ARMONÍA CON LA NATURALEZA. Hablando con Zhao Laoshi


-Maestro, en nuestra última conversación sobre ¿Que nos está pasando?, acabó con un consejo o sujerencia. Me dijo: "yo te diría que practicaras todos aquellos ejercicios que te lleven a sintonizar y a armonizarte más con la tierra, todo lo que te lleve a una disponibilidad y apertura serena a la mutación inevitable y transformadora". Me gustaría seguir hablando sobre esa conveniencia o necesidad de sintonizar con la Tierra, con el Universo.


-Me parece bien. Hoy dispongo de tiempo. Comenzaré con una referencia al pasado. Hace miles de años, los maestros taoístas descubrieron, mediante la meditación y la observación silenciosa, cuáles eran las fuentes del Chi. Descubrieron que el chi del hombre se alimenta de la combinación del Chi de la Tierra, energía Ying, y del Chi del Cielo, energía Yan. Concluyeron que el hombre, conectado con la Tierra y el Cielo, era la unión, la armonía, entre estas dos fuerzas opuestas que se buscan, inevitablemente, la una a la otra, como dos mitades de una unidad inseparable. También descubrieron que el hombre, ser energético, se alimenta de la fuerza electromagnética de la tierra, de la vibración de la tierra, y también de la frecuencia vibracional cósmica, de la luz y sonido de la luna, el sol y las estrellas.
Dijo Chuang Tse:Los hombres de hoy son de la tierra. En los tiempos antiguos, los hombres eran del Cielo”. Cuando Chuang Tse decía esto no creo que estuviese refiriéndose a nuestro origen extraterrestre. Mas bien se referiría a nuestros mayores. Nuestros abuelos estaban en contacto constante con los astros, con las nubes, con el cielo: les iba la vida en ello. Mi abuelo sabía cuando iba a llover, con mirar al cielo. Lo pre-sentía.

-Es decir: que nacemos sintonizados con el cosmos. Se podría decir, en lenguaje coloquial, que lo traemos de serie. 

-Si, ciertamente es así. En eso se basa la Astrología, tanto occidental como la oriental, toda. Somos conscientes de que somos energía, ondas en vibración, y, por lo tanto, admitimos la influencia en nosotros de la vibración del Universo, de los Astros, desde que empezamos a ser nosotros, desde que se formó nuestro yo, que no es otra cosa que una determinada forma de vibrar. Somos vibración y nos diferenciamos de los demás en la frecuencia vibracional de cada uno.
¡Cómo va a ser ajena a nosotros la vibración del Universo! Y viceversa ¡ Cómo va a ser ajena al Universo nuestra vibración!.

-Nuestro problema puede ser que nos hemos desconectado. Y la pregunta, ahora, sería: cómo resintonizar con el Universo.

-Quizás nos venga grande. Nos es costoso asimilar su inmensidad. Distancias medidas en millones de años luz y otras unidades de medida que no alcanzamos a imaginar. Sintonizar con el Universo no es cuestión de aprender datos técnicos o conocer su comportamiento, cosas que nos pueden venir muy bien, pero que no bastan. Sintonizar con el universo es cuestión de mirar, escuchar y sentir. No como algo ajeno a nosotros, sino como lo que somos, sintiendonos integrados en el.  El universo habla en el silencio de una noche de estrellas. Todos tenemos el recuerdo de una noche de verano despejada, en la montaña o junto al mar, sin ciudades ni urbanizaciones próximas, tumbados hacia el cielo, sólo mirando, sin pensar ni juzgar, escuchando...y sintiendo.


-Quizás tengamos que comenzar por algo que no nos venga tan grande, por algo más próximo, por resintonizarnos con la tierra, por conectar con ella. En la frase que ha citado de Chuang Tse dice que " Los hombres de hoy son de la tierra ." En su tiempo, sí. Pero, en nuestro tiempo, ¡ya quisiéramos nosotros o, mejor, ya quisiera la tierra...!

-Si. ¡Qué necesitados estamos de sintonizar con la tierra, de sentirnos conectados a ella ! Nuestra madre tierra, ese ser vivo del que formamos parte, que somos. Ese milagro permanente de equilibrio. La fuente directa de nuestra energía.
En Chi Kung y Tai Chi, decimos y repetimos que obtenemos el Chi del aire que respiramos y de los alimentos que tomamos. Es el Chi, la energía, el aliento de la vida, que nos da la Tierra.
Vivir en sintonía con la tierra, con la naturaleza próxima, empieza por tomar consciencia de que somos parte inseparable de la tierra. No habitantes de la tierra, sino la tierra misma. No  en dónde estamos, sino lo que somos. Y somos un paraíso en constante movimiento, externo e interno. Viajeros constantes, por fuera y por dentro. Impermanencia, cambio constante, inestabilidad, incertidumbre, movimiento. Lo único permanente en nosotros, lo único permanente en la tierra, es el CAMBIO.

-Viajamos, constantemente, ¿sin saber a dónde?. O sí lo sabemos?

