MEDITACION


En general se entiende mal la práctica de la meditación. Ello es porque no se puede aprender, sino realizar; y la materia prima de la meditación somos nosotros mismos.
Nada tiene que ver con las mil formas y métodos de relajación, ni con la concentración en algún objeto, pensamiento situación o deseo. Menos aún con el desarrollo de visualizaciones.

Quizás el motivo de su no entendimiento y de su escasa práctica sea su extremada simpleza y sencillez.

Pero es tan natural como la caída de una hoja, imprevisible en su trayectoria y en sus movimientos, ajena a cualquier clase de control y previsión. Esquiva a la mirada de cualquier testigo, corta el aliento y atraviesa el Universo entero en todas sus dimensiones.
¡La meditación sucede!.

Sentados, en la quietud de una postura viva no escayolada. Siendo uno con la respiración profunda e intima del Universo a través de este cuerpo físico y manteniendo, sin forzamientos de ninguna clase, una atención alerta sobre todo aquello que se manifiesta, no nos dejamos arrastrar por el desarrollo de ningún fenómeno, ya sea físico, mental o emocional. En una actitud de espera sin esperar nada, vamos dejando que surja ese espacio vacío, pleno de transparencia, calma y quietud cuando se disipan los remolinos de pensamientos y emociones, al abandonar toda identificación con tantas y tantas proyecciones.

Solo este espacio primordial, vacío, único y atemporal, surte lo creativo, lo nuevo, lo que no es continuación, ni variación, ni desarrollo de lo antiguo, ni de lo viejo que nos limita a un espacio repleto y categorizado que nos atrapa en su propia dimensión; una dimensión de energías cuyo patrón de funcionamiento es la permanente confrontación mediante relaciones de poder y dominio.

En la calma y quietud de ese "vacío" aparece la "luz del Buda" y allí todas las dimensiones "una" de la creación.

Esta es la meditación de Zazén, el arte de la sencillez y simplicidad de ser aquí y ahora, sin adormecimientos ni desasosiegos, dejando que la existencia fluya sin ansiedades.
A solas con uno mismo, sea lo que sea que se manifieste, el espejo solo refleja lo que tiene delante. El "Buda" se desnuda de todas las artimañas, se caen todos los velos.

Zazén es un mundo en el que se abandonan todas las apetencias y apegos. Todas las clases y formas de búsqueda. Desaparecen las ilusiones de perdidas y ganancias, viejas energías que se vacían de su poder en el propio fluir sin resistencia.
Incluso se desborda "la práctica", más allá de la búsqueda de cualquier iluminación. Uno simplemente se sienta y deja que se desmorone la escayola que trata de moldearnos, dejando ir hasta el último átomo de cualquier actitud mezquina, camuflada aún en el más recóndito refugio de un ilusorio poder personal.

Este es el "vacío" creador. El Zazén que "no vale para nada", sin espíritu de provecho alguno.
Esta es la meditación que "no vale para nada".
¡Realiza la meditación que "no vale para nada"! Sin ansiedad porque se produzca, sin pasividad, sino fluyendo.

¡Guía con amabilidad y compasión esta realización que no es tuya!
Pon esta práctica en tu agenda y deja que surja. Quizás sea al caer las hojas de este otoño, o con la próxima luna nueva, o tal vez un frío día de invierno, cuando asomen las flores del ciruelo anunciando con su belleza la oportunidad de acceder a ese algo que, estando en ti, está más allá de ti mismo : "El Buda".


Y aunque las olas las levante el capricho del viento y las aguas se tornen procelosas ante la magnitud de la tempestad, será "esta nueva marea" que llega, cíclica e incontenible por cualquier dique, la que señale hasta donde llegará el nivel del agua en el cuenco de la existencia que sostiene la mano del Buda.

¡Fluye con la marea, no te pelees contra el viento acrecentando viejas olas!


"La Luna reflejada
En la mente clara
Aún las olas, rompiéndose
Reflejan su luz"


Juan Antonio Lorenzo en  Bodhisattva

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