AMOR INCONDICIONAL


El amor es incondicional, o no es amor. Amar con condiciones dicta mucho de ser amor: llamémosle otra cosa. El amor incondicional se ha de sentir, se ha de vivir, se ha de aprender. Y a amar sólo se aprende amando. O aprendemos a ejercer el amor, en su modalidad de incondicional, entre nosotros, con mi pareja, con mis amigos, con mis hijos, con mis padres, con mis hermanos, con mi perro, con mis plantas, con mis árboles del parque..., o podemos despedirnos de ejercerlo más allá.

El amor nace de dentro, o no existe. Y cuando el amor nace, se desborda, se expande, se derrama hacia quienes te rodean, de forma infrenable. 



El amor incondicional es el que proyectamos hacia alguien, con independencia de cómo sea, de lo que haga o de lo que diga, más: aún sin ser correspondido. Amor  unidireccional, de un solo sentido, sin retorno.


Si nuestra relación de pareja es pasional o egoísta, es decir, sin llegar al amor, se convertirá en una relación infernal, con la separación matrimonial al fondo.
Si nuestra relación amistosa carece de amor, por estar condicionada a recibir algo, será de corto alcance.
Si nuestra relación paternal no está basada en el amor, sino que esta condicionada a la recepción de cualquier tipo de recompensa, social, moral o afectiva, caeremos, con la distancia y el tiempo, en el lamentable olvido de nuestros hijos.
Si nuestras relaciones con otros familiares sólo se basan en la costumbre, en la inercia, en la rutina, seremos buenos hermanos, tíos, primos o sobrinos, mientras estemos lejos y vayamos de visita, y hasta que llegue el reparto de una herencia.

El amor de pareja tiene que ser incondicional, por difícil que parezca, o no será. Hay que aspirar a amar sin poner condiciones, sin pretender cambiar al otro, sabiendo cómo es y aceptándolo. Al estilo del relato de la entrada del blog titulada “Bailando con Lluvia”: “ella no sabe quien soy yo, pero yo si se quien es ella”. La pasión no ha de enturbiar el amor incondicional, sino al contrario: se ha de integrar en él, potenciándolo.

¿No es el amor incondicional el que debe presidir la amistad?.¡Practiquemos la amistad, sin condiciones!. ¿No ha de aspirar un padre y un hijo amarse sin condiciones, sin esperar nada a cambio, y, más aún, recibiendo, posiblemente,  ingratitudes y despechos, como contrapartida ?

Nuestra lucha, nuestro quehacer de cada día, será poner los medios para erradicar de nosotros las memorias o experiencia negativas que, agazapadas en nuestro subconsciente, impregnan de egoísmo nuestro comportamiento. Habrá que hacer el cambio y encauzar nuestros sentimientos. Tendremos que tomar consciencia de nuestro ser de luz y de amor, y facilitarle los medios para que tome las riendas de nuestra vida, haciendo que nuestro comportamiento esté, cada día, más cerca del amor (incondicional, por supuesto) y más lejos del egoísmo. Quienes puedan y quieran ayudarnos a crecer en el amor, lo habrán de hacer desde dentro de nosotros mismos: elevando nuestra frecuencia vibracional, posiblemente, con música, con cantos, con poesía, con colores, con magnetismo, tal vez, y, sobre todo, con mucho Amor.

                                                                                                         

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