-Yo diría que individualmente no lo sabemos. Como colectivo, puede que si. Como personas separadas, nos trazamos metas concretas, particulares, sometidas al espacio y al tiempo, a nuestras coordenadas, como es lógico. Como colectivo, cuando tomamos consciencia de quienes somos y, sobre todo, cuando nos hacemos conscientes de nuestra inevitable interconexión, no solo entre las personas sino con la totalidad de los elementos que nos rodean, cuando somos conscientes de nuestro papel holístico en la tierra, en el universo, en el cosmos, entonces atisbamos un algo, bastante borroso por supuesto, sobre la meta o el sentido de este aparente viaje a ninguna parte.

- Maestro Zhao, ¿què hacer para mirar, escuchar y sentir la Tierra? Algo sencillo y facil, por favor.


- Vale, sigamos con nuestra condición de viajeros permanentes. Como sabes, nuestro viaje como Tierra que somos, se realiza a gran velocidad. Sólo en nuestro movimiento de rotación sobre nosotros mismos, sobre nuestro eje, es de 1.600 km/h. Esa es nuestra velocidad constante hacia el Este. A la que hemos de sumar nuestro movimiento de traslación en torno al sol, a 107.000 km/h, y el de nuestro sistema solar, en torno a la Galaxia, a unos 792.000 km/h. 
El movimiento mas perceptible para nosotros es nuestro permanente viaje hacia el Este, al encuentro del Sol, al encuentro de la Luna, al encuentro de todos los astros del Cielo. Vamos al encuentro del Chi del Cielo, de la energía proveniente del Universo, la que nos traen los astros. En astrología se da mucha importancia al  signo de nuestro ascendente, el que aparece en el Este en el momento de nuestro nacimiento. Debe quedarnos claro que la energía cósmica, el Chi del Cielo, nos viene por el Este. Primer paso de sintonía con la tierra: Hay que mirar al Este, más de lo que acostumbramos.

- Ese es el motivo por que es aconsejable, siempre que se pueda, hacer los ejercicios de Chi Kung mirando al Este. En cambio, el Tai Chi se aconseja hacerlo mirando al Sur, ¿ por qué?


- Podría contestarte como lo hacía el maestro de Chi Kung y Tai Chi, del monaterio Shaolin del Sur,  Wom Kiew Kit, cuando le preguntaban sus alumnos occidentales  el por qué y el para qué de todo. El solía decir: "Porque siempre ha sido así". Y dejaba un espacio de silencio, que subrayaba con una sonrisa. Si quieres, mi querido Huang, una explicación que te pueda resultar razonable, te diría que el Tai chi  lo iniciamos y finalizamos mirando al Sur, cierto; pero la ejecución de los movimientos se hace en la linea Este-Oeste. Puede ser una explicación que satisfaga una mente occidental preguntona, ¿no te parece? 
Hay algo que creo muy importante: el saber, en todo momento de nuestra vida, cuál es nuestra situación respecto a los puntos cardinales, sea de día o de noche, y mejor sin ayuda de brújula alguna, sólo por los astros, y, mejor aún, por sentirlo dentro, síntoma indudable de que vives anclado a la Tierra, de que eres uno con la Tierra, de que te sientes Tierra. Lo considero básico para  armonizarnos con la Tierra, con nosotros mismos.

- Y hay cosas de nuestra vida diaria, como dormir con la cabeza al norte que se suele hacer para dormir mejor, y que puede tener mayor transcendencia, ¿no es así?




- Cierto. La Tierra es como un gran imán. Las lineas de su campo magnético descienden por el interior y ascienden por el exterior. Nuestro campo magnético funciona igual. Si durante la noche, cuando dormimos, alineamos nuestro campo magnético con el de la tierra, acostándonos con nuestra cabeza orientada al norte, dormimos mejor, está comprobado. Es la consecuencia inmediata de estar físicamente sintonizados con el campo magnético de la Tierra, de estar armonizados con ella, de estar unificados. 


-¿Y abrazar un árbol ?

-¡Abrazar un árbol! Sí, y hacerlo irracionalmente, sin pensar, sin preguntarnos, ni siquiera, qué debo aprender de el. Es cierto que podemos aprender muchas cosas de los árboles: su firmeza combinada con su flexibilidad, para resistir a los fuertes vientos, su sistema de subir el agua hasta las más altas hojas, por capilaridad, sabiendo como nadie HACER EL VACÍO. Pero quizás no sea este aprendizaje sólo el que nos puedan proporcionar los árboles en nuestra sintonía. Para sintonizar es necesario mirar, escuchar, sentir
MIRAR, serenamente. Nuestros antepasados Los Celtas creían que el espíritu de los árboles se podía ver en su tronco, en su corteza. Que los árboles les traían mensajes.
ESCUCHAR, con los oídos del silencio, el susurro de sus hojas al viento.
SENTIR, su energía siempre positiva en nuestro cuerpo. 
Hay personas que, al vibrar en ondas contrarias a la nuestra, nos roban energía, nos distorsionan. Nunca ocurrirá así con un árbol. Cada árbol tiene una energía diferente, como nosotros, una frecuencia bibracional distinta, su personalidad, podríamos decir. No es lo mismo la fuerza energética que nos da una encina o un alcornoque, la revitalización que podemos notar cuando nos abrazamos a ellos, que la paz y la serenidad que nos dará un viejo olivo.


- Por hoy, ya tengo bastante. Gracias, maestro. Dejaré pendiente para otra ocasión el pedirle que me hable de cómo conectar con el cielo, cómo resintonizar y armonizarnos  con el sol, con la luna, con las estrellas...

J L
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