EL EGOISMO. Hablando con Zhao Laoshi




Aquella mañana, alumno y maestro paseaban, en silencio, por el Lu Xun Park, disfrutando de sentir activado el chi, tras los ejercicios   practicados. Además, era primavera: lo decían los pájaros, las flores de los árboles, el agua de los arroyos. Fué el maestro Zhao quien, trascurrido un tiempo, rompió el silencio, echando de menos que Huang aún no hubiese iniciado sus preguntas.


- Qué extraño que aún no me hayas preguntado nada.
- Sentía la primavera, maestro, y no quería romper su melodía. Pero, como siempre, me muero de ganas de preguntar. A veces dudo si este afán mío de preguntar y saber no estará impulsado por mi ego.
- ¿Y  qué mal da ? ¡ Bendito ego !
- ¿No es malo dejarse llevar por el ego ?
- No, ni mucho menos. Ningún coche anda sin motor. El ego es el motor de toda actividad. Sin el ego, todo se paralizaría. Los grandes logros de la Humanidad los debemos al ego de los hombres. Aunque te parezca extraño y contradictorio, las grandes obras de altruismo están cimentadas en el egoísmo. Un magnífico egoísmo, si quieres, pero egoísmo. 
- El llamado "egoísmo sano". Contra ese no creo que haya que luchar.
- Me cuesta trabajo distinguir entre egoísmo sano o bueno y egoísmo malo. No hay  un egoísmo malo. El egoísmo tiene un límite que no se debe sobrepasar: el daño a otros. Pero ese es un límite que hay que aplicar a todo comportamiento, incluido el altruismo. Nuestras acciones altruistas también pueden dañar; y dañan cuando humillan, cuando menosprecian, cuando provocan sentimiento de envidia. Y en cuanto a luchar contra el egoísmo, no lo recomiendo. Pienso que luchar contra el egoísmo es un error nacido a la sombra de la dualidad. Personalmente no me gusta hablar del ego-malo enfrentado al yo-bueno. Ya sabes que no me van los dualismos. No me gusta distinguir. Somos una unidad de ser, con todas nuestras debilidades integradas en lo que somos. Eso nos define. Que hay sombras, ¡ pues claro !, y forman parte de la luz. En cualquiera de los casos, no me van las disquisiciones filosóficas ni los juegos de conceptos que acaban vaciando el contenido. Los mayores nos podemos permitir el lujo de "pasar"- como decís vosotros- de la palabrería. Llega un momento en que  sólo cuenta lo que sentimos y cómo lo sentimos.
- Desde lo que siente, dígame, Laoshi, ¿ hay que evitar actuar guiado por el ego?
- Yo, cuando soy altruista, una de dos: o estoy actuando desde mi egoísmo, un egoismo sublime si quieres, ese que produce la gran satisfacción de ser capaz de trascender los propios intereses y actuar proyectando la acción más allá de mi mismo, o bien estoy actuando sin enterarme que lo soy, desde la expontaneidad y el sentimiento compasivo, el amor. Por ejemplo: si me elogias por lo bien que he dado una clase de Chi kung, o si me agradeces la oportunidad que te brindo generosamente de aprender Tai Chi con la debida armonía, es posible que tus palabras me produzcan satisfacción, una magnífica satisfacción de la que debo disfrutar. Y ¿ qué pasa? ¿que el disfrute de esta satisfacción resta pureza a mi acción ? Bienvenida sea esa impureza de mi acción que me permite disfrutar "egoístamente" de lo que hago y emprender más acciones "egoístas". Hago lo que hago, porque he de hacerlo, porque me nace de dentro de forma imparable, y no me detengo a pensar si es mi "ego" o mi "yo" quien me impulsa. Es Zhao quien actúa, esta unidad ego-yo que soy.
- Eso me recuerda a una amiga que dice, con mucha gracia: "si hay que tener ego, lo prefiero gordo y lustroso, mejor que flacucho y esmirriao". 
- Estoy de acuerdo con tu sabia amiga. El ego es nuestro, somos ego, afortunadamente; no sólo ego, por supuesto, pero es una parte de nuestro ser siempre presente. He conocido a personas que, luchando contra su ego y quizás persiguiendo la quimera de una sencillez soñada, llegaron a ser auténticas piltrafas humanas. Es muy importante la autoestima, no la pierdas jamás. No permitas que nadie te la hiera, es el daño mayor que te pueden hacer, y que podemos hacer. Es cierto que no debemos dedicarnos a engordar nuestro ego, sin medida, hasta sobrepasar el límite de que te hablaba antes, dañar a otros, por supuesto que no. Pero tu y yo, todos, desde siempre, desde niños, desde que podemos recordar, hemos buscado, con todas nuestras acciones, ser felices; incluso cuando hemos perseguido la felicidad para otros, sabíamos que seguíamos el camino hacia la nuestra. Se lo debemos a eso que llaman egoísmo. Yo ya llevo contabilizados setenta y siete años trabajando por mi felicidad y la de los míos, y confío en que mi ego no me abandone en los años restantes, que espero sean muchos.
- Sí, de acuerdo, pero parece que lo más noble,  lo más perfecto, sería anteponer el bien ajeno al bien propio, el altruismo al egoísmo.
- ¿Quién establece ese grado de nobleza o perfección de nuestras acciones ?
- Bueno, es el mensaje de las religiones.
- Efectivamente. Las religiones han creado una imagen de dios "todo perfección", al que debemos parecernos, y han trazado un programa moral de comportamiento, con metas muy altas. El ser humano, creado por ese dios a su imagen y semejanza, es decir, perfecto, se ha desviado del buen camino de la perfección, culpablemente o pecaminosamente, y debe volver al redil, superando sus imperfecciones, luchando contra su egoísmo o venciendo  su karma, para salvarse o para escapar a la rueda del samsara.  El Cristianismo, por ejemplo, religión que cuenta con mi respeto y consideración, como todas, aunque yo no siga ninguna, presenta un dios que da la vida por los demás, en un acto sublime de altruismo, llamando a su imitación. Por lo que yo conozco, los católicos resaltan el hecho de morir por los demás, colocándolo por encima del resto del mensaje y creo que valorando la muerte más que la resurrección incluso. Es como si la muerte por amor fuese el objetivo, más que la acción social que puede llevarte a ella. Dicho así parece un disparate, pero algo de eso hay. Te pongo un ejemplo:  alguien cae al río  Huangpu y quien lo salva sube satisfecho y recibe el aplauso y el reconocimiento de su acción; o bien, alguien cae al río y quien lo salva se ahoga. ¿Qué acción  es más valiosa?  Para mi, la primera, sin lugar a dudas, por ser la acción perfecta. Si Jesús el Cristo no hubiera muerto, podría haber seguido la exposición de su magnífica doctrina, durante toda su vida, lo que, a mi entender, hubiese sido preferible. No me hagas mucho caso, si te parece disparatada mi opinión.
Con esto quiero decirte, mi querido Huang, que son las religiones quienes han editado las tablas de las cosas que son buenas y  las que son malas, han creado las virtudes y los pecados. Han dividido al hombre en dos partes: el alma "noble y buena" y el cuerpo  " pecaminoso y malo", el espíritu "fuerte" y la carne "debil". El ego asociado al cuerpo, el yo al alma. Esta nefasta dualidad, a  mi modesto entender, es errónea y dañina. Esa forma de pensar y concebir la vida y al ser humano,  está muy desarrollada en Occidente, por la influencia del Cristianismo y la filosofía de Aristóteles y Descartes, pero también ha influenciado a la filosofía oriental, aunque menos. Afortunadamente ya hemos superado ese paradigma o  estamos en vías de superarlo.
- El nuevo paradigma es la unidad de los contrarios, pero ¿cómo integro egoísmo y altruismo?
- ¿Recuerdas el cuento de  la sombra de Palmera y la Higuera? Te  recuerdo la parte final, cuando los jóvenes derviches, discutiendo sobre la bondad de estos árboles, preguntan a su maestro:

