Meditación TaoÍsta


Los métodos de meditación taoístas tienen muchos puntos en común con los sistemas hindú y budista, pero la modalidad taoísta es menos abstracta y mucho más práctica que las de las tradiciones contemplativas que evolucionaron en la India. Las principales características de la meditación taoísta son la generación, la transformación y la circulación de la energía interna. Una vez “conseguida la energía” (deh-chi), ésta se puede aplicar a fomentar la salud y la longevidad, a nutrir el “embrión espiritual” de la inmortalidad, a las artes marciales, a la curación, a la pintura y la poesía, a las satisfacciones sexuales o a lo que el adepto o adepta desee hacer con ella. El Tao no hace juicios morales: lo que el adepto o adepta haga con sus recién adquiridos poderes siempre determina su destino futuro por la ley universal de causa y efecto o “karma”, concepto budista integrado en la corriente principal del pensamiento taoísta por la escuela de la Realidad Completa.


Las dos principales directrices para la meditación taoísta son jing (silencio, quietud, serenidad) y ding (concentración). La finalidad de la quietud, tanto física como mental, es volver la atención hacia dentro y cortar la entrada a los estímulos sensoriales exteriores, imponiendo silencio a los Cinco Ladrones. En esa callada quietud uno concentra la mente y centra la atención, normalmente en la respiración, para generar lo que se llama “conciencia de un punto o unidireccional”, estado mental totalmente concentrado, tranquilo e indiferente que permite que surjan de forma espontánea las percepciones intuitivas.


Cuando comience a practicar la meditación, comprobará que su mente no colabora en absoluto. Se trata del ego o “mente emocional” que se defiende para no ser extinguido por las fuerzas superiores de la conciencia espiritual. Lo último que desean el ego y las emociones es ser controlados: se deleitan en el circo cotidiano de las diversiones sensoriales y la algarabía emocional, aun cuando ese juego merma la energía, degenera el cuerpo y agota el espíritu. Cuando sorprende a su mente llevada por la fantasía o distrayendo la atención de la alquimia interna hacia los fenómenos exteriores, puede aplicar seis maneras diferentes para “atrapar al mono”, imponer la voluntad sobre la emoción, clarificar la mente y restablecer el foco interno de conciencia en un único punto.


1.-Vuelva la atención a la entrada y salida del aire por las ventanas de la nariz, o a la energía que entra y sale por un punto vital, por ejemplo, el situado entre las cejas

2.-Centre la atención en la elevación y descenso del ombligo, la expansión y contracción del abdomen al inspirar y espirar.

3.-Con los ojos entrecerrados, centre la vista en la llama de una vela o en un mandala (dibujo geométrico de meditación). Concéntrese en el centro de la llama o dibujo, pero también abarque los bordes con la visión periférica. La concentración necesaria para hacer esto suele desalojar todas las demás distracciones de la mente.

4.-Haga unos minutos de mantras, las “sílabas sagradas” que armonizan la energía y centran la mente. Aunque normalmente los mantras se asocian con las prácticas hindú y budista tibetana, los taoístas también los han empleado durante muchos milenios. Las tres sílabas más eficaces son "Om  Ah  Hum".  “Om”, que estabiliza el cuerpo, “Ah”, que armoniza la energía, y “Hum”, que concentra el espíritu. “Om” vibra entre las cejas, “Ah” en la garganta y “Hum” en el corazón; sus colores asociados son respectivamente el blanco, el rojo y el azul. Entone las sílabas en un tono profundo y bajo y haga una larga y completa espiración para cada una. Otros mantras, como om mani padme hum, por ejemplo, son igualmente eficaces.

5.-Haga el ejercicio “Vibraciones sobre el Tambor Celeste”,(ver) como técnica para enfriar y recoger la energía. Las vibraciones tienden a alejar los pensamientos discursivos y las distracciones sensoriales de la mente.

6.-Imagínese alguna deidad o símbolo sagrado que tenga significado para usted. Visualícela brillando sobre la coronilla de su cabeza o suspendida delante de usted. Cuando la mente ya se haya serenado, deje desvanecerse la visión y vuelva a concentrarse en la técnica de meditación que estaba practicando.

Como todas las prácticas taoístas, la meditación actúa sobre los planos de los Tres Tesoros: esencia (cuerpo), energía (aliento) y espíritu (mente). El primer paso es adoptar una postura cómoda para el cuerpo, equilibrar uniformemente el peso, enderezar la columna y prestar atención a las sensaciones como calor, frío, hormigueos, temblores o cualquier otra que surja. Cuando sienta que su cuerpo está cómodo y equilibrado, dirija la atención al segundo plano, que es el aliento y la energía. Puede centrar la atención en la propia respiración, en cómo entra y sale el aire por las ventanillas de la nariz, o en la energía que entra y sale por algún punto determinado al mismo tiempo que el aliento. El tercer plano es el espíritu: cuando está regulada la respiración y la energía circula sin obstáculos por los canales, centre la atención en los pensamientos y sentimientos que se forman y se disuelven en su mente, en la conciencia que se expande y se contrae al unísono con la respiración, en las intuiciones e inspiraciones que surgen espontáneamente, en las visiones e imágenes que aparecen y desaparecen. Finalmente, y como recompensa, quizás llegue a tener intuiciones relámpago de percepciones acerca de la naturaleza última de la mente: abierta y vacía como el espacio; clara y luminosa como un cielo despejado al amanecer, infinita y libre. 


Fuente y artículo completo enAngelfire




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