Llega la Primavera.

 


Llega el final de aquella tarde otoñal introvertida, a la que siguió la fría noche invernal, esperando la mañana. 

Explota la vida contenida y se abre a la sinfonía que nos trae la Primavera.

Las semillas rompen su envoltura y abren la tierra, en busca de la luz: es hora de nacer.

Las flores abren sus ojos admirados y estrenan la mañana. 
 
El viento del este trae la luz que pone los colores.

Es la energía imparable, el hálito de vida que llama a despertar.

Conectados a la Madre Tierra, desde un vibrar sonoro, envuelto en múltiples colores luminosos, vivimos un nuevo nacimiento, cada año, como una nueva etapa de nuestro resurgir, desde aquellas cenizas del ser que fuimos, al nuevo horizonte expandido de nuestro ser consciente.

La vida existe. La vida llama. La vida se asoma, en forma de sonrisa, a nuestros ojos. La vida vive.

Detenido el tiempo y plegadas las ondas del espacio, unidas todas las primaveras en una, y nuestro amor de ayer, de hoy y de mañana, en uno solo, asistimos al cálido espectáculo de la vida, en la vida, sin fin y sin comienzo.

Amando, a la luz, sin posibles sombras, de una fuerza imparable que canta su verde sinfonía, nos llega la llamada a nacer, para otra forma distinta de vivir, de ser, de sentir, desde lo más profundo, atendiendo a una  invitación de nuestra Madre Tierra.

Es el ser que se abre a una nueva dimensión de la consciencia.

Es un renacer de mi esencia, sin limites posibles.

Es mi ser de luz, asomado al balcón de mi existencia.

Es la luz fundida con las sombras, en abrazo inseparable, definitivo, y cierto.

Es la alegría de ser y de vivir que quiere quedarse gravada en mi sonrisa para siempre.


Es que, hoy, vivo y siento que soy la Primavera.









(La inserción, en esta página, del cuadro  Llega la Primavera ha sido autorizada por su autora, y seguidora de este Blog, Helena Legaz Torregrosa)



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