LA VERDAD DEL MOMENTO

Todo momento es frágil y huidizo.
Por hermosos que sean, no pueden conservarse los momentos del pasado.
Por gozosos que sean, no pueden guardarse los momentos del presente.
Por deseables que sean, no pueden atraparse los momentos del futuro.

Pero la mente se desespera por fijar el río en un lugar: poseída por las ideas del pasado, preocupada por las imágenes del futuro, pasa por alto la simple verdad del momento.

Quien pueda disolver su mente descubrirá de repente el Tao a sus pies, y tendrá la claridad a mano.

¿Cómo puede verse la Unidad divina?
¿En hermosas formas, en pasmosas maravillas, en inspiradores milagros?

El Tao no está obligado a presentarse de esta forma.
Siempre está presente y siempre está disponible.

Cuando se agota el lenguaje y se disuelve la mente, se manifiesta por sí mismo.
Cuando se cultivan la claridad y la pureza, se revela a sí mismo.
Cuando la sinceridad es incondicional, se desvela a sí mismo.

Si deseas ser vivido por él, lo verás en todas partes, incluso en las cosas más ordinarias.

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