LAS EMOCIONES



Las emociones son tanto la belleza de la existencia humana como también su parte más oscura. Cuando sentimos felicidad y amor, no hay nada mejor; nos sentimos llenos de vida, alegres,... Pero cuando caemos en la desesperación, en la frustración, en el desengaño, desearíamos no sentir.



En las sociedades occidentales siempre existió una gran discrepancia sobre como demostrar las emociones, sobre todo la ira. ¿Debemos contenerla o sacarla afuera? Dependiendo la corriente psicológica que estuviese en boga en ese momento se recomendaba sacar la ira afuera sin importar las consecuencias; otras veces se recomendaba contener dicha emoción, sin tener en cuenta los perjuicios para la propia salud que esto conlleva. ¿Cuál es la respuesta adecuada?

Las prácticas del tai chi chuan y del chi kung, con su énfasis en el equilibrio y armonia, acompañadas del aroma de la filosofía taoísta, ayudan a las personas a lidiar con estas emociones fuertes ( y con todas las demás). En todas las prácticas chinas, la emoción es considerada como creadora de enfermedades que se acumulan en distintas partes del cuerpo. Las técnicas de respiración, los movimientos y la meditación del tai chi chuan y el chi kung permiten transformar las emociones en energía positiva y saludable.

Durante la práctica reconocemos que tal y como la emoción negativa existe en nuestro cuerpo, también existe una positiva y es posible potenciarla. El objetivo final de las prácticas taoístas es sentir las emociones pero no dejarnos llevar por éstas. En el tai chi chuan nos movemos lenta y conscientemente, poniéndonos en contacto con nuestros dolores. En vez de ignorar las dolencias, nos ocupamos de ellas tratando de liberar las emociones contenidas en la zona del dolor. Las observamos, entramos en contacto con ellas, pero, como en la meditación con respecto a los pensamientos, adoptamos una actitud de observador.

Lo que aprendemos es a mirar con otra perspectiva. Comenzamos a comprender que la armonía es la aceptación de lo dual, lo bueno y lo malo, la emoción positiva y la negativa.

Es a través de esta armonía cómo intentamos vaciar la mente de pensamientos. Con los movimientos lentos y la respiración es posible ralentizar, para luego suprimir, los pensamientos que se disparan automáticamente, de forma totalmente natural. A medida que avanzamos en nuestra práctica aprendemos a fluir con las emociones, aceptándolas en nuestro cuerpo pero manteniéndonos equilibrados

Esto es permitirnos sentir las emociones pero tener formas para soltarlas. Es mirar la vida sin ser parte del drama. Es mirar lo que hacemos sin estar atados a los resultados y a relacionarse con las personas sin expectativas.

Si logramos cambiar la forma en la que vemos la vida, si podemos dejar de lado lo dramático de cada situación, podremos lograr una mayor perspectiva y aprender de las experiencias. Seremos capaces de observarnos objetivamente y evitarnos situaciones difíciles o emocionalmente fuertes. Así estaremos en armonía con el Tao.


Fuente: La Coctelera

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