EL VACIO




Cuando nos esforzamos por adquirir conocimientos puramente intelectuales sobre aquello que anhelamos encontrar, lo que hacemos en realidad es cerrarle la puerta a la experiencia real; la única forma de alcanzar la experiencia es llegar a estar totalmente vacío de mente, de pensamiento, un vacío total y absoluto. 

Si permanecemos en ese estado durante un tiempo lo suficientemente largo, empezamos a darnos cuenta de que esa vacuidad nunca ha estado vacía realmente, pues contiene el potencial de todo lo que puede llegar a ser; penetramos en un área en la que se dan aspectos extremadamente refinados de la conciencia, la cual, disolviéndose en sí misma, pierde toda dualidad. Y eso es lo único que queda.

Si tomamos algo que pertenezca al mundo de las cosas manifiestas, ya sea un ser vivo o algo inanimado, y nos detenemos a observar profundamente su naturaleza, descubriremos que tiene la misma naturaleza que la conciencia (que la conciencia misma es su naturaleza).

Hay tantas cosas que encierran una profunda verdad en su interior... 

En el budismo tenemos lo no-nacido, lo no-manifestado, lo no-creado, de lo cual surge lo creado y lo manifiesto. En la Biblia encontramos algo similar en el Génesis: en el principio no había más que vacío, y de él surgió lo que viene a denominarse el verbo. Este es el aspecto vibratorio, del cual proviene el mundo.

Todo nos lleva de regreso al vacío, a la vacuidad, a la nada (al no-algo) de la que surge el algo (las cosas), y no existe ninguna forma de comprensión intelectual que pueda conectarnos con esta verdad. Es algo que ha de ser visto por sí mismo, algo que se encuentra mucho más allá de la razón. 

El vacío es la paz que sobrepasa todo entendimiento, la paz que nos proporciona una plenitud y una satisfacción totales. Durante muchos ciclos de vida hemos sido presa de un estado ilusorio, pero ahora por fin encontramos la verdad.

Es algo que no se puede explicar a los demás. Ya no soy yo quien hace las cosas, sino que se trata simplemente del cuerpo pasando por los procesos que le son propios. Se piensa cuando hay que pensar, pero uno se da cuenta de que los pensamientos aparecen por sí mismos. 
¿Quién los está pensando? 
¿No es cierto que simplemente surgen, empleando para ello el mismo proceso que usaríamos si quisiéramos pensar de forma voluntaria? ¿De verdad somos nosotros quienes pensamos nuestros pensamientos o estos simplemente pasan por nosotros, a través nuestro? 
La mayoría de las veces no son más que pensamientos repetitivos, pensamientos que pasan por nosotros pero son completamente innecesarios.

En lugar de pensar, podemos simplemente ser. 
A menos que queramos pensar específicamente en algo que sea útil o práctico, el pensamiento no es más que un proceso habitual que tiene lugar en nuestra cabeza. Una cosa es el pensamiento positivo, pero el pensamiento irracional es algo completamente distinto. Gran parte del tiempo lo pasamos pensando cosas que no queremos pensar, así que ¿quién tiene el control?

Cuando te ocurra esto, ignora el pensamiento y desciende hasta el área de los sentimientos, hasta la zona en la que se encuentra la sensibilidad. 
Poco a poco esto te irá aportando un cierto control, la capacidad de pensar únicamente cuando desees hacerlo, y de no pensar cuando no lo necesites.

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