LOS MEJORES ACEITES

 Laura Kohan, en  Integral


Hay gran número de alternativas muy sanas. De todos los aceites, el de oliva tiene un lugar de honor en la dieta española, por méritos más que probados. Esto, aunque evidentemente es una buena noticia, tiene un lado menos positivo: deja muy poco espacio en nuestra cesta de la compra para otros aceites de importantes propiedades que pueden enriquecer todavía más nuestra alimentación y aportan los mismos efectos cardioprotectores.

Un buen ejemplo es el aceite de girasol prensado en frío. Tiene enormes efectos antioxidantes, al ser uno de los alimentos más ricos en vitamina E después del aceite de germen de trigo. Y, desde el punto de vista más gastronómico, los aceites de algunos frutos secos llenan de vida y nuevos matices muchas de nuestras recetas. Debemos darle una oportunidad a todos, exceptuando aquellos que, pese a ser vegetales, son muy ricos en grasas saturadas, como el aceite de palma o de coco.

Aceite de calabaza: Debe consumirse sólo en crudo para obtener todos sus beneficios, entre los que destacan sus efectos antiinflamatorios sobre la próstata y vejiga, gracias a su riqueza en cucurbitacina. Es remineralizante, diurético y desinfectante si queremos deshacernos de todo tipo de parásitos intestinales.

Aceite de lino: Tiene un fuerte sabor y propiedades muy interesantes. Es un remedio muy potente para reducir el colesterol y mantener en buen orden nuestro sistema cardiovascular, pues posee una proporción perfecta entre ácidos omega 3 y 6. Además, es una forma menos incómoda y más suave de tratar el estreñimiento que la versión en semillas. Sólo hay que tomarse una cucharada en ayunas por las mañanas y pronto notaremos sus efectos. Hay que guardarlo en la nevera para retrasar su tendencia al enranciamiento.

Aceite de soja: Al igual que el aceite de lino, el de soja sin refinar se debe guardar en la nevera una vez abierto, debido a su gran número de ácidos grasos poliinsaturados. Es un aceite ligero y suave, más digerible y asimilable que otros más fuertes, como el de oliva virgen. Combina grandes cantidades de vitamina E y A.

Aceite de sésamo: Este delicioso y aromático aceite no precisa refinado, ya que contiene un antioxidante natural, el sesamol, que lo hace muy estable y resistente a la oxidación. Soporta varios años sin enranciarse y puede utilizarse en preparaciones calientes. Entre sus mejores cualidades está su acción suavizante sobre la mucosa digestiva, su efecto antidiarreico y sus propiedades como protector del sistema nervioso, por su riqueza en zinc y magnesio.

Aceite de cáñamo: Aunque en nuestro país es todavía un gran desconocido, merece la pena probar el aceite de cáñamo por su particular sabor y sobresalientes propiedades. Obtenido en frío de una variedad especial apta para uso alimenticio y sin efectos psicotrópicos, es imprescindible usarlo en crudo para sacarle todo el provecho. Entre sus beneficios, hay que destacar su gran digestibilidad y su óptima combinación de ácidos grasos esenciales, con un 90 % de ácidos grasos poliinsaturados e innumerables aplicaciones terapéuticas contra enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Las ventajas del aceite prensado en frío
Quien piense que los aceites de semillas son insulsos es porque nunca ha tenido el placer de probar un buen aceite prensado en frío y sin refinar. Los agresivos procesos industriales a los que se somete la mayoría de los aceites que venden en el supermercado suelen destruir gran parte de sus mejores propiedades saludables y muchos de sus delicados aromas. El método de prensado en frío logra conservar exactamente las mismas características organolépticas, nutricionales y terapéuticas que tenían los ingredientes originales y por eso se va a tratar de un aceite mucho más delicado, que deberemos mantener alejado de la luz y del calor.

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