APRENDER A DEJAR IR

N.  Liebenson Grady

Un malentendido común en la práctica del Dharma, es que la meditación significa esforzarse para eliminar pensamientos o que el silencio significa que no haya pensamientos. Pelearse y luchar con los pensamientos causa tensión y de esta tensión surge la duda. Los Budas no intentan librarse de los pensamientos; ellos dejan que los pensamientos surjan y pasen. El resultado de dejar ir el apego a pensar es el gran acceso a la sabiduría. 

Un aspecto significativo de la práctica Budista implica aprender a dejar ir. Dejar ir libera energía y crea un espacio para explorar e investigar la naturaleza del sufrimiento y la liberación. Un esfuerzo sabio en la práctica, implica desarrollar una relación sabia con los pensamientos, permitiendo que el pensamiento sea creativo y discerniente. Sin conciencia, los pensamientos están condicionados por el hábito. La llave es no engancharse en ellos ni repelerlos, no identificarse con ellos ni ser reactivo. Así que no estamos intentando no pensar; por el contrario, estamos aprendiendo que es posible estar tranquilo, y a su vez permitirle a los pensamientos llegar y marcharse como un aspecto natural de la vida. 

El trabajo de la meditación es aprender como usar sabiamente los pensamientos en lugar de que ellos nos usen a nosotros. Aprender a como aliviar nuestras preocupaciones habituales y deleitarnos en permanecer sin distraernos.

Sufrimos porque estamos engañados por nuestros pensamientos, invistiendo nuestra identidad con cada pensamiento que llega. Pero el pensamiento en si no es un problema. Los Budas saben que un pensamiento es solo un pensamiento, descansan en la verdad y moran en paz.

3 comentarios:

  1. Pero, ¿cómo definir ese Arte Supremo que tiene el Gestor de este Blog para insertar cada día aquel mensaje, aquel consejo, aquella frase sabia que te viene justamente como anillo al dedo porque era precisamente esa, la respuesta que tú estabas esperando?
    ¿Alguien sabría ponerle nombre a eso?
    Todo mi agradecimiento una vez más.

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  2. El nombre que corresponde a "eso" posiblemente sea "receptividad" o "apertura"; pero no de quien inserta o emite la frase sabia sino de quien se acerca a ella. Tu, Errecé amiga, sabes como nadie que, con alta frecuencia, lo que enviamos no es lo que se recibe y lo que se recibe no siempre ha sido enviado. Hay una magia, quizá, en nuestras acciones, cuando las realizamos con actitud generosa, que es la encargada de producir su efecto más allá de nuestra habilidad o de nuestra intención incluso. Y así, sin saber cómo, una misma respuesta puede ser válida para mil preguntas. Eso si, deben estar formuladas. Cuestión de receptividad. El agua calma la sed, cuando ésta existe. Eres tu la que tiene ese Arte Supremo para recibir el anillo en tu dedo adecuado.

    Muchísimas gracias por tus elogios tan alentadores.
    J.L.

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  3. ¡Ay, muchas gracias por esas dos palabras tan grandiosas y tan bonitas, de Arte Supremo, que me han pillado recién levantada y con estos pelos y una sin saberlo!
    Y yo las devuelvo compartiéndolas, en justo merecimiento:
    Mi agradecimiento por ese Arte Supremo de este Blog.

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