TODAS LAS ENFERMEDADES SON SICOSOMÁTICAS



¿Enfermamos porque recordamos haber estado enfermos?
La investigación muestra que los procesos inflamatorios pueden detonarse a través de la memoria.


En los últimos años, los científicos que estudian la etiología de las enfermedades y la relación entre la mente y el cuerpo se han abierto a comprender el rol que tienen los pensamientos en producir, agudizar o cronificar enfermedades. Uno de las grandes "descubrimientos" de la medicina del siglo XX fue aceptar que el estrés es un actor importante en la formación de ciertas patologías.

En un principio sólo se creía que el estrés jugaba un papel en ciertas enfermedades "nerviosas" con un espectro limitado, como el asma o las úlceras. Hoy se sabe que el estrés modula la respuesta inmune y por lo tanto tiene un rango de afectación mucho mayor. Médicos como el Dr. Perlmutter han teorizado que la inflamación tiene un rol importante en prácticamente todas las enfermedades. El estrés, claramente, modula los niveles de inflamación.

En cierto sentido la ciencia médica se acerca, mediante un largo rodeo, a una idea ubicua en las culturas tradicionales: los aspectos mentales son capaces de causar enfermedades reales, tangibles físicamente. A la par, se sabe que tener expectativas o creencias positivas sobre un tratamiento puede provocar un efecto curativo o de placebo.

Un nuevo estudio podría llevar esta intuición, que se ha convertido en axioma, a un nivel mucho más amplio. Un equipo de investigadores del Instituto Israelí de Tecnología estudió la relación entre procesos inflamatorios y la memoria en ratones. El equipo había teorizado que las memorias de las respuestas inmunes son almacenadas en el córtex insular, área que tiene como función traducir información fisiológica en sensaciones (por ejemplo, traducir la temperatura en la sensación de calor o el nivel de nutrientes en la sensación de hambre). La base de su teoría radica en estudios previos que sugieren que cuando esta área ha sido dañada o tiene un comportamiento disfuncional, las memorias de respuestas inmunes no se graban, lo cual puede ser muy problemático, por ejemplo, cuando se debe responder al ataque de una infección. Sin embargo, un exceso de respuesta o una respuesta fantasma también pueden ser negativos.

Para realizar el experimento se indujo un proceso inflamatorio en el intestino de los ratones y se midió su actividad cerebral, particularmente en el córtex insular. Después de inducir dicho estado los investigadores condicionaron a los roedores, a la manera de los experimentos de Pavlov, para activar la misma área donde la memoria estaba almacenada a través de un estímulo quimogenético.

El resultado fue que sin ningún otro estímulo, a la par de la activación de las neuronas, la inflamación se manifestó en el mismo sitio del intestino. Esto muestra que el solo recuerdo de un estado produce un estado similar, y no sólo en la mente sino fisiológicamente.

Los científicos luego quisieron indagar si el córtex insular había participado en la experiencia original de inflamación. Volvieron a someter a los ratones a estímulos externos que provocaron inflamación intestinal, sin que estos hubieran tenido antes una experiencia con dicha enfermedad. En esta ocasión se inhibió la actividad cerebral del córtex insular y por ello la enfermedad bajó notablemente de intensidad, tanto en sintomatología como en cuanto a respuesta inmune. Es decir, el estímulo externo, que tradicionalmente la medicina ha considerado como la causa de esta enfermedad, no tiene la misma efectividad patológica si el área del cerebro que almacena las memorias yace inactiva.

Según glosa el sitio Big Think este trabajo científico: "Estos hallazgos sugieren que incluso enfermedades que no se pensaban como psicosomáticas podrían tener un elemento psicosomático, el cual agrava sus efectos". En otras palabras, una enfermedad (o al menos un cierto porcentaje de ella) es tal porque la recordamos y reproducimos en nuestro cerebro los estados asociados a su génesis.

Este estudio podría explicar también las crisis que viven las personas que suelen ser llamadas hipocondríacas, pues podría ser que se activen respuestas de inflamación al encontrarse con un estímulo que les recuerda enfermedades previas. Un estornudo, la presencia de polvo o, en nuestra era, la sola visión de una persona sin cubrebocas pueden precipitar toda una serie de síntomas: fiebre, tos, dermatitis, etcétera.

Por supuesto, esta información no debe leerse creyendo que las enfermedades son solamente productos de la mente y que no tienen una base fisiológica. A lo que se apunta es a que tienen, además de una base fisiológica, un elemento mental, y la relación entre lo mental y lo físico es más estrecha de lo que se pensaba. 

El término psicosomático, aunque asociado con enfermedades ficticias e individuos hipocondríacos, de hecho es bastante preciso. Así, se puede afirmar que todas las enfermedades son psicosomáticas, lo cual únicamente significa que son una combinación de factores fisiológicos y mentales.

Fuente: Pijamasur

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