NO VAMOS A NINGUNA PARTE. Hablando con Zhao Laoshi



Había pasado bastante tiempo desde la última conversación. Huang se sentía con la necesidad de pedir ayuda a su maestro por la crisis en la que estaba inmerso sin encontrar salida. Buscaba la oportunidad de abordarlo. Aquella mañana, lo esperó en la puerta norte del Lu Xun Part, por la que Zhao Laoshi acostumbraba a acceder al Parque, Y, tras un breve saludo, mientras caminaban hacia el lugar donde se concentraba el grupo para la práctica del Tai Chi, de forma casi precipitada, inició la conversación

-Maestro, hace ya varios meses que tuvimos una larga conversación sobre "¿Qué nos está pasando?" 
No se si con motivo de mi adaptación o inadaptación al cambio magnético de la tierra, a esa inevitable mutación a la que hacíamos referencia, o por otro motivo, lo cierto es que, últimamente, me refiero a los últimos meses, me encuentro con la sensación de haberme caído a un pozo profundo del que no consigo salir. Todo lo veo muy oscuro, muy negro. La pregunta vital que con más frecuencia me atormenta es: ¿ qué estoy haciendo aquí, hacia dónde me dirijo? Tengo la sensación de haber perdido el norte, de encontrarme  en un laberinto, sin atreverme a tomar ninguna dirección, porque no veo ninguna salida, no la encuentro. No tengo a donde ir, no voy a ninguna parte.
Le pido que me eche una mano, maestro, estoy hecho un lío

-No seré yo quien me atreva a intentar sacarte de ese pozo. Nadie te ha metido. Nadie debe sacarte. Si has de salir, sólo tu lo has de hacer. Mi querido Huang, no hay lugar alguno al que ir. No vamos a ningún sitio, no vamos a ninguna parte. Muy duro, ¿verdad? ¡Qué difícil de aceptar! Es frecuente en nuestras vidas el entrar en ese pozo, en esa oscuridad, en ese vacío, en ese abismo de nada, y, como consideramos que es una situación incómoda de la hay que salir lo antes posible, buscamos la salida desesperadamente y, a la primera de cambio, emprendemos cualquier camino, nos aferramos a cualquier solución o medio que nos permita la "estabilidad", la vuelta a la "la normalidad". 
Buscas ayuda, lo entiendo; pero no la aceptes aunque pretendamos dártela. Cuando entramos en el vacío y lo sentimos, nos asustamos, es normal. Nos invade la incertidumbre, la inestabilidad, la inseguridad. Todo se derrumba. Desaparece la tierra bajo nuestros pies y nos sentimos jalados por el abismo, por ese negro pozo,  en tu caso. Sólo te diré que, en tu negra oscuridad, debes comportarte igual que cuando entras en una habitación sin luz: no cierras los ojos, aunque te parezca que da igual, porque estás buscando cualquier destello luminoso, por tenue que sea, que te permita orientarte. Mantén, en esa situación tuya, los ojos bien abiertos, atentos y serenos. La mejor forma de ver en la oscuridad es mirar serenamente, habituarte a estar sin luz. Confórmate con ver lo que ves, no desees ver más.  No pidas antorchas ni linternas. Espera, sin prisa, que puedas ver alguna indicación, si la hay, para seguir esa dirección, si acaso.

-Me insinúa que podría no existir indicación o dirección alguna... 

-Acepta que es posible que no vayas a ninguna parte. Vas, porque la vida es movimiento. Pero no es necesaria meta alguna. Simplemente, vas, estás yendo. Porque se trata de estar, mas que de ir, de un estar pleno. Ir a una meta, en una dirección, supone tiempo y espacio que son creación de nuestra mente, que no existen. El camino, tu camino, mi camino, es la ausencia de metas, es caminar sin ir a ninguna parte, es estar en el camino, sin más. Nos ponemos metas, nos apegamos a ellas y, lamentablemente, con mucha frecuencia, tomamos la dirección equivocada. Acéptate en tu pozo. Acepta la oscuridad que te envuelve. Acepta la no salida, la no dirección, el no saber a donde ir. En esa aceptación te llegará la luz, que no es una meta, que va inherente a la misma aceptación. La aceptación es la luz.

-En mi situación,  lo mas duro de soportar es el no saber.

-Si, quizás sea lo mas difícil. Yo te diría que hay una diferencia profunda entre soportar el no saber, muy duro -como bien dices-, y aceptar el no saber, que es otra cosa, aunque parezca lo mismo. Has de abrirle espacio a ese no saber. Si te fijas bien, es una constante de tu vida, de la mía, de la de todos. ¡¿Acaso sabemos algo...?! Acostúmbrate a vivir con el no saber, porque nunca sabes nada, aunque creas saber mucho. Acepta tu ignorancia, hazle espacio en tu vida. Sientete cómodo en tu no conocimiento, en tu no saber, y estarás atisbando la sabiduría. 

La entrada en el vacío, el descenso a tu pozo, puede ser el comienzo de algo diferente. Aprovéchalo, disfrútalo. Atiende, con los ojos serénamente abiertos, al posible encuentro con tu ser, al resurgir, quizá, de una forma muy diferente de ver, de un posible nacimiento de otro modo distinto, muy distinto, de sentir. Y todo ello, sin cambios ostentosos, desde las formas más ordinarias y sencillas de tu vivir cotidiano, desde la espontaneidad, sin apenas darte cuenta, casi desde la inconsciencia. ¡Un paso hacia la transparencia, no buscado  ni pretendido, posiblemente! 

-Muchas gracias, maestro Zhao, por su "no ayuda" para sacarme del pozo. Me ha resultado muy valiosa. Gracias


J L

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