COMO UN ARBOL





Busca un tiempo  para observar un árbol que te parezca hermoso. Contempla su belleza, y reflexiona sobre qué sería de esa belleza si el árbol contase con un ego que hubiese estado preocupado todo el tiempo en ser perfecto o en ser percibido como tal. Si te es posible, no te des respuestas rápidas o preconcebidas… realmente pregúntale al árbol… obsérvalo, imagínate su vida y cómo ha llegado a ser como es. 

Piensa en cuánto ofrece el árbol sin moverse de su lugar, sin decir nada a nadie, sin comprar ni vender, sin poseer nada, sin dar donaciones o grandes discursos… Observa cómo está silenciosamente transformando el carbono en oxígeno… cómo está sosteniendo la estructura del suelo y nutriéndolo con sus hojas caídas… como acoge a los pájaros y otros animales e insectos que lo habitan… cómo ofrece sombra, belleza y frutos.

Todas estas acciones magníficas y generosas no son un desgaste ni un “sacrificio”, ya que orgánicamente él se nutre del carbono, los frutos que serán transportados por los animales y aves que lo habiten le permiten reproducirse, sus hojas caídas nutren el suelo en el que él mismo toma raíz, etc. 


El altruismo del árbol es silencioso y no-dual, ya que él forma parte de un sistema interdependiente donde no hay héroes ni espacio para la perfección, sino que sólo hacer lo que hay que hacer, seguir la ley natural, el Tao, o el Dharma de la naturaleza.

Tu, igual que el árbol, eres parte de la naturaleza y, aunque no puedes prescindir de un ego, es posible alinearlo  con la ley natural. Si quieres ayudar a otros, comienza por no crear olas donde no sopla el viento, es decir, evita complicar las cosas que no sean complicadas. 
Ve disminuyendo el sentido de “Yo hice esto o aquello”, simplemente haz lo que hagas con sencillez y por el placer de hacerlo, sabiendo que, tal como el árbol, eres el primer beneficiado de lo bueno que hagas.  
Simplifica tu agenda y tu mente de lo que no sea esencial y auténtico. 
Simplifica tu mente de opiniones elaboradas sobre ti mismo y sobre los demás, y tal como el árbol, practica el noble silencio en vez de inundar los ambientes con opiniones. 
Por último, simplifica tu agenda disminuyendo las actividades que realices desde una motivación carente (por agradar o por miedo). Así tendrás más tiempo para el no-hacer sagrado que, como el no-hacer del árbol, no es falta de actividad, sino que es actividad alineada con lo necesario, con lo que trae felicidad y armonía de una forma espontánea y no fabricada.

Fuente y artículo completo en Red Mindfulness

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