ATENDIENDO A LA RESPIRACION



Cuando nuestra atención se aleja de la respiración y es atraída, por ejemplo, por algún sonido o algo irritante, en vez de frustrarnos o dejarnos llevar por las emociones del enfado, simplemente sé capaz de reconocer que la atención se ha desviado a pensar sobre el ruido y posiblemente se ha trasladado hacia otras cosas desde allí. 

Entonces, con mucha gentileza y paciencia, dejamos ir lo que fuese aquello a lo que la mente se ha aferrado -como los planes para la semana que viene, el recuerdo de las pasadas vacaciones o la discusión que tuvimos con nuestro hijo- y volvemos a la sensación de la respiración nuevamente. 

Cuando nos damos cuenta que hemos perdido la conexión con nuestra respiración, nos perdonamos y estamos preparados para empezar de nuevo. 

No importa cuántas veces vayamos a la deriva, el momento presente nunca se da por vencido con nosotros. El presente es nuestro compañero más fiel. No importa cuántas veces nos alejemos, está siempre aquí para que volvamos. En cada ocasión despertamos, dejamos ir, y volvemos al presente. 


Con el paso del tiempo, uno mejora su capacidad de mantener fijamente la atención en la respiración, y encontraremos que la mente se vuelve capaz de mantenerse en el momento presente, sin necesidad de enfocarse en la respiración. 

La respiración está allí, pero la mente deja de distraerse y encuentra satisfacción en estar alerta, atenta, abierta y acepando el momento presente.

La respiración ha sido lo que hemos usado como ancla para traer la atención al presente. 

Cuando la mente descansa fácilmente en el presente, podemos dejar ir la respiración como objeto especial. El momento presente en su conjunto se convierte en el objeto. Y esto es así porque el objeto del ejercicio no es llegar a ser un experto en respiración, o alguien que está totalmente obsesionado con la respiración. 

El objeto es entrenar la atención a enfocarse en el presente. 

Como resultado de este entrenamiento, habrá una pura atención a todo lo que surge en el momento presente. 

Esto incluye las sensaciones del cuerpo, los sonidos, los pensamientos y las emociones que se presentan. El entrenamiento consiste en permitir que brote lo que surge, dejar que tome forma y desempeñe su función, y que se disuelva y desvanezca. 

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