Estoy de pie, en la orilla del mar.
Un barco, a mi lado,
despliega sus velas blancas
a la brisa matinal
y comienza a navegar por el mar azul.
Desprende belleza y potencia.
Su diminuto tamaño está en mí, no en él.
Y justo en el momento en que alguien
dice a mi lado: «Bueno, se ha ido»,
hay otros ojos viéndolo llegar,
Y eso es morir.
Desprende belleza y potencia.
Me paro y lo observo,
hasta que, por fin, queda suspendido,
como una mota de nube blanca,
allá, en el horizonte,
allá, en el horizonte,
donde se confunden el cielo con el mar.
Entonces, alguien a mi lado dice:
«Bueno, ya se ha ido».
«¿Ido, a dónde?»
Ha desaparecido de mi vista.
Entonces, alguien a mi lado dice:
«Bueno, ya se ha ido».
«¿Ido, a dónde?»
Ha desaparecido de mi vista.
Eso es todo.
Su mástil, su casco y su cubierta
son tan grandes como lo eran
cuando me dejó,
y sigue siendo capaz de llevar su carga viva
a su puerto de destino.
y sigue siendo capaz de llevar su carga viva
a su puerto de destino.
Su diminuto tamaño está en mí, no en él.
Y justo en el momento en que alguien
dice a mi lado: «Bueno, se ha ido»,
hay otros ojos viéndolo llegar,
y otras voces listas para repetir
el grito de alegría:
«¡Aquí viene!»
«¡Aquí viene!»
Y eso es morir.
Desaparecida de mi vista (Gone From My Sight) atribuido a Luther F. Beecher (1813-1903)
No hay comentarios:
Publicar un comentario