetos;
el sujeto desaparece tras el objeto,
el objeto se desvanece con el sujeto;
el sujeto se calma en cuanto cesa el objeto,
el objeto cesa en cuando el sujeto se calma.

El objeto es objeto por el sujeto;
el sujeto es sujeto por el objeto.
El Ser que Somos no conoce fragmentaciones;
la mente es la que divide, 
fabricando dualidades.

Sujeto y objeto no existen
en la unidad de nuestro Yo Verdadero;
Sin embargo, son imprescindibles
para que se justifique nuestro pequeño yo,
el ego.

En el Ser, nada son.
Fuera de Él, adquieren apariencia de realidad,
engatusan a los sentidos físicos
y agotan con vaivenes a la mente.

POEMA ZEN. Hsin Sin Ming (II)


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Ofrecemos, hoy, una nueva entrega de las Meditaciones emanadas del poema Hsin Sin Ming de Seng Tsan, maestro Zen, con las que nos ha obsequiado Emilio Carrillo, durante la pasada semana, en su Blog: http://emiliocarrillobenito.blogspot.com/

Hsin Sin Ming es un Poema que nos refleja el bello encuentro entre el Zen y el Taoísmo.


Los juicios bloquean el fluir natural de tu Ser Profundo
e irritan la mente, que necesita silencio.
No te detengas ni en las complicaciones exteriores,
ni en el vacío interior.
No persigas el mundo sometido a la casualidad,
no te aferres a las apariencias, a las cosas opuestas.
  
Acéptalas con imparcialidad
y no perderás el tiempo en elecciones insubstanciales.
Si el Espíritu permanece en paz en el Uno,
éstas perspectivas desaparecen,
el dualismo se desvanece por sí mismo.

Siguiendo la dualidad, te estarás extraviando,
irás lejos del centro, que es donde se halla el equilibrio.
Si vas de uno a otro,
hacia cualquiera de los innumerables opuestos,
perderás de vista el Todo,
no podrás adquirir consciencia del Uno.

Cuando la actividad cesa y la pasividad prevalece,
ésta, a su vez, no es sino más activa:
la Quietud es Movimiento;
el Movimiento es Quietud.

Quietud y Movimiento,
eso, Todo, eres Tú.

Tu Yo Verdadero es Uno y es Todo;
e ineludiblemente es, a la vez, Ser y No Ser.
Decidir lo que es, es determinar lo que no es.
Pero determinar lo que no es te puede ocupar tanto
que se convierta en lo que es.

Cuando la Unidad de Todo no es comprendida

hasta el fondo,
el error se manifiesta de dos maneras:
el rechazo de la realidad,
que puede llevar a su negación;
y detenerse en el vacío,
que puede llevarte a una contradicción contigo mismo.

Frases huecas, juegos del intelecto,
cuanto más te entregas a ellos
más olvidas tu Esencia,
más alejas tu cuerpo y alma de tu Ser Profundo,
más protagonismo adquiere el ego
y más limitada conviertes tu existencia.

Deja de hablar y especular
y tu Yo Verdadero todo lo inundará,
todo lo absorberá, todo será.
Si suprimes los discursos, opiniones y elecciones,
no habrá lugar al que no puedas ir libremente,
nada te será imposible.

Tú eres el origen y razón de ser de cuanto es,
sin distingos de ningún tipo.
Cesa en tu lucha contra lo que es, contra la Vida,
interioriza que Todo es Perfecto
y deja de pensar en metas
y que de ellas depende tu éxito.

Si corres tras las apariencias e ilusiones,
te alejarás del Principio y olvidarás la Realidad.
Si regresas a la raíz y te afianzas en tu Ser,
permitirás que todas las cosas fluyan hacia su origen,
es decir, hacia ti,
constando la armonía, el sentido de la existencia
y tu poder Creador.

El reencuentro con lo que Eres
genera la “iluminación”.
Transciendes, entonces, el “vacío” del mundo
y su oposición a ti mismo.
El reencuentro lo experimentarás tan natural,
que la propia “iluminación” carecerá de entidad
desde la perspectiva de tu Ser.