La Sombra de la Sabiduría. Cuento Sufí


 LA PALMERA Y LA HIGUERA

En una tariqa sufí dialogaban  dos jóvenes derviches sobre las cualidades y  excelencia de los árboles. Comparaban la palmera con la higuera, sin ponerse de acuerdo sobre cuál de las dos era superior.

- Prefiero la palmera, sin duda alguna. Su fruto es  el alimento básico de los pueblos del desierto. Si tienes dátiles, puedes subsistir. Y, además, está su belleza,  su   esbelta elegancia, la suave caída de sus palmas abiertas al cielo, en abrazo receptivo de la energía cósmica, y  su bello cimbreo al viento...

- La higuera es de gran belleza, aunque no haya sido objeto de tantos poemas, como la palmera,. Me gusta su sencillez, su saber estar, junto al camino, ofreciendo generosamente  su fruto al caminate. Sus raíces se encargan de encontrar el agua donde esté, aun recorriendo grandes distancias. Da dos frutos diferentes, aunque similares: las brevas del comienzo de verano y, más adelante, los higos. Son postres exquisitos, dulces  y refrescantes, preñados de  nutrientes y vitaminas. Sabemos que los higos secos, conservados cuidadosamente, pueden ser sustento único, al igual que los dátiles, para el hombre del desierto. El arrope elaborado con higos secos es la más deliciosa bebida que he tomado jamás..

Así, cantando las virtudes  de su árbol preferido, se encontraban aquellos jóvenes derviches, cuando acertó a pasar por allí el maestro de la  tariqaque se quedó escuchando el canto a las cualidades de la higuera y la palmera, reflejando, en su rostro curtido por el sol y el tiempo, una gran serenidad.

- Maestro, danos tu opinión.

- Los árboles, como las personas, tienen sus cualidades y sus limitaciones. Podemos tener nuestras preferencias y hacer una valoración de sus virtudes, como estáis haciendo.  Creo que  no les afecta. No los imagino entrando en  el ciclo humano de la competitividad. Son lo que son, y les basta con ser. Viven  su crecimiento,  su madurez y su muerte transformadora,  sin  el tiempo.  Sintonizan con el día y con la noche,  con el sol y con la luna, con el viento, con las estaciones del año, con los animales y con los humanos, a quienes sirven su fruto. Viven su ser, siendo.  ¡ Cuántas cosas para aprender de los árboles!


-Es cierto, maestro, pero díganos qué árbol prefiere, la palmera o la higuera?

-He seguido vuestra conversación. Hay una cualidad, que tienen todos los árboles y que es la más apreciada por los hombres del desierto,  que no habéis nombrado: su sombra.  Vuestros árboles  dan  sombras muy diferentes. La sombra de la palmera es muy bella y muy apreciada en los oasis, aunque,  cuando el viento sopla  fuerte, se hace inestable. La palmera proyecta la sombra lejos de su tronco, no se protege  a sí misma, como en un alarde de generosidad. La higuera, por el contrario,  proyecta una sombra tupida, abundante y sólida.  La higuera, con su sombra acogedora,  cubre al peregrino y se protege a si misma , a un tiempo.

Mis queridos discípulos:  imitad  la generosidad   de la palmera, al tiempo que aprendéis de la higuera a proyectar la sombra de la sabiduría sobre vosotros mismos, para poder acoger, en su día,  a los demás en vuestras enseñanzas.










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