-Maestro,  díganos qué árbol prefiere, la palmera o la higuera?
-Hay una cualidad, que tienen todos los árboles y que es la más apreciada por los hombres del desierto,  que no habéis nombrado: su sombra.  Vuestros árboles  dan  sombras muy diferentes. La sombra de la palmera es muy bella y muy apreciada en los oasis, aunque,  cuando el viento sopla  fuerte, se hace inestable. La palmera proyecta la sombra lejos de su tronco, no se protege  a sí misma, como en un alarde de generosidad. La higuera, por el contrario,  proyecta una sombra tupida, abundante y sólida.  La higuera, con su sombra acogedora,  cubre al peregrino y, lo más importante, se protege a si misma  a un tiempo.
Mis queridos discípulos:  imitad  la generosidad   de la palmera, al tiempo que aprendéis de la higuera a proyectar la sombra de la sabiduría sobre vosotros mismos, para poder acoger, en su día,  a los demás en vuestras enseñanzas."  

- Así, mi querido Huang, deseo que estas enseñanzas que comparto contigo, desde mi más noble egoísmo, te ayuden a encontrar la forma de ser higuera, para que tu tronco, protegido del rigor del calor, comparta esa sombra generosa con los demás, egoísta o altruístamente, qué más da.
- Gracias una vez más, Laoshi. 

J L


(Ver cuento completo: La Sombra de la Sabiduría)
Ver más sobre este tema: Cómo practicar el egoísmo sano




3 comentarios:

  1. ¡Ja,ja,ja! ¡Con "discípulos" así da gusto juntarse para comer, reir y hablar de ciertas cosas que nos aportan un CHI tan sano como agradable... ¿En dónde está escrito eso de que no podamos potenciar nuestra personalidad? Ya desde las 7:30 de la mañana he visto que "aquel Maestro" no echó en saco roto lo que oyó de aquella atrevida comensal que estaba sentada a su lado! ¡Enhorabuena por todas las Entradas de este Blog, Maestro!

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  2. Todos somos maestros, cuando compartimos espontáneamente lo que "sabemos". Todos somos discípulos, cuando dejamos llenar nuestra taza VACÍA de la "sabiduría" de otros. Gracias, sabia amiga.

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  3. Pues ¡amén! Y gracias -más por lo de amiga, que por lo de sabia: no quiero responsabilidades, que luego resulta que no es oro todo lo que reluce. Un abrazo.

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