Vivir el presente, con ilusión.



Cuando enfatizamos el momento presente, no debemos menoscabar la esperanza en otras dimensiones, ni  negar la existencia de otros grados de evolución,  o anular el sentido de la vida tal como la conocemos, reduciéndola a una simple experiencia de presente, sin más.

Tanto los recuerdos del pasado, como las proyecciones que hacemos hacia el futuro,  aunque son pura ilusión de la mente, son necesarias para movernos en esta dimensión y están íntimamente ligadas a la creación de nuestro presente. Nada de lo que creamos con nuestra mente deja de tener sentido. Y aunque todo sea una ilusión de la propia mente a través de los sentidos, está  lleno de significado y de aprendizaje .

Vivimos dentro de la chistera del conejo, donde todo es pura magia.  Aunque afuera no hay ningún mago esperándonos (porque nosotros somos el mago),  no por eso tenemos que caer en el nihilismo.  La comprensión de la idea de vacío o nada  no es que no hay que hacer nada o que no merece la pena hacer nada, sino que esa nada es precisamente todo. 

Es importante buscar, indagar y crecer, como seres que somos,  y no por eso se va a engordar nuestro ego, todo lo contrario. Precisamente esa búsqueda de lo sagrado y espiritual que llevamos dentro es lo que doma a nuestro ego.

Se puede apreciar y vivir el presente, en el canto de un pájaro, en el despertar una flor,  en  el zumbido de un radiador, etc..., pero eso no es todo. Si así fuese,  nos pareceríamos a la mula que siempre degusta  el mismo tipo de pienso y que con sus antojeras  solo ve una parte de la realidad que la circunda.

No seamos ilusos, pero no nos dejemos empobrecer por el pesimismo, por la visión sesgada de la vida y, mucho menos, por las voces pesimistas de quienes no ven más que oscuridad. No nos vaya a ocurrir como a las ranas pesimistas del cuento   "LA RANA. La fuerza de la palabra"(ver en este Blog). Las  que pensaban que todo era inútil, que no merecía la pena intentanrlo, siguiendo las voces de los agoreros, no saltaron, redujeron su horizonte a las paredes del agujero y haciendo caso omiso a la última llamada a la vida, el  hambre, se dejaron morir. La que saltó,  guiada por su ilusión de un futuro posible  y con oídos sordos a las voces pesimistas, consiguió salir a un mundo infinito y maravilloso.

 Ignacio